23 de agosto de 2013 / 13:05 / en 4 años

Brasileño Tombini: agresivo con la inflación, aunque no lo parezca

El presidente del Banco Central de Brasil, Alexandre Tombini, durante una audiencia pública ante el Senado en Brasilia, dic 11 2012. Considerando su actuación hasta ahora, los inversores pueden creer que el discreto presidente del banco central de Brasil, Alexandre Tombini, no logra domar la inflación. REUTERS/Ueslei Marcelino

RIO DE JANEIRO (Reuters) - Considerando su actuación hasta ahora, los inversores pueden creer que el discreto presidente del banco central de Brasil, Alexandre Tombini, no logra domar la inflación.

Desde que asumió las riendas del banco central, a comienzos del 2011, la inflación anual ha sobrevolado a menudo un 6 por ciento, peligrosamente cerca del techo de la meta del banco.

Un inesperado repunte de precios asustó este año a los consumidores, sofocó la economía y contribuyó a disparar una ola de protestas contra el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

La inestabilidad de precios, especialmente sensible en un país aún traumatizado por una hiperinflación de un 2.500 por ciento en la década de 1990, atizó los comentarios de que Tombini era demasiado débil para controlar el problema o, quizás peor, que permitió que Rousseff lo presionara para tomar decisiones poco inteligentes, principalmente una campaña de reducción de tasas de 14 meses que a los ojos de muchos fracasó y socavó la credibilidad del banco.

Pero personas que conocen bien a Tombini, un grupo reducido considerando su naturaleza reservada, dijeron a Reuters que la historia es diferente. Según ellos, en los próximos meses el presidente del banco central hará lo que crea necesario para recuperar la confianza de consumidores e inversores.

Los recientes contratiempos, aseguran, no son resultado de su debilidad, sino de una traición de otras partes del Gobierno que habían aceptado tácitamente controlar sus gastos para que Tombini pudiera mantener bajas las tasas de interés.

Una vez que Tombini se dio cuenta de que el pacto se había roto, el tecnócrata de 49 años volvió a la ortodoxia aprendida dos décadas atrás en la Universidad de Illinois, dicen.

Y aunque sus críticos dicen que es quizás demasiado tarde, Tombini comenzó a subir aceleradamente las tasas de interés a partir de abril, a pesar de que la economía de Brasil seguía atorada.

“Creo que Tombini se dio cuenta de esto: ‘No tengo ayuda del sector fiscal, así que cumpliré mi misión (por mí mismo)'”, dijo Antonio Delfim Netto, un ex ministro de Hacienda en la década de 1970 que continúa teniendo influencia sobre Rousseff y su equipo económico.

“No tengo dudas de que elevará las tasas de interés tanto como crea necesario para llevar las expectativas de inflación otra vez a un 4,5 por ciento”, el ciento de la meta oficial, agregó Netto.

La tarea es enorme. Los precios al consumidor subieron un 6,27 por ciento en los 12 meses hasta julio. Y a pesar de que los economistas pronostican en promedio que la inflación anual retrocedería ligeramente a un 5,74 por ciento a fines del 2013, no esperan tregua en 2014, cuando continuaría en un 5,8 por ciento.

Una reunión del comité de política monetaria de la próxima semana revelará mucho sobre la estrategia de Tombini para recuperar la confianza del mercado. La mayoría de los analistas esperan que el banco central eleve su tasa referencial en otros 50 puntos básicos hasta un 9 por ciento.

Pero la reciente agitación en los mercados financieros de Brasil, incluyendo una depreciación de un 5 por ciento del real en la última semana, aumentó la percepción de que Tombini y su directorio podrían ser todavía más agresivos y optar por un aumento de 75 puntos básicos.

Tombini declinó repetidas solicitudes de entrevista para este reportaje.

EL AUGE TERMINO

De cierta manera, la percepción sobre Tombini refleja la abrupta pérdida de favoritismo de Brasil entre los inversores globales en los últimos dos años y medio.

Cuando Rousseff lo nombró en 2010, la mayor economía de América Latina estaba en medio de un boom que la hizo crecer un 7,5 por ciento ese año, fortaleciendo su reputación de potencia emergente como India y China.

Tombini era visto como un discreto tecnócrata de carrera y un confiable guardián de la estabilidad financiera de Brasil, conquistada con dolor tras el caos de la década de 1990.

Aunque poco se sabe de su vida personal, además de que, como la mayoría de los brasileños, ama el fútbol, su estilo discreto era visto como algo positivo en un país con una larga historia de coloridas pero ineficientes figuras públicas.

Incluso el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, una de las principales voces de la oposición, aplaudió la decisión de Rousseff y recordó que Tombini había jugado en 1999 un papel clave en el diseño del plan de metas de inflación durante su gobierno.

“Recuerdo que nos ayudó con muchos problemas”, dijo Cardoso en aquel entonces.

Sin embargo, las cosas han ido cuesta abajo. La economía no ha crecido encima de un 3 por ciento desde 2010 y se espera una expansión de apenas un 2,2 por ciento este año y un 2,5 por ciento en 2014.

Las expectativas de inflación continúan inamovibles encima de un 5,5 por ciento para el futuro inmediato, según la mediana de los economistas del sector privado consultados por el banco central.

“Han hecho un muy, pero muy mal trabajo desde el 2011 y dejaron que las expectativas de inflación se desanclaran”, dijo Tony Volpon, jefe de investigación de mercados emergentes de Nomura Securities. “Creo que eso ha tenido un impacto muy negativo sobre la inflación anual”.

Aunque la lenta economía mundial ha jugado un papel en las dificultades de Brasil, los economistas dicen que muchos de los problemas son causados por las autoridades. Y quizás ninguna de las decisiones ha sido tan controvertida, o rodeada de misterio, como el manejo de las tasas de interés en los últimos dos años.

