14 de diciembre de 2015 / 20:36 / hace 2 años

Fanya, la bolsa de metales de China en el centro de un escándalo de inversión

KUNMING, China (Reuters) - El edificio sencillo de cuatro pisos de la bolsa de Fanya, en la ciudad de Kunming en el sur de China, está lleno de investigadores que tratan de entender cómo un oscuro negocio de comercio de metales se convirtió en una de las instituciones de inversión más audaces de China.

Escondido detrás de un centro comercial de lujo, la Bolsa de Fanya fue fundada en el 2011 con el objetivo de dar a China un mayor control global de la oferta y el precio de 14 metales estratégicos y raros. También ofreció un producto de inversión que prometía rendimientos anuales de hasta un 13,68 por ciento y la flexibilidad para depositar y retirar dinero a voluntad.

Casi parecía demasiado bueno para ser verdad. Y lo era.

En julio, cientos de ciudadanos se congregaron frente al edificio exigiendo saber qué había sido de más de 40.000 millones de yuanes (6.600 millones de dólares) que habían invertido en un producto respaldado por Fanya conocido como “Rijinbao” o “Joya de Oro del día”. Cinco meses más tarde, aún esperan respuestas.

Investigadores del Gobierno y auditores independientes están intentando hacer frente a otro producto de gestión de riqueza (WMP, por su sigla en inglés) que salió mal en China, y que el propio Gobierno había promovido.

Los temores están aumentando por los riesgos subyacentes para el sistema financiero de China de la industria de WMP de 2,6 billones de dólares y los retos que supone para los reguladores chinos.

Muchos de estos productos se venden en grandes cantidades de mercados controlados por privados, que han sido objeto de un creciente escrutinio por parte del regulador estatal de valores, preocupado de que la conducta ilegal esté poniendo miles de millones de yuanes en riesgo.

El escándalo también pone de relieve los riesgos políticos y sociales para el gobernante Partido Comunista en momentos en que una creciente masa de inversores minoristas chinos, con oportunidades limitadas de inversión, se enfurecen por la desaparición de los ahorros de su vida en planes que pensaban que el Gobierno había aprobado como seguros.

“Creemos que los reguladores chinos tienden a estar un poco rezagados”, dijo Zhou Hao, economista de mercados emergentes de Commerzbank en Singapur. “Lo hemos visto con las acciones, en las divisas y en los mercados de futuros. Es un poco como el policía persiguiendo al ladrón”, explicó.

“No es que no quieran hacerlo bien, pero el mercado se desarrolla muy rápidamente y parte del problema es que hay muchos reguladores diferentes y un montón de vacíos entre ellos”, agregó.

A medida que el escándalo de Fanya se desarrollaba, un grupo de inversores buscó al presidente de la Bolsa, Shan Jiuliang, y lo llevó por la fuerza a una estación de policía. Otros grupos de inversores han realizado protestas ante agencias del Gobierno en Pekín y Shanghái.

Guardias de seguridad impidieron el acceso de Reuters al edificio de la bolsa de Fanya. Pero en una entrevista fuera del recinto, un administrador de Fanya que se identificó sólo por su apellido Liao dijo que se espera que las investigaciones en curso concluyan en el plazo de dos meses.

“Pedimos que los inversores tengan paciencia”, dijo.

En una señal de que Pekín finalmente se ha dado por enterado, el gobierno de la ciudad de Kunming ha dicho que está investigando una conducta ilegal en la bolsa y que se había creado un equipo para “limpiar y rectificar”. Las autoridades se han comprometido a tomar medidas si se descubre alguna actividad ilegal.

Se nombró a un nuevo jefe del Partido Comunista de Kunming y el vice alcalde fue destituido en octubre por cargos de corrupción. Aún así, después de esperar tantos meses por medidas, los inversores son escépticos sobre recuperar su dinero.

“Si el Gobierno hubiera tomado sólo el 10 por ciento de la energía que usó para detenernos y la hubiera empleado en tratar de lidiar con el presidente de la bolsa, Shan Jiuliang, entonces la situación de Fanya se habría resuelto de inmediato”, dijo un inversor de Shanghái, que se identificó como Wang.

La bolsa y el Gobierno de Kunming no quisieron hacer comentarios.

Los inversores dijeron que el esquema de “Rijinbao” fue anunciado por la televisión estatal y que la bolsa de Fanya se presentaba como respaldada y regulada por el Gobierno.

Sin embargo, los analistas dicen que los inversores chinos a menudo asumen que los bancos y el Gobierno van a cubrir las pérdidas, por lo que no leen la letra pequeña. Fanya garantizaba el producto, que estaba basado en el aumento de precios de los metales y los intereses devengados sobre transacciones financieras.

METALES RAROS

La Bolsa de Metales de Fanya se inauguró poco después de que China, el productor dominante de metales raros, impuso cuotas a la producción y exportación, en un intento de apoyar los precios y atraer consumidores.

Fanya estuvo muy dispuesta ofrecer ayuda, argumentando que quería aumentar el valor de toda la cadena industrial de los metales industriales menores. Acumuló existencias y ofreció negocios en 14 productos, convirtiéndose rápidamente en el mayor mercado de metales raros del mundo. A estos se les considera metales menores porque son subproductos de la extracción en grandes cantidades de minerales como el cobre o el zinc.

Los precios de los metales transados en la bolsa subieron con fuerza y fueron perdiendo relación con los valores internacionales.

El precio del metal más transado, el indio, más que se duplicó entre 2012 y 2015 a 1.200 dólares por kilo. La escalada siguió tras el fin de 2014 pese a la brusca baja de los precios internacionales.

La diferencia de precios alejó de China a operadores preocupados de tener que usar la bolsa. Ahora el temor es qué pasará con los inventarios de metal acumulado.

“No está claro cómo se liquidará todo eso, o qué harán Pekín y el Gobierno local”, dijo David Abraham, director del centro de Tecnología y Materiales Raros y Electrónicos. “Los riesgos son enormes”, agregó.

Reporte de David Stanway; Editado en español por Carlos Aliaga/Javier López de Lérida

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