1 de marzo de 2008 / 13:38 / hace 9 años

El príncipe Enrique: De chico salvaje a héroe de guerra

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LONDRES (Reuters) - Para el príncipe Enrique de Inglaterra ha sido el cambio de imagen perfecto.

Un día, el tercero en la línea de sucesión al trono británico estaba considerado como un "playboy" que se enfrentaba a los paparazzi a la salida de los clubes nocturnos y se puso un uniforme nazi en una fiesta de disfraces.

Y al minuto siguiente, el pelirrojo de 23 años es el soldado heroico, aclamado por sus 10 semanas en la primera línea de batalla contra los talibanes en Afganistán.

Al volver a casa, los mismos tabloides que lo acusaban con saña, y que aceptaron guardar silencio sobre su presencia en Afganistán hasta que los medios extranjeros rompieron el embargo, se llenaron de empalagosas alabanzas a "Enrique el héroe secreto."

"Cuando Harry (Enrique) encontró a Tali (talibanes)," proclamaba el Daily Star después de que el príncipe tuviera que volver a casa por los temores sobre su seguridad y la de los soldados que servían con él.

Para la familia real, consciente de la imagen antes deslucida de Enrique, esto ha sido una publicidad sin precio.

Enrique, hijo menor del príncipe Carlos, heredero al trono, y de la fallecida princesa Diana, se había ganado una reputación de "niño salvaje" por flirtear con la marihuana y beber a los 17 años sin tener la edad legal.

Para muchos analistas, sufrió mucho más que su hermano mayor Guillermo después de la muerte de su madre en París en un accidente en 1997, y algunos comentaristas señalaron que ello lo empujó a probar con drogas blandas cinco años después.

Su padre terminó llevándolo un día a una clínica de rehabilitación en Londres para que conociera los peligros de las drogas.

También su intermitente relación con Chelsea Davy ha sido el material perfecto para los tabloides, obsesionados con la familia real.

Pero su carrera militar le ha dio una vuelta a la imagen de "chico malo."

Primero vino la decepción por perderse un despliegue en Irak cuando los insurgentes amenazaron con secuestrarlo y matarlo. Admitió entonces que ese golpe lo había hecho pensar en dejar el Ejército.

Pero entonces llegó la jugada perfecta: un despliegue al frente en Afganistán. El secreto duró 10 semanas, mucho más de lo que muchos hubieran esperado en el despiadado mundo de los medios británicos.

Y de pronto, todas las declaraciones en televisión estaban llenos de alabanzas. Un canal incluso acudió a la mezquita de Londres durante la oración del viernes para preguntar a varios musulmanes qué pensaban de la misión de Enrique.

Algunos generales señalaron además que Enrique podría regresar en otro despliegue a Afganistán.

(Por Paul Majendie; Traducido por Servicio Online de Madrid, editado en español por Marion Giraldo)

Mesa de edición en español +562 4374447

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