Tim Robbins realiza cruzada contra el ruido en nueva película

martes 23 de octubre de 2007 08:30 GYT
 

Por Silvia Aloisi

ROMA (Reuters) - ¿Alguna vez ha soñado con destrozar aquel auto en su vecindario cuya alarma tiene el mal hábito de encenderse en medio de la noche?

El director estadounidense Henry Bean solía hacer eso, entrar a los vehículos de otras personas para desactivar sus alarmas, para poder tener un sueño reparador. Terminó en la corte y en la cárcel, hasta que decidió parar y hacer una película sobre ello.

"Noise," la provocativa segunda película de Bean, está protagonizada por Tim Robbins, como David, un hombre de una familia de clase alta que enloquece por los ruidos altos de Nueva York: chirriantes camiones de basura, bocinas, buscapersonas de seguridad y, lo peor de todo, alarmas de coches chillando a todas horas.

David se vuelve tan obsesionado por el ruido que se convierte en un vigilante vestido de negro, "El rectificador," realizando su propia cruzada contra esas malditas alarmas que destruyen su calma.

Tras terminar en la cárcel y casi arruinar su matrimonio, decide continuar su lucha de manera legal, reuniendo firmas para una petición que espera poner la cuestión sobre el tapete en una próxima elección del consejo.

La iniciativa es inmensamente popular, pero se ve bloqueada por el falso alcalde de la ciudad, interpretado por William Hurt, quien fuerza a David a recurrir a una estrategia extrema para dar a entender su punto.

"Forzar la entrada a un auto cuya alarma está sonando desde hace horas, ser arrestado, ir a la cárcel, comparecer ante un juez, todo eso me sucedió a mí, yo hice eso," dijo a periodistas Bean, quien vive en Nueva York, luego del estreno de su película en el festival de Roma, ante la aclamación de la crítica.

"Cuando me arrestaron ya lo venía haciéndo mucho. Lo había estado haciendo durante años. Pero cuando pasé la noche en la cárcel y me costó varios miles de dólares, comencé a pensar que no estaba llegando a ningún lado continuando por este camino," agregó.

"Confieso que un par de veces no pude controlarme después, y salí y lo hice nuevamente y no me arrestaron en esas oportunidades (.) De hecho, nunca encontrarán un policía que les diga que estas cosas (alarmas de vehículos) hacen algún bien," expuso.

La película es la aguda y por momentos hilarante segunda parte de una trilogía de Bean que explora el fanatismo religioso, político y artístico.