El Relámpago del Catatumbo, la tormenta eterna de Venezuela

viernes 7 de noviembre de 2014 11:31 GYT
 

Por Diego Oré

LAGO DE MARACAIBO Venezuela (Reuters) - Cuando Erik Quiroga cumplió cinco años, su madre le apuntó en el horizonte el espectáculo de luces de una fastuosa tormenta eléctrica que se gestaba casi todas las noches a 65 kilómetros al oeste de su natal Valera, al pie de los Andes venezolanos.

Cuatro años más tarde, cuando se trasladó con su familia a las inmediaciones del lago de Maracaibo, epicentro de aquella tormenta eterna, por fin conoció de cerca lo que terminaría siendo el amor de su vida: el Relámpago del Catatumbo.

"A los nueve años me enamoré del relámpago, aquello me impactó", recordó Quiroga durante una entrevista con Reuters.

Pasaron los años, Quiroga se volvió ambientalista y tras casi dos décadas de investigación, logró que el Relámpago del Catatumbo, recibiera el récord Guinness, destronando al poblado congoleño de Kifuka como el lugar donde se producen la mayor cantidad de rayos por kilómetro cuadrado al año: 250.

Casi todas las noches, en aquella selva húmeda y casi virgen adyacente a Colombia, los vientos fríos de la cordillera de los Andes se entrecruzan con las brisas cálidas del lago Maracaibo, el más grande de Sudamérica, formando enormes tormentas que iluminan el cielo por hasta 10 horas con un promedio de 28 rayos por minuto: una descarga de energía capaz de encender todas las bombillas de Latinoamérica.

Gracias a la frecuencia y el brillo de su rayo, visible hasta desde 400 kilómetros de distancia, la tormenta ha sido utilizada como guía por marineros desde tiempos coloniales, ganándose el apodo de "Faro de Maracaibo" y un sitial en la bandera y escudo de su estado, Zulia.

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Unos rayos sobre Ologa, donde se alimenta el río Catatumbo, en el estado venezolano de Zulia, oct 23 2014. Cuando Erik Quiroga cumplió cinco años, su madre le apuntó en el horizonte el espectáculo de luces de una fastuosa tormenta eléctrica que se gestaba casi todas las noches a 65 kilómetros al oeste de su natal Valera, al pie de los Andes venezolanos.   REUTERS/Jorge Silva