8 de julio de 2015 / 14:11 / hace 2 años

Grecia y China exponen límites de doctrina del "cueste lo que cueste"

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Un billete de 100 euros sobre un billete de 100 yuanes, en esta ilustración fotográfica tomada en Beijing, 7 de noviembre de 2010. Para un mundo tan confiado en que los bancos centrales pueden resolver casi todos los problemas económicos, los dramas que están viviendo Grecia y China dan que pensar.Petar Kujundzic

(Reuters) - Para un mundo tan confiado en que los bancos centrales pueden resolver casi todos los problemas económicos, los dramas que están viviendo Grecia y China dan que pensar.

"Cueste lo que cueste", la frase con la que Mario Draghi garantizó en 2012 que el Banco Central Europeo haría lo necesario para salvar al euro, es la que mejor captura el todopoderoso y autoconsciente activismo de los bancos centrales, que ha mimado a los mercados mundiales desde el colapso bancario y del crédito hace ocho años.

De Estados Unidos a Europa y Asia, los mercados financieros fueron intimidados, calmados después y consentidos luego por el poder sin límites de los bancos centrales para imprimir dinero nuevo en un intento de evitar choques sistémicos y la deflación.

No obstante, aunque se crea que los bancos centrales harán lo que sea necesario -para salvar el euro, frenar la recesión, crear empleos, impulsar la inflación, animar a las bolsas, etc-, eso no significa necesariamente que vaya a funcionar siempre.

El mismo Draghi pidió tener fe en esa frase hace tres años, cuando agregó: "Créanme, será suficiente".

Dado el curso de los hechos en Atenas, acertó al preceder su cita con la precisión "dentro de nuestro mandato...".

Así que la perspectiva de que el BCE pueda presidir -algunos dicen precipitar- la primera salida de un país de una unión monetaria supuestamente irrompible obligará a todos los bancos centrales a repensar los límites de las palabras de Draghi.

Por supuesto, el BCE no quiere sacar a Grecia del euro. Pero el "cueste lo que cueste" podría no ser suficiente para preservar la integridad del bloque de 19 naciones si su mandato le impide enviar fondos de emergencia sin fin a las insolventes entidades griegas.

Y mientras Grecia siga enfrentada a sus acreedores, el banco central no puede usar la varita mágica del apoyo monetario sin romper sus propias reglas.

El BCE insiste en que hará lo posible para evitar el contagio a otros mercados de la zona euro y hay pocas dudas de que eso lo hará bien.

Pero los problemas que generaría una salida de Grecia no serían de carácter financiero, sino un contagio político a otros electorados europeos cansados de la austeridad.

Y ese tipo de contagio está más allá del control del BCE.

Por Todo El Planeta

En la otra punta del planeta se está viviendo otra prueba de la determinación y efectividad de un banco central.

La otrora alucinante capacidad del Banco Popular de China (BPC) de microgestionar la segunda mayor economía del mundo y uno de los mayores mercados bursátiles a nivel global está siendo puesta duramente a prueba.

Tras ayudar a duplicar como una burbuja el valor de las acciones en Shanghái con dinero fácil durante el último año, el BPC, junto a los reguladores gubernamentales, está intentando controlar ahora de forma desesperada una implosión repentina que ha borrado el 30 por ciento y 3 billones de dólares a los valores en solo tres semanas.

Lo más preocupante es que, tras bajar las tasas de interés y los requisitos sobre reservas bancarias a fines de junio, e inyectar liquidez el pasado fin de semana a una compañía financiera respaldada por el estado, el BPC apenas logró una respuesta del mercado.

Como el 85 por ciento de las operaciones con acciones en China es realizada por pequeños inversores minoristas, las consecuencias económicas en la confianza del consumidor podrían ser importantes para una economía que se desacelera por debajo del 7 por ciento por primera vez desde la crisis financiera.

Así, la pérdida de control del BPC, aunque temporal, presenta dudas sobre la omnipotencia de los bancos centrales.

"Si el BPC no apoya a sus bolsas, será el primer banco central grande que fracasa en su intento de influir en un mercado de activos determinado", dijo Stephen Jen, del fondo de cobertura SLJ Macro Partners.

"Los inversores podrían preguntarse si los bancos centrales en general se están acercando a un punto de inflexión con menos retornos para sus operaciones", agregó.

Sobrecargados

Los encargados de supervisar a los bancos centrales mundiales están al tanto de esta situación.

Economistas del Banco de Pagos Internacionales advirtieron el 28 de junio que la pérdida de control de estos organismos, con escasa munición ahora para enfrentarse a un gran hundimiento del mercado o un repentino giro global, es una de las amenazas más preocupantes al sistema financiero mundial.

"La política monetaria fue sobrecargada durante demasiado tiempo", dijo el BPI en su 85 reporte anual, argumentando que deben acelerarse la reformas económicas profundas para retirar presión a las políticas monetarias demasiado suaves y a los gobiernos altamente endeudados.

"La posibilidad de turbulencia aumentará si las condiciones extraordinarias actuales salen de control. Cuando más se estira una banda elástica, más violentamente vuelve", agregó.

Los bancos centrales de Estados Unidos y Reino Unido, que temen que las tasas a nivel cero estén provocando no solo distorsiones en la inversión, sino también problemas sociales por la creciente desigualdad en la riqueza, ya han dicho que es probable que las suban en los próximos meses.

Pero su capacidad de hacer lo que sea necesario para lograrlo podría ser menor ahora.

Si China o una zona euro sin Grecia caen en otra crisis financiera que dañe la confianza económica global, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra podrían encontrarse atrapados en el cero, sin haber tocado las tasas durante uno de los mercados financieros más largamente alcistas de la historia.

Lo que ocurra a partir de ese punto comienza a parecer un poco aterrador.

Editado en español por Carlos Serrano

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