18 de noviembre de 2012 / 14:27 / hace 5 años

América Latina mira a Europa en busca de programas antidrogas

Por Fiona Ortiz

CADIZ, España (Reuters) - Los países latinoamericanos están mirando las lecciones de Europa en la lucha contra el abuso de narcóticos, después de que la política prohibicionista ha perdido eficiencia frente a la extendida violenta y costosa guerra contra las drogas liderada por Estados Unidos.

Hasta hace poco, la mayoría de países de América Latina tenía normas de tolerancia cero en materia de drogas, inspirados en Estados Unidos.

Pero ahora están explorando relajar las sanciones para el uso personal de estupefacientes, siguiendo los ejemplos de España y Portugal, que han canalizado recursos a la prevención más que a las atiborradas cárceles.

América Latina es el mayor productor mundial de cocaína y marihuana y alimenta la enorme demanda en Estados Unidos y Europa. El consumo de drogas ha aumentado y la violencia vinculada a los cárteles de la droga ha causado mortandad por décadas desde la frontera México-Estados Unidos hasta los barrios pobres de Brasil.

El Congreso de Uruguay dio el jueves un paso más hacia su proyecto de que el Estado se haga cargo de la distribución legal de marihuana . El mismo día, un legislador de izquierda en México presentó un proyecto de ley para legalizar la producción, la venta y el uso de la marihuana .

Si bien el proyecto de ley mexicana es poco probable que sea aprobado, refleja la creciente polémica sobre cómo luchar contra el consumo de drogas en un país donde 60.000 personas han muerto desde el 2006 en batallas entre narcotraficantes y enfrentamientos entre los cárteles y las fuerzas de seguridad.

Incluso el mayor productor mundial de cocaína, Colombia, un incondicional socio de Estados Unidos en las campañas de erradicación de cultivos de drogas y con una de las leyes más duras contra el narcotráfico en América Latina, está haciendo alusión a cambio.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, dijo el jueves que valía la pena explorar el modelo portugués, una de las políticas de drogas más liberales del mundo.

“La experiencia que ustedes han tenido con la política de consumo de drogas es para nosotros muy interesante. El mundo entero está tendiendo, buscando, nuevas formas de tratar ese problema (...) Espero poder aprender cada vez más sobre esta experiencia que ustedes han tenido”, comentó en una visita a Lisboa.

Santos se detuvo en Portugal en su camino a la Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad española de Cádiz. Los líderes reunidos allí el sábado llamaron a analizar un cambio hacia la regulación del uso de las drogas en lugar de criminalizarlo.

Portugal despenalizó el uso de estupefacientes en el 2001 para combatir un grave problema con la heroína que había causado una epidemia de VIH/sida entre los drogadictos. El cambio ha sido aclamado como un éxito ya que los niveles de consumo cayeron por debajo del promedio europeo.

“La evaluación positiva del modelo de Portugal ha quitado el miedo en América Latina sobre las reformas”, resaltó Martin Jelsma del Transnational Institute, que aboga por la liberalización de las leyes sobre las drogas en América Latina.

España -donde el consumo de narcóticos se disparó en la década de 1980 después del fin de la dictadura de Franco- ha tratado de combatir el elevado consumo de cocaína, haciendo hincapié en los programas de tratamiento para los adictos y desechando el procesamiento por la posesión de pequeñas cantidades de drogas para uso personal.

Jelsma dijo que iniciativas como la de Uruguay han surgido sobre la experiencia en Cataluña y el País Vasco, en el norte de España, donde los tribunales toleran el cultivo de marihuana para uso personal de miembros de los clubes sociales.

FRUSTRACIÓN DURANTE CUATRO COSTOSAS DECADAS

Las elecciones en Estados Unidos del 6 de noviembre, cuando los estados de Colorado y Washington aprobaron la legalización del consumo de cannabis en desafío a las leyes federales, generaron frustración entre los líderes de América Latina.

