16 de diciembre de 2007 / 4:50 / hace 10 años

ENFOQUE-Escritores cubanos levantan techo de la tolerancia

7 MIN. DE LECTURA

Por Esteban Israel

LA HABANA (Reuters) - En Cuba se puede escribir de todo, dicen los autores de la isla. Otro cuento es que se publique.

Hoy son pocos los temas prohibidos en Cuba, donde en el pasado algunos intelectuales pagaron sus críticas a la revolución con la exclusión, el exilio y, en ocasiones, incluso en campos de trabajo.

"En Cuba se puede escribir sobre cualquier tema, pero cualquier tema no podrá ser publicado," dijo el narrador Arturo Arango.

Su novela "Muerte de Nadie," que relata la desaparición del anciano caudillo de un pueblo imaginario, se publicó en España y República Dominicana, pero no en Cuba.

"Me dijeron que lo más prudente era esperar. Yo, que soy editor, sé que es imposible publicarla, porque una ficcionalización que especula con cuestiones tan sensibles de la política cubana de hoy mismo está entre esos temas que quedan más allá de los límites," explicó Arango.

Su novela, dice, fue escrita desde la izquierda, con "honestidad" y hasta "angustia" por el destino de Cuba.

La enfermedad de Fidel Castro, quien transfirió hace 16 meses el poder a su hermano Raúl y no aparece en público desde entonces, enfrentó a los cubanos a un futuro sin el líder que los gobernó durante casi medio siglo.

Sus políticas sociales elevaron la tasa de alfabetización a 96,9 por ciento y crearon un pueblo de lectores. Tras la revolución de 1959, dicen, repartían el Quijote con el periódico y un poeta novato debutaba con una edición de 5.000 ejemplares.

Pero el espacio para la crítica, incluso aquella comprometida, fue a menudo estrecho.

Leonardo Padura, el novelista cubano más publicado hoy en el extranjero, dice que actualmente el techo de lo permitido es más alto que nunca.

"Y no porque las instituciones hayan levantado las paredes, sino porque los escritores, pintores, músicos y cineastas lo han empujado," dijo en una entrevista.

Novela Social

La generación de Padura, Arango y Pedro Juan Gutiérrez, el autor de la "Trilogía Sucia de La Habana," se distanció de la épica revolucionaria y del realismo socialista que marcó la obra de escritores anteriores.

Desde la década de 1990, los textos de estos y otros escritores despertaron un apetito por la literatura cubana que no se veía desde los tiempos de clásicos como Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier y José Lezama Lima.

Mario Conde, el detective escéptico y reflexivo que protagoniza "Vientos de Cuaresma" y otras de las novelas negras de Padura, pasea al lector por el bajo fondo de la sociedad contemporánea de Cuba.

Durante las últimas dos décadas, dijo el escritor, la narrativa cubana ha jugado un papel testimonial y se anticipó al periodismo en el descubrimiento de ciertos temas como la prostitución, la corrupción, las drogas o la actitud de los jóvenes.

Pero en su obra, explica Padura, la lectura política es secundaria. Lo primero es lo social.

"Yo creo que la literatura no puede estar tomándole todo el tiempo el pulso a la política. Pienso que hay una posibilidad de indagación en el ámbito cubano y de reflexión como no había habido nunca antes," dijo.

En el ensayo "Tumbas sin Sosiego," Rafael Rojas, un historiador radicado en México, identifica tres líneas en la narrativa contemporánea cubana: una que bucea en la historia para explicar el presente, otra que juega con el erotismo y una tercera que se regodea en las miserias de la cotidianidad.

"Espacio De Libertad"

Para entender la libertad creativa de hoy, dicen los escritores, hay que remontarse a la crisis económica de la década de 1990, cuando las editoriales cubanas se quedaron sin papel y ellos tuvieron que buscarse la vida en el mercado internacional.

"Se creó un espacio de libertad. Los escritores comenzaron a sentirse menos dependientes de una estructura estatal y hay toda una reflexión sobre la realidad cubana que, en años anteriores, no nos la hubiéramos planteado y no se hubiera materializado," dijo Padura.

Los márgenes se estiraron un poco más a comienzos del 2007, cuando la aparición en televisión de un antiguo censor desató entre los intelectuales cubanos un intercambio de e-mails sin precedentes sobre la represión cultural en la década de 1970.

"Yo diría que sacudió un apoliticismo que se expandía entre ciertas zonas de la intelectualidad," dijo Arango.

Antes pocos hablaban de aquel período gris de la cultura cubana. Ahora el tema es incluso objeto de tesis en la universidad.

El Estigma Cuba

La enfermedad de Castro multiplicó el interés por Cuba y eso, dicen los autores, es a veces un arma de doble filo.

"Cuba tiene una extraña capacidad para ponerse de moda y esas modas crean expectativas, casi siempre equivocadas, porque responden a prejuicios o a tópicos preestablecidos," sostiene Arango.

Padura dice, por ejemplo, que cuando la desaparición de la Unión Soviética dejó en la década de 1990 a Cuba a la deriva, el interés por la isla se disparó a niveles morbosos.

"Hay una lectura casi directamente política de todos los textos cubanos, al punto que si tu escribes algo que sea crítico de la realidad dicen que escribes contra el sistema y si no criticas nada dicen que escribes a favor," comentó.

Según el jefe del Departamento de Cultura del Partido Comunista, Elíades Acosta, hay que acabar con la "práctica de silenciar los problemas."

"Institucionalmente la crítica no siempre se permitió, ni se comprendió, ni se estimuló," dijo en una reciente entrevista publicada en el sitio cubano Cubarte (www.cubarte.cult.cu).

"Se creó una especie de síndrome de autocensura: 'me voy a buscar problemas si entro en un tema escabroso' (...) Los silencios son fatales en una sociedad, los olvidos, la autocensura o la censura desmedida, porque la hay en todas las sociedades divididas en clases. Donde hay Estado hay censura," añadió.

Uno de los tabú que subsisten en Cuba es la figura de Fidel Castro. También hay capítulos en blanco, como el que se abrió con su enfermedad.

"Esa literatura se va a escribir. Pero la literatura necesita un tiempo de reposo, porque sería escribir de la incertidumbre y desde la incertidumbre," dijo Padura.

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