4 de agosto de 2008 / 0:02 / en 9 años

ENFOQUE-Espíritu de festival desafía inestabilidad del Líbano

Por Alistair Lyon, corresponsal especial

BEITEDDIN, Líbano (Reuters) - Las notas del saxofón del intérprete de jazz estadounidense Branford Marsalis flotan en el fresco aire nocturno de un palacio en el Líbano.

El aplauso generado por la bella música también parece contener dejos de alegría y alivio porque los festivales de verano boreal del Líbano están devuelta, después de dos años de cancelaciones forzadas por una guerra con Israel en el 2006 y por las batallas con los militantes islámicos del año pasado.

“Significa que la vida normal está regresando, esperamos, y es un signo positivo,” dijo Karen Kilejian, una funcionaria de finanzas de un supermercado, en las afueras del palacio Beiteddin que data del siglo XIX.

Lidiar con la inestabilidad no es nada nuevo para los organizadores, el público y los artistas de los eventos culturales del Líbano.

El festival de Beiteddin, en las colinas Shouf al sudeste de Beirut, comenzó en 1985 en plena guerra civil del Líbano, una época en que las gloria del venerable festival Baalbek eran un recuerdo lejano y sus inquietantes ruinas romanas permanecían en silencio.

El público, vestido informalmente en Beiteddin, estaba feliz con la posibilidad del escape, aunque breve, de las tensiones políticas y erupciones de violencia que acosan a su pequeño país.

“Tienes dos tipos de personas, aquellos que viven en base a su cultura y aquellos que viven en base a las armas,” dijo Jean-Marie Megalbani, una cirujana de 63 años.

“Esperamos que prevalezca el aspecto cultural, que prevalezcan la democracia y los derechos humanos,” sostuvo.

Para Majida al-Roumi, una cantante libanesa reconocida en todo el mundo árabe, el regreso de Beiteddin y de los demás festivales demuestran la capacidad de recuperación del Líbano.

“El pueblo libanés tiene la voluntad de un luchador. No se rinde ante la muerte,” dijo a Reuters en el exuberante jardín de la casa de su familia en Kfarshima, con vista al aeropuerto de Beirut.

“La voluntad de vivir es más fuerte que la muerte, la felicidad es más fuerte que la tristeza, y la paz es más fuerte que la guerra,” aseveró.

Sin embargo, los organizadores de todos modos se enfrentaron a decisiones difíciles antes de avanzar con los festivales de este año, todos planeados mientras el Líbano estaba paralizado por una crisis política que en mayo llevó brevemente a enfrentamientos callejeros, dejando unos 80 muertos en total.

“EN CONTRA DEL ODIO”

Tras reconocer que las condiciones políticas eran muy difíciles, la portavoz Asma Freiha dijo que el festival Baalbek tenía una misión cultural con Medio Oriente y ayudaba a atraer turistas al Líbano.

“Es un desafío que más allá de todas las probabilidades podamos hacer algo de cultura, simplemente estar allí en contra de la guerra y el odio y todos estos problemas,” señaló.

El festival Baalbek fue fundado en 1956 y en su punto máximo, previo a la guerra civil, atrajo a artistas como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Um Kalthoum, Herbert von Karajan, Jean Cocteau y Fairuz.

La nómina artística de este año es menos estelar, pero no menos ecléctica: desde la cantante argelina Wardeh a la diva mexicana Astrid Hadad, la soprano clásica Hasmik Papian y la cantante de jazz brasilera Tania María, al igual que la estrella pop británica nacida en el Líbano Mika.

Mika, llevada al Líbano en conjunto con el festival Beiteddin, actuó ante unas 15.000 personas y de esa manera colaboró con los presupuestos de ambos festivales.

Los organizadores mantienen hasta ahora sus dedos cruzados por que no ocurra nada que perturbe los programas de este año.

Wafa Saab, portavoz de Beiteddin, recordó la tragedia del 2006 cuando el 12 de julio estalló el conflicto entre la guerrilla chiíta Hezbollah e Israel, dos días antes de la primera presentación.

“Todo estaba listo, sólo estábamos esperando que llegaran los artistas (...) Y luego tuvimos que cancelarlo todo,” narró.

Este año los posibles artistas dudaron en comprometerse, dada la crisis política que había dejado al Líbano sin presidente durante seis meses hasta mayo y sin un Parlamento que funcione o un Gobierno que no sea impugnado.

“Algunos de ellos necesitaron mucho convencimiento. Algunos no quedaron convencidos,” dijo Saab. “No podemos culparlos,” agregó.

Sostuvo que el festival buscaba traer sólo presentaciones de alta calidad al Líbano, donde “muchas de las artes escénicas, la música, el teatro y demás se han vuelto muy comerciales en los últimos años.”

Algunos críticos dicen que los festivales también han sucumbido a la tendencia de hacer poco por enriquecer una empobrecida escena artística local.

“Estos abren el espíritu cosmopolita de los libaneses, la apertura al exterior y la relación entre Oriente y Occidente,” dijo Abbas Beydoun, editor cultural del periódico as-Safir de Beirut.

Pero señaló que el dinero gastado en festivales, o incluso el pequeño subsidio que algunos reciben del Gobierno, era más necesario en los atribulados teatros del Líbano y en su nebulosa industria cinematográfica.

“Tenemos los festivales pero no tenemos compañías (locales) de teatro,” se quejó. “Los actores y directores están todos sin trabajo. Como todos los países, EL Líbano necesita una base cultural y artística,” añádió.

Ya sea que esas inquietudes sean válidas o no, no arruinan el estado de ánimo de quienes concurren al festival en los elegantes jardines arqueados de Beiteddin.

“La atmósfera es hermosa y la naturaleza acústica es muy buena,” dijo el ama de casa Tamara Zeidan. “Tratamos de ignorar la agitación política y vivir nuestras vidas tanto como podemos,” explicó.

(Editada en español por Marion Giraldo)

Mesa de edición en español +562 4374447

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