22 de enero de 2014 / 17:53 / hace 4 años

ANALISIS-Plaza de soja Argentina paralizada; productores guardan granos e ignoran al peso

Un brote de soja en Estación Islas, Argentina, nov 27 2012. La escasa fe de los productores de soja de Argentina en la moneda de su país se puede comprobar en su decisión de almacenar sus granos, aun cuando el mercado local de futuros anuncia una clara caída en el precio de la oleaginosa para los meses venideros. REUTERS/Enrique Marcarian

Por Hugh Bronstein

BUENOS AIRES (Reuters) - La escasa fe de los productores de soja de Argentina en la moneda de su país se puede comprobar en su decisión de almacenar sus granos, aun cuando el mercado local de futuros anuncia una clara caída en el precio de la oleaginosa para los meses venideros.

Argentina es el principal exportador mundial de aceite y harina de soja, como también el tercer proveedor internacional de porotos de soja y de maíz, en un momento en el que la demanda global de alimentos sigue creciendo.

Sin embargo, para los agricultores locales un grano de soja guardado es mejor que un peso argentino en el banco, señal de la decreciente confianza en la tercera economía de Latinoamérica.

Las políticas intervencionistas de la presidenta Cristina Fernández, que incluyen desde límites a compras de divisas hasta un fuerte gasto público para impulsar la economía pero que no controlan la creciente inflación, han hecho de Argentina un destino de alto riesgo para los inversores.

El precio de la soja disponible en el mercado de Rosario -la principal plaza de granos del país- es de 325 dólares por tonelada, muy por encima de los 288 dólares de la oleaginosa para entregar en mayo.

No obstante, los productores están acopiando su soja debido a que, aunque el precio del grano se desplome este año por una abundante oferta mundial, su venta los expondría a una importante pérdida de valor por la alta inflación y la devaluación del peso.

“En un escenario normal, querrías vender ahora a 325 dólares (por tonelada). Pero en el mercado argentino el escenario no es normal debido a la devaluación del peso”, dijo Leandro Pierbattisti, analista de la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales.

El peso del mercado informal de Argentina cayó un 37 por ciento en el último año a 11,85 pesos por dólar al cierre del martes, un 72 por ciento por debajo de la tasa de cambio oficial.

El Gobierno de Fernández restringió el acceso a los dólares a fines del 2011, obligando a los productores a ahorrar en anémicos pesos. La consecuencia de esto ha sido prácticamente la paralización de la actividad en el mercado local de soja en las últimas semanas.

Según los cálculos de Pierbattisti, los chacareros de Argentina están sentados sobre alrededor de 8,4 millones de toneladas de soja, desde los 1,6 millones estimados para similar fecha del año pasado.

Mientras tanto, las plantas procesadoras del grano están operando con una capacidad ociosa del 40 por ciento, superior a la del 35 por ciento registrada el año pasado, dijo Pierbattisti.

“Los productores no están vendiendo ni un kilo de nada”, dijo un operador de granos de Buenos Aires que pidió que no se divulgara su nombre. “No hay comercio real”, agregó.

Los agricultores de Argentina reciben pesos por sus granos, los que no pueden ser cambiados por dólares debido a las fuertes restricciones locales a la compra de divisas, lo que sólo les deja la posibilidad de comprar la moneda estadounidense en el mercado negro a un valor mucho más alto.

La falta de acceso a una moneda estable ha alentado a los productores a resguardar sus granos en “silobolsas”, unas inmensas bolsas de plástico que ya salpican gran parte del paisaje pampeano del país y que funcionan como silos de almacenaje.

CAMIONETAS POR POROTOS

La cosecha de soja de Estados Unidos de la actual campaña podría ser una de las más grandes de la historia, al alcanzar los 89,5 millones de toneladas.

Por lo que el mundo estaría bien abastecido del grano para cuando los agricultores de Sudamérica comiencen a recolectar su oleaginosa en marzo.

Se esperan abundantes cosechas de soja en Brasil, Argentina y Paraguay, de 89, 54,5 y 9,4 millones de toneladas, respectivamente, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y analistas privados.

Los políticas intervencionistas de Argentina, que incluyen una tasa del 35 por ciento a las exportaciones de soja y la nacionalización en el 2012 de la principal empresa energética del país, YPF, junto a una elevada inflación han ahuyentado las inversiones necesarias para aprovechar la creciente demanda global de alimentos.

La tasa de inflación del país austral fue superior al 25 por ciento en el 2013, una de las más altas del mundo, señalan analistas privados, cuyos cálculos son seguidos de cerca por el público argentino ante el descrédito que tienen las estimaciones del Gobierno, para el que el alza de precios del año pasado fue de solamente el 10,9 por ciento.

Los precios locales subirían alrededor de un 30 por ciento en el 2014, según un sondeo realizado por Reuters a analistas la semana pasada.

La última vez que el país registró una inflación de esa envergadura fue en el 2002, cuando millones de argentinos de clase media fueron empujados a la pobreza por una severa crisis social y económica.

“Nos sentimos más seguros guardando nuestra cosecha que si guardáramos pesos”, dijo Santiago del Solar, que administra miles de hectáreas en el oeste agrícola de la provincia de Buenos Aires.

“Eso se va a mantener, salvo que vuelva la confianza o hasta que haya un cambio en las políticas que nos permitiera ahorrar en dólares”, añadió.

Con dos años aún por delante de su segundo mandato, Fernández no ha dado señales de grandes cambios en su estilo.

Mientras tanto, el agricultor Álvaro Tomás dice que él y sus vecinos están usando sus porotos de soja como moneda de cambio para adquirir desde camionetas hasta semillas. Un vehículo de doble tracción, por ejemplo, vale cerca de 130 toneladas de soja.

“Cualquier productor que tenga la alternativa de ahorrar en soja lo hará, porque es la única forma que tiene de protegerse de la inflación”, dijo Tomás, que también produce en Buenos Aires.

“No conozco a nadie que pueda ahorrar de otra manera”, agregó.

Reporte de Hugh Bronstein; Traducido al español por Maximilian Heath; Editado por Nicolás Misculin/Gabriel Burin

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