20 de diciembre de 2008 / 10:00 / en 9 años

La Opera busca adaptarse en medio crisis económica EEUU

Por David Storey

WASHINGTON (Reuters) - Antes de cada interpretación de "La Boheme" de Puccini en la Opera de San Francisco, el director de la compañía David Gockley aparece desde el interior del telón para entregarle un mensaje lúgubre al público.

Gockley les dice que quiere "atender todas sus preocupaciones sobre cómo se estaba viendo afectada la Opera de San Francisco por el tumultuoso estado de la economía".

Los fanáticos de la ópera podían esperar "una menor cantidad y menos elaboradas producciones", anuncia el director.

El telón luego se levanta sobre una buhardilla parisina venida a menos donde un empobrecido escritor, Rodolfo, quemaba en la estufa una copia de su obra inédita para protegerse él y a sus amigos del frío.

La miseria de los personajes en escena no es algo que los 3.000 miembros del acomodado público de San Francisco, o los millones de aficionados a la ópera de todo Estados Unidos, probablemente vivan en carne propia.

Pero la crisis económica que envuelve al mundo se está sintiendo incluso en las más grandiosas salas de ópera de Estados Unidos, dando lugar a recortes e incluso a cierres después de décadas de crecimiento.

En un negocio que se planea con años de antelación, los efectos podrían demorar mucho en dejar de sentirse.

Con 58 años de antigüedad, la Opera de Baltimore se declaró en bancarrota y canceló sus producciones restantes, Chatanooga Opera Company en Tennessee suspendió sus producciones y Opera Pacific, en Santa Ana, California, cerró sus puertas.

La mayoría de las otras salas dijeron esperar que sus programas principales continúen, aunque la venta de entradas en general ha mermado.

La Metropolitan Opera en Nueva York implementó un sorteo de un bloque muy reducido de entradas para representaciones de fin de semana en respuesta a la recesión.

La venta de entradas, sin embargo, representa sólo una pequeña proporción del costo.

Mark Weinstein, de la Opera Nacional de Washington, dijo que incluso una presentación con localidades agotadas aportaba menos de la mitad de los 4 millones de dólares de costo que aproximadamente se necesitan para montar una obra normal allí.

AJUSTARSE EL CINTURON

Es probable que la verdadera envergadura del problema se haga evidente en los próximos meses si las donaciones siguen cayendo, si los auspicios corporativos continúan secándose y si disminuyen las fundamentales donaciones individuales más pequeñas, de las que dependen muchas compañías.

Marc Scorca, presidente de Opera America, una asociación de 114 compañías estadounidenses, dijo que el final del año es un momento crítico en el que llegan las donaciones individuales. "Realmente debemos prestar atención en enero", afirmó Scorca.

En Detroit, hogar de la colapsada industria automotriz estadounidense, una importante inversora en las artes, el Opera Theater de Michigan reaccionó ante la disminución de fondos cancelando una producción de "I Pagliacci" de Leoncavallo para el 2009.

El fundador y director general David DiChiera dijo