26 de diciembre de 2013 / 12:11 / en 4 años

COLUMNA-Una inyección de optimismo para el sistema multilateral de comercio: Bárcena

Por Alicia Bárcena

(Reuters) - Después de arduas negociaciones, los ministros de 159 naciones que integran la Organización Mundial del Comercio (OMC) cerraron varios acuerdos de importancia a principios de diciembre en Indonesia.

Y eso es una muy buena noticia.

El principal logro es el nuevo Acuerdo sobre Facilitación del Comercio: es el primer instrumento multilateral alcanzado desde la creación de la OMC en 1995. Cuando entre en vigor, se agilizarán los procedimientos aduaneros y la circulación de bienes a través de las fronteras.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que la plena implementación de los compromisos contenidos en el acuerdo reduciría los costos asociados al comercio en un 10 por ciento en los países industrializados y en un 16 por ciento en nuestra región.

La OCDE calcula que una reducción del 1 por ciento en los costos asociados al comercio aumentaría el ingreso mundial en más de 40.000 millones de dólares. Dada la tendencia mundial a estructurar la producción en cadenas de valor, la agilización de los procedimientos aduaneros gana especial relevancia.

Cada vez es más frecuente que los bienes finales sean producidos en varios países en vez de uno solo, por eso aumenta la importancia de la fluidez en los procedimientos de importación y exportación.

Hoy Latinoamérica tiene la oportunidad de mejorar su inserción en las cadenas de valor, tanto regionales como globales.

SEGURIDAD ALIMENTARIA

Otro aspecto destacado son los acuerdos alcanzados en materia agrícola, sobre todo el que permitirá a los países en desarrollo resguardar su seguridad alimentaria mediante la constitución de existencias públicas de alimentos. De acuerdo con lo pactado, estos programas no podrán ser cuestionados ante el mecanismo de solución de diferencias de la OMC.

En Bali también se adoptaron medidas para favorecer las exportaciones de los países menos adelantados. Estas naciones, las más pobres del mundo, se concentran sobre todo en África.

Más allá de la cuestión técnica, los acuerdos alcanzados en Bali tienen un profundo valor político. Se insertan en el marco de la Ronda de Doha para el Desarrollo, que comenzó en noviembre del 2001, pero sufrió tantos obstáculos que ha sido imposible hasta ahora su conclusión.

Parte de esas dificultades tienen que ver con las profundas transformaciones acaecidas en la última década, en particular la irrupción de los países emergentes como el principal polo de dinamismo de la economía mundial.

El sistema multilateral de comercio, históricamente dominado por los países industrializados, aún está en proceso de ajustar sus mecanismos de toma de decisiones a la nueva realidad, con economías como Brasil, China y la India reclamando un rol más protagónico.

Ante el prolongado ‘impasse’ de Doha, han surgido nuevas iniciativas lideradas por países industrializados y conducidas fuera de la OMC, como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Estas negociaciones buscan definir las reglas del juego para el nuevo mundo de las cadenas globales de valor. Y tendrán importantes consecuencias para la inserción internacional de los países en desarrollo, incluida la gran mayoría de ellos que no participa de dichas negociaciones.

ESPALDARAZO A LA OMC

En este escenario, los acuerdos logrados en Bali son un fuerte respaldo al rol de la OMC como el principal foro para establecer las reglas del comercio mundial, sobre una base inclusiva, transparente y poniendo siempre en el centro las necesidades de los países en desarrollo.

Se trata asimismo de un espaldarazo a la causa del multilateralismo en general, que en el mundo multipolar de hoy es más necesario que nunca.

Es de esperar que este impulso permita avanzar en el resto del Programa de Doha, a fin de cerrar la agenda pendiente del siglo XX y así permitir que la OMC pueda empezar a abordar los temas del siglo XXI, tales como una adecuada gobernanza de las cadenas de valor y los vínculos del comercio con la propiedad intelectual, la Internet, el cambio climático, el medio ambiente y el trabajo decente.

Debe ser motivo de profundo orgullo para nuestra región que un latinoamericano, Roberto Azevedo, sea quien encabece a la institución en este período de enormes desafíos. El liderazgo y visión que demostró en Bali, reconocidos unánimemente, permiten tener confianza ante las importantes tareas que deberá enfrentar en los próximos años.

Alicia Bárcena es la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe, CEPAL, de las Naciones Unidas

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