15 de diciembre de 2007 / 2:59 / hace 10 años

ENFOQUE-América Latina intenta frenar grave piratería de libros

Por Antonio de la Jara

SANTIAGO (Reuters) - Las historias de corsarios abundan, pero hallar en el centro de la capital chilena un vendedor de libros copiados o “piratas,” como se los conoce y que antes inundaban las calles, puede convertirse casi en una novela policial.

Los numerosos vendedores informales que ofrecían copias de libros a plena luz del día en el Paseo Ahumada, la más importante vía peatonal de Santiago, han desaparecido, al menos hasta que llegue la noche en la capital.

“A esta hora no va a encontrar nada. Mucho paco (policía). Venga cuando esté más oscuro,” dijo desconfiado y mirando de un lado a otro un vendedor de periódicos y revistas cerca de la plaza de armas de la ciudad.

La falsificación de libros ha tocado hondo en América Latina, región fértil en premiados escritores y poetas, pero en la que cunde el robo y desprotección de la propiedad intelectual con copias a precios muy inferiores a los originales.

Los más afectados son los libros de interés general, especialmente la literatura de autores locales. Otros son los textos de autoayuda, superación personal y los “bestseller,” según un estudio del Centro Regional para el fomento del Libro en América Latina y El Caribe.

Pero algunos países, como Chile y México, han decidido poner cortapisas a las mafias que andan a la caza de los libros más vendidos en el continente.

En México, la lucha contra la piratería ha marcado importantes hitos este año, tras decomisarse unas 300 toneladas de copias falsificadas en operativos a bodegas y vías públicas en el centro de la Ciudad de México.

En el centro de Santiago, casi 40 personas fueron multadas desde que hace un mes se lanzó una campaña contra el comercio callejero, que castiga a los que compran libros y otros productos que se venden de manera ilegal.

Además, el Gobierno chileno y la oposición enviaron un proyecto al Congreso que contempla el endurecimiento de las penas contra el comercio ilegal y la piratería. La policía de Investigaciones, en tanto, se alista para estrenar una unidad especializada ante las próximas fiestas de fin de año.

En Perú esperan con ansias el efecto de una reducción a cero del arancel de 12 por ciento que afecta a los libros importados. A partir del 2008, la medida podría traer de vuelta a las librerías a grandes clientes como los estudiantes.

UNA LUCHA A MEDIAS

Pese a los esfuerzos, en el mundo literario arrecian las críticas a los gobiernos de la región por su endeble lucha contra la piratería, debido a que las leyes no son tan duras.

“En la mayor parte de nuestros países existen normas, pero por debilidad, porque los gobiernos y policías están en otras cosas, no persiguen de una manera drástica a quienes cometen un delito que no es encarcelable,” dijo a Reuters el colombiano Gonzalo Arboleda, presidente del Grupo Iberoamericano de Editores.

En Venezuela, la copia ilegal de libros ha causado la pérdida de miles de puestos de trabajo en esta década, mientras que Paraguay es uno de los principales abastecedores de falsificaciones a los mercados brasileño y argentino.

En Lima, en espera de la ley que favorece a la importación de libros, vendedores informales ofrecen a pocas cuadras del Palacio de Gobierno miles de textos pirateados y otros aguardan el cambio de luces de los semáforos para ofrecer las más recientes obras.

María Eugenia Valdés, dueña de casa en Santiago y amante de la literatura argumenta que, si bien está consciente del daño que provoca una obra pirateada, defiende el derecho de poder acceder a la cultura en un país con altos impuestos hacia los libros en comparación con otras naciones de la región.

“Me encanta leer y sólo lo puedo hacer a través de libros piratas que cuestan un cuarto o un tercio del original (...) no puedo esperar a mi cumpleaños o que llegue Navidad para que mi hija me regale un libro original,” dijo Valdés.

Pero el presidente del Grupo Iberoamericano de Editores afirma que “en Latinoamérica todavía no tenemos una cultura de respeto por los derechos de los autores y editores.”

En México más de la mitad de los libros vendidos son piratas, dijo hace unos días el presidente del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos del Autor (CeMPro), Gerardo Gally, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

“De cada 10 libros en el país, dos son pirateados, cuatro son fotocopiados (...) esto quiere decir que el mercado informal tienes seis libros y de esos no va a entrar un centavo ni al autor ni al editor,” dijo Gally, según la agencia Notimex.

Con contribución de Mónica Vargas, Rodrigo Martínez en Chile, Anahí Rama en México y Jean Luis Arce en Perú

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