14 de diciembre de 2007 / 11:25 / en 10 años

ENFOQUE-Editoriales de América Latina, a la caza de lectores

Por Anahí Rama y Patricia Avila

MEXICO DF/MONTEVIDEO (Reuters) - En México, el país de habla hispana más poblado del mundo, florecen sin pausa los supermercados y centros comerciales, de la mano de la estabilidad económica. Pero las librerías no han tenido tanta suerte.

Con 105 millones de habitantes, México es probablemente uno de los casos más críticos de falta de lectores con el cierre de unas 200 librerías desde 1995 a la fecha, pero el panorama se repite a lo largo de América Latina con la excepción de Argentina, Uruguay y Chile.

La región ha continuado siendo una de las de peor distribución del ingreso del mundo y tiene grandes masas viviendo en la pobreza, lo que impone una barrera al surgimiento de nuevos lectores.

“Cada vez se invierte más en el ‘marketing editorial’, en toda la campaña que se hace alrededor de un libro, en estudiar las diferentes formas para que la persona se acerque al libro,” dijo Marisol Schulz, directora editorial de la filial mexicana de Alfaguara.

“No es muy alentador el panorama,” agregó.

Paradójicamente, las editoriales luchan contra un bajo índice de lectura global, pero continúan lanzando miles de títulos para satisfacer todas las demandas.

Para unos, la amplia oferta de obras conspira contra la posibilidad de atraer a los lectores, mientras que para otros la gama ofrece una seguridad a la industria y al género literario.

“La cantidad de títulos es como una apuesta diversificada para capturar a un lector cada vez más evanescente (...) Ahora se publica más, pero las tiradas son cortas y las librerías no pueden manejar todo lo que se publica,” comentó el presidente de la Cámara Argentina del Libro, Carlos de Santos.

LOS FUTUROS LECTORES

Aun en los países donde la producción literaria ha ido en aumento, los niveles de lectura están a años luz del que se registraba en las décadas de 1960 y 1970.

Actualmente, parece haber una conjunción de, por un lado, más competencia para atrapar el tiempo libre sobre todo de los futuros lectores, los niños, tales como videojuegos y televisión por cable y; por el otro, una falta de políticas permanentes de incentivo a la lectura.

“Las campañas de fomento de la lectura usualmente no sirven. Necesitamos planes integrales de fomento y que sean políticas públicas constantes,” dijo Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro.

En México, varias ferias del libro organizan un sinnúmero de actividades para los pequeños e, incluso, hay una programada sólo en función de niños y jóvenes.

“En la FIL (Feria del Libro de Guadalajara) organizamos más de 2.000 actividades para niños y recibimos más de cien mil niños,” dijo a Reuters Nubia Macías, directora de la principal feria del libro mexicana, cuya última edición terminó hace algunos días.

“Siempre decimos que, si ‘fichamos’ a algunos de esos niños como lectores para siempre, ya ganamos,” afirmó Macías, utilizando un lenguaje usado en el fútbol para hablar de la contratación de un jugador.

LECTORES Y CRISIS

Pero no todo son malas noticias para la región en materia de lectores. Tras perder clientes por la guerra civil y la dictadura militar, respectivamente, Colombia y Chile están recuperando lectores, sobre todo para sus propios escritores.

“La crisis económica del siglo pasado afectó sustancialmente los índices y esto, mezclado con la situación política, llevó a la gente a emigrar, recortando aún más la población lectora,” dijo Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro.

Melo señaló que en los últimos años se nota una recuperación, a lo que contribuyó una ley destinada a que los libros se mantengan a precios bajos, algo por lo que en México reclama la Cámara Nacional de la Industrial Editorial Mexicana (CANIEM), desde hace tiempo.

En Chile, tras la dictadura militar que acabó en 1990 y de la mano de una economía pujante, surgieron una gran cantidad de autores que encontraron un lugar entre sus compatriotas, pero los índices de lectura aún no se encuentran “en los niveles que el país necesita,” opinó Castillo.

“El país se ha desarrollado en otros ámbitos de manera importante en los últimos 25 años, pero el desarrollo cultural no ha llevado el mismo ritmo,” dijo.

Tras la severa crisis económica del 2001, Argentina recuperó lentamente su producción y en el 2006 el número de títulos editados aumentó un 12 por ciento a 19.426 ejemplares, con relación al año anterior. Casi la mitad de las obras impresas pertenecía a autores locales.

Según un estudio español, entre el 2001 y el 2005 la publicación de novedades y reediciones en América Latina aumentó un 31 por ciento.

En Uruguay, uno de los países más pequeños de América del Sur con 3,3 millones de personas, se publican casi 20 libros anuales cada 100.00 habitantes, según el mismo reporte.

En la capital, donde reside la mitad de la población, pueden encontrarse hasta dos librerías por cuadra en la avenida principal de la ciudad.

“El mercado uruguayo después de la crisis del 2002 volvió a florecer. Se vuelve a estar en los niveles de la década de 1990, donde se vendía muy bien y se producía muy bien,” comentó Claudia Garín, editora de la filial uruguaya de Planeta.

En el llamado circuito literario de Montevideo, de no más de seis calles y más de 20 librerías de canje y venta, los uruguayos, así como los turistas, pueden encontrar todos las novedades, pero también ejemplares de libros y revistas que llegan hasta la década de 1920.

“Es un muy buen lugar y realmente raro porque se encuentran títulos muy viejos,” comentó Lars, un alemán de 28 años, mientras ojeaba una mesa repleta de libros de la década de 1960.

En Ruben, una de las librerías más grandes del lugar, una clienta recibía en el mostrador sus tres bolsas de ejemplares, una joven esperaba por una decena de novelas de Corín Tellado y una pareja miraba viejos libros de Sidney Sheldon, mientras su pequeño hijo hacía fila para llevarse cuatro revistas de historietas.

“Han cambiado los gustos, pero el libro no ha entrado en crisis, eso es un mito,” dijo Carlos Rosas, atrás del mostrador de la librería de canje y venta.

Reportes de Anahí Rama y Patricia Avila

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