ENFOQUE-Barreras burocráticas complican incipiente fiebre del oro en República Dominicana

lunes 23 de diciembre de 2013 10:05 GYT
 

Por Ezra Fieser

COTUI, República Dominicana (Reuters) - Hace poco más de una década, uno de los mayores depósitos de oro conocidos en el mundo yacía abandonado en las estribaciones de la Cordillera Central de la República Dominicana.

Rocas del tamaño de autos filtraban metales pesados a lo que los lugareños llaman el "río de sangre", un cauce con sus aguas teñidas de rojo por los contaminantes.

Pero el yacimiento, que reabrió sus operaciones bajo el nombre de Pueblo Viejo este año, bulle de actividad hoy en día. Los enormes camiones avanzan sobre pozos a cielo abierto a través de caminos que se extienden por la mina de 11 kilómetros cuadrados, transportando toneladas de piedras hacia una planta procesadora.

Unas 2.000 personas trabajan en este lugar, produciendo brillantes barras de oro que se exportan a Canadá y Estados Unidos, pero la mina tiene el potencial de crear 12.700 empleos directos e indirectos adicionales y contribuir con 1.300 millones de dólares al año en exportaciones.

El dinámico proyecto operado por mineras extranjeras forma parte de los esfuerzos de República Dominicana por desarrollar una industria que podría acelerar y diversificar su economía, fuertemente dependiente del turismo.

Sin embargo, a pesar de la producción comercial sólida de dos de las mineras de oro más grandes del mundo, las canadienses Barrick Gold Corp y Goldcorp Inc, el desarrollo del sector minero está frenado por las demoras burocráticas y la agitación de los activistas preocupados por la contaminación y los tratos del Gobierno con firmas extranjeras para explotar los recursos locales.

En juego hay miles de millones de dólares y miles de puestos de trabajo en un país de 10 millones de habitantes con altos niveles de desempleo y pobreza.

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Trabajos en el área de la represa de Pueblo Viejo, mayo 30, 2011. Hace poco más de una década, uno de los mayores depósitos de oro conocidos en el mundo yacía abandonado en las estribaciones de la Cordillera Central de la República Dominicana. REUTERS/Eduardo Muñoz