27 de noviembre de 2012 / 15:18 / en 5 años

ENFOQUE-Mala educación rezaga el avance de la economía brasileña

Por Esteban Israel

SAO PAULO (Reuters) - La Universidad Petrobras en el centro de Río de Janeiro es una contundente respuesta de nueve pisos de altura al déficit de capital humano que asfixia a la economía brasileña.

En el moderno edificio de vidrios oscuros que ocupa una manzana entera, la mayor empresa de Brasil invierte 100 millones de dólares anuales en formar a los profesionales que el sistema de educación no le ofrece.

Sin los ingenieros de petróleo, geofísicos y ejecutivos entrenados allí por Petrobras, Brasil difícilmente consiga explotar sus bestiales reservas mar adentro y transformarse en la próxima década en un gran exportador de crudo.

“La formación que el mercado nos entrega hoy no está cualificada para lo que necesitamos”, explica el gerente de la Universidad Petrobras, Juliano Mesquita, en una entrevista.

“Los cursos son diseñados para cubrir las lagunas de conocimiento e innovación que la compañía detecta como críticas para su desarrollo”, añadió.

¿El problema de fondo? La educación en Brasil no consigue seguir el ritmo de la economía y acaba conspirando contra sus ambiciones de potencia emergente.

Aunque el país aprovechó el crecimiento económico de la última década para rescatar de la pobreza a más de 20 millones de personas, los niveles de deserción escolar son elevados y la calidad de la formación discutible.

La mala educación es uno de los componentes menos visibles del “costo Brasil”, una mezcla de impuestos, burocracia y falta de infraestructura que encarece la producción y entorpece los esfuerzos del Gobierno por reanimar una economía que crecería apenas un 1,5 por ciento en el 2012, menos de la mitad del promedio de la última década.

El desafío de empresas como Petrobras es titánico. La petrolera estatal necesita personal altamente calificado para extraer crudo y gas natural bajo una gruesa capa de roca y sal en el fondo del mar a unos 7 kilómetros de profundidad, una apuesta de 70.000 millones de dólares.

Pero la falta de personal capacitado es un problema prácticamente transversal en Brasil, donde según un estudio de ManpowerGroup un 71 por ciento de los empleadores tiene dificultades para encontrar el perfil de trabajador que necesitan. El promedio global es del 35 por ciento.

La minera Vale, cuyo mineral de hierro representa un 10 por ciento de las exportaciones brasileñas, debe formar a sus propios ingenieros en puertos y ferrovías, dos disciplinas cruciales que no existen en las facultades de Brasil.

“Algunos años atrás, garantizar que tuviéramos suficientes ingenieros era un desafío. Hoy nosotros suplimos ese gap (brecha)”, explica Tatiana Matos, gerente de educación de Vale, con un presupuesto de unos 70 millones de dólares anuales.

“Sin educación no tendríamos como sustentar nuestro negocio”, añadió. “Si esa estrategia no hubiese sido definida e implementada no podríamos tener los resultados que tenemos”.

Y algo parecido ocurre con Embraer, el mayor fabricante de aviones comerciales de alcance regional del mundo, que creó también su propio programa de formación de ingenieros del que egresó hasta su presidente ejecutivo Frederico Curado.

Brasil parece tropezar a cada paso con sus limitaciones. Un programa de 66.000 millones de dólares para construir puentes, carreteras y puertos que la economía necesita desesperadamente podría, por ejemplo, disparar los salarios del reducido mercado de ingenieros y también los costos de las obras.

Para pasar de una vez la página, la presidenta Dilma Rousseff propuso esta semana invertir en educación las regalías de la explotación petrolera.

“Sin educación no vamos a llegar lejos”, explicó al diario Valor Económico.

MARATON

Del otro lado del cristal, el boom económico de los últimos 15 años permitió universalizar la enseñanza básica y casi erradicar el analfabetismo en Brasil, uno de los países del mundo que más aumentó su gasto en educación en la última década.

Pero el rezago es tan grande que aún así ocupó el puesto 54 entre las 65 naciones que participaron en el 2009 en un examen de lectura de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para medir la calidad educativa.

Un test de matemática mostró, a su vez, que la mayoría de los estudiantes brasileños de 15 años tenía dificultades para resolver problemas como calcular el área de un rectángulo.

Las autoridades reconocen que hay 3,8 millones de sillas vacías en las escuelas brasileñas.

“Es mucha gente, pero la reducción ha sido fantástica: en 1997 teníamos 8,7 millones de jóvenes fuera de la escuela”, dijo Luiz Claudio Costa, el presidente del estatal Instituto Nacional de Pesquisas Educacionais en Brasilia.