EL ACUERDO

Lo que se sabe con seguridad es esto: desde agosto de 2011 Tombini empezó inesperadamente a recortar la tasa referencial Selic, llevándola desde un 12,50 por ciento a un mínimo récord de un 7,25 por ciento en octubre de 2012.

El recorte de la tasa de interés fue bien recibido por la mayoría en Brasil que, pese al éxito económico de la década del 2000 siguió aplicando una de las tasas más elevadas del mundo debido al legado de los años de hiperinflación.

En sus discursos, Rousseff enarbolaba la baja en las tasas como uno de sus mayores logros y prometía que nunca regresarían a los máximos anteriores.

Donde la historia se vuelve nebulosa es en cómo se tomó la decisión de recortar la Selic y qué garantías recibió Tombini del Gobierno a cambio.

Muchos analistas están convencidos de que Rousseff le ordenó a Tombini que llevara la Selic a mínimos récord. La presidenta, una economista de profesión, ha tomado personalmente decisiones de política financiera, dicen asesores. En Brasil el banco central tiene independencia formal y Rousseff tiene la facultad de reemplazar a su director si así lo desea.

Sin embargo, funcionarios brasileños -incluyendo a Thomas Traumann, su portavoz- niegan enérgicamente que Rousseff haya ordenado los recortes de las tasas. Afirman que Tombini tiene autoridad de facto para fijar la Selic como crea conveniente.

Werner Baer, que fue profesor de Economía de Tombini en la Universidad de Illinois y es uno de los más respetados expertos extranjeros en economía brasileña, concuerda con la narrativa más matizada de Netto sobre cómo bajó la Selic.

¿La historia? Que poco después de que Tombini asumió el cargo hubo un pacto entre el Banco Central y otras divisiones del Gobierno para reducir los costos del endeudamiento del país a niveles “civilizados”.

Como parte del acuerdo, el Ministerio de Hacienda y otras carteras reducirían su gasto para bajar la presión sobre la política monetaria, mientras que el Gobierno en su conjunto propiciaría reformas para impulsar la inversión. Por su parte, el Banco Central reduciría las tasas de interés.

Y desafortunadamente, sólo el banco ha podido cumplir su parte del acuerdo.

Asustado por la magnitud de la desaceleración económica, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, decidió liberar una serie de incentivos tributarios y créditos a bajo costo para estimular el consumo doméstico.

Como resultado, el superávit primario del país -o el exceso de ingresos del Gobierno antes del pago de deuda- bajó a un 2,0 por ciento del producto interno bruto (PIB) en los 12 meses hasta junio. Y eso esta lejos del 2,71 por ciento del mismo período del año anterior y es también inferior al objetivo de un 2,3 por ciento para este año.

En tanto, la inversión se ha mantenido estancada en cerca de un 18 por ciento del PIB, uno de los coeficientes más bajos en América Latina y muy por debajo del 46 por ciento de China.

Eso resultó en persistentes cuellos de botella en el lado de la oferta, con presión también desde el lado fiscal: una receta para inflación alta.

El portavoz de Mantega no quiso comentar el asunto, pero una fuente en el Ministerio de Hacienda argumentó que era injusto culpar a la política fiscal de los problemas de la política monetaria.

La fuente dijo “no estar al tanto de ningún pacto” en el 2011 entre el Ministerio de Finanzas y el banco central para bajar las tasas de interés, pero dijo que hubo “coordinación de políticas” para garantizar la reducción de la Selic, incluyendo el congelamiento de 10.000 millones de reales del presupuesto del 2011.

La fuente también además que el deterioro fiscal que siguió en 2012 y 2013 no fue resultado de un exceso de gastos, sino de una serie de exoneraciones tributarias “que tienen un impacto positivo sobre la economía y la inflación, además de hacer a las compañías más competitivas”.

REACCION TARDIA

Con tan poca ayuda de las otras partes del Gobierno, Baer, el antiguo profesor, dice que “lo único que puede hacer Tombini ahora es subir las tasas de interés”.

“Lo ha hecho notablemente bien”, dijo en una entrevista. “Es muy inteligente, muy discreto y está en una situación muy difícil”.

La tasa Selic ya ha subido 125 puntos básicos desde abril. Actualmente, los economistas esperan que la tasa sea de un 9,25 por ciento a fines de 2013, aunque algunos, como Bradesco Asset Management y Bank of Tokyo Mitsubishi, apuestan que tocará un 10 por ciento para fines de año.

Y hasta algunos de los más acérrimos críticos del Gobierno brasileño parecen colocar a Tombini en una categoría aparte, diciendo que el economista parece determinado a controlar los precios.

Volpon, que con frecuencia envía mordaces correos electrónicos sobre los errores de las políticas de Brasil, dijo: “Sí veo ahora al banco central dispuesto a tomar en serio las expectativas”.

La principal crítica del economista de Nomura sobre Tombini es que se demoró demasiado en reaccionar al claro deterioro en las políticas fiscales de Brasil.

“El pacto fiscal se rompió y el Banco Central siguió bajando las tasas. Ese fue el error”, dijo.

Marcelo Kfoury, que colaboró con Tombini en el diseño del régimen de objetivos inflacionarios del Banco Central antes de asumir la dirección del departamento de investigación económica de Citi Brasil, dijo que su ex colega no vacilará en hacer lo que sea necesario para controlar los precios, manteniéndolos dentro de la banda meta.

“Si existe una amenaza de que la inflación perfore el techo de la meta, él está 100 por ciento concentrado en la inflación”, afirmó.

Reporte adicional de Patricia Duarte en Sao Paulo y Alonso Soto en Brasilia; Traducido por Janisse Huambachano; Editado por Esteban Israel

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