“Mientras en nuestros países un campesino que siembra media hectárea es perseguido y encarcelado (...), en Estados Unidos ahora simple y sencillamente se producirá la marihuana a niveles industriales, se comercializará con absoluta libertad en esos dos estados, se consumirá, además, a discreción. Aquí hay un desbalance enorme que no podemos eludir”, dijo el presidente mexicano, Felipe Calderón, durante la Cumbre Iberoamericana.

Calderón, cuya ofensiva militar contra los cárteles desencadenó una orgía de violencia en México, expresó su cansancio con un llamado a Estados Unidos y Europa a la reducción del uso de drogas, argumentando que los consumidores estadounidenses alimentan la guerra del narcotráfico en su país al gastar unos 20.000 millones de dólares al año.

El mandatario dijo que la legalización de la marihuana en Colorado y Washington marcó un cambio de paradigma . “Si se le corta el suministro de dinero a este adversario peligroso, habremos ganado una batalla. La gran pregunta es cómo cortar ese suministro”, observó.

“Y ese interrogante tiene que ver con las alternativas, porque sabemos que gran parte de ese flujo proviene de una estructura de mercado negro que quizás generaría menos dinero y menos apetito si tuviera otra regulación”, añadió.

El secretario Iberoamericano, Enrique Iglesias, dijo que había consenso en América Latina acerca de que la llamada guerra contra las drogas no estaba funcionando y llamó a nuevas aproximaciones al problema.

Colombia, Perú y Bolivia producen la mayor parte de la cocaína del mundo. México y Paraguay están entre los dos mayores productores globales de marihuana, con cada vez mayor suministro de sus vecinos Argentina, Brasil y Uruguay.

El cambio en el pensamiento de América Latina en materia de narcóticos se remonta a un informe del 2009 de ex presidentes de Brasil, Colombia y México que dijeron que miles de millones de dólares invertidos en cuatro décadas de esfuerzos, liderados por Estados Unidos para erradicar cultivos de drogas, los había simplemente empujado de una región a otra.

El discurso de Calderón en Cádiz fue sólo el último de un creciente coro de desafíos a las políticas antidrogas de Estados Unidos.

En una cumbre de líderes de América en abril, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, enfrentó críticas expresadas por sus homólogos del sur sobre las políticas antidrogas.

El presidente de Guatemala, Otto Pérez, ha propuesto abiertamente la despenalización de determinadas drogas.

Guatemala, vecino de México, se ha visto desgarrado por la violencia del narcotráfico y la corrupción vinculada a los cárteles que ha penetrado profundamente en sus instituciones gubernamentales.

Hace 10 años, Estados Unidos podrían haber reaccionado con alarma al cambio en América Latina. Pero el Gobierno de Obama se ha abstenido de criticar abiertamente las reformas legislativas sobre drogas, en parte porque en el país norteamericano también avanzan hacia su modificación.

NUEVOS CAMINOS HACIA EUROPA

España fue durante mucho tiempo una puerta de entrada para la cocaína sudamericana hacia Europa, aunque los expertos sugieren que el tráfico de cocaína se está moviendo a través del sureste y este de Europa, a lo largo de las rutas de los Balcanes y en los puertos ubicados en Letonia y Lituania.

El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT) dijo en su informe anual que las incautaciones de cocaína en Europa alcanzaron un máximo de 120 toneladas en el 2006 y han disminuido desde entonces a 61 toneladas en el 2010.

España sigue siendo el país que reporta el mayor número de incautaciones de cocaína, pero ha ido disminuyendo a medida que las autoridades aumentaron la vigilancia en la costa sur.

Sin embargo, España aún está preocupada por la posibilidad de que los narcotraficantes latinoamericanos tomen su territorio para establecer sus redes en Europa.

En agosto, la policía española detuvo a cuatro miembros del cártel mexicano de Sinaloa, una de las mayores organizaciones criminales del mundo. Uno de ellos es primo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, jefe del cártel y el hombre más buscado de México.

Reportes adicionales de Daniel Avarenga y Axel Bugge en Lisboa; editado en español por Silene Ramírez

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