“Vemos a Brasil claramente en la senda correcta, avanzando a una velocidad importante y acelerando cada vez más. Pero sabemos que la educación no es una prueba de 100 metros, sino un maratón”, dijo en una entrevista.

Su visión es compartida por expertos como Barbara Bruns, principal economista de la educación del Banco Mundial para América Latina, dice que los avances de Brasil en cobertura y calidad de la enseñanza son “extraordinarios”. Pero falta mucho.

“Los resultados de Brasil en las pruebas del PISA son todavía bajos. Ese es el lado triste de la historia”, dijo a Reuters, antes de afirmar que el país necesita un mejorar los salarios y el nivel de los docentes.

La calidad de la educación refleja las profundas desigualdades de una nación de 200 millones de habitantes donde una calle puede separar un barrio con indicadores sociales de Europa de otro con números del Africa subsahariana.

“No vamos a recuperar 500 años de atraso en una década y media”, dice Paulo Roberto Corbucci, un investigador del centro de estudios gubernamental Ipea.

“THIS IS YOUR CAPTAIN SPEAKING...”

Y el déficit de unos 20.000 ingenieros anuales que golpea a las grandes empresas brasileñas no es el único dolor de cabeza.

La Agencia Nacional de Aviación Civil tuvo que obligar a 95 pilotos brasileños a repetir sus pruebas de inglés antes de fin de año porque, sencillamente, su nivel era insuficiente para realizar vuelos internacionales.

En el fondo es un problema de gestión, dice Viviane Senna, una activista que batalla hace dos décadas para mejorar la educación pública en Brasil. El país sacrificó calidad en pos de cantidad y hoy apenas la mitad de los niños termina la escuela.

“Es como si un tren de Vale saliera de la mina cargado de mineral de hierro y llegara al puerto con apenas la mitad del cargamento. ¿Cuánto duraría Vale?”, dijo en su oficina del Instituto Ayrton Senna, la ONG fundada en memoria de su hermano, el fallecido tricampeón mundial de Fórmula 1, en Sao Paulo.

¿Resultado? Las elevadas tasas de repetición y abandono en la enseñanza básica representan un gasto enorme para el Estado y significa que apenas un 15 por ciento de los jóvenes brasileños llega a la universidad.

Y en una macabra inversión de papeles, quienes logran entrar a las universidades públicas, que son las mejores, vienen generalmente de escuelas privadas.

Una forma de acortar la brecha y estimular la transferencia de conocimiento sería, por ejemplo, importar mano de obra. El Gobierno está considerando flexibilizar sus leyes migratorias para atraer hasta 10 veces más profesionales extranjeros en los próximos años.

INVERSION EFICIENTE

Irónicamente, esta vez no se trata de dinero.

Brasil invierte un 5,3 por ciento de su Producto Interno Bruto en educación -encima de la media de la OCDE- y planea duplicarlo en la próxima década. Pero algunos se preguntan si no está colocando el dinero en el lugar equivocado.

“Muchas veces se trata de resolver el problema de la educación reduciéndolo a una cuestión monetaria. Pero eso es como colocar el dinero en una fábrica fallida”, dijo Senna.

Los críticos dicen que el descontrol es a veces tan grande que hay estados donde las autoridades ni siquiera saben la cantidad de escuelas que tienen bajo su administración.

Y hay también distorsiones en el foco de las inversiones: Brasil invierte cinco veces más por cada alumno de educación superior que elemental. El país debería invertir esa lógica y concentrar sus fondos en la educación básica para garantizar que más jóvenes lleguen a la universidad, sostienen los críticos.

La Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo calcula que una inversión más eficiente en educación permitiría aumentar en 2,4 años el promedio de escolaridad y eso elevaría un 10,5 por ciento el PIB per cápita en una década.

Senna dice que Brasil necesitará al menos 20 o 30 años de inversiones más eficientes para mejorar la calidad de su educación y cubrir sus propias necesidades.

Eso fue lo que hizo Corea del Sur, que en la década de 1950 tenía peores indicadores y después de 40 años de inversiones en educación se convirtió en un país del primer mundo con una renta per cápita tres veces superior a la de Brasil.

Los desafíos son del tamaño de las ambiciones de la sexta economía del mundo. Y empresas como Petrobras lo saben perfectamente.

“Históricamente Petrobras complementa la formación que el mercado ofrece”, dijo Mesquita, de la Universidad Petrobras. “Y hasta ahora nada indica que eso vaya a cambiar”.

Reporte de Esteban Israel. Editado por Damián Wroclavsky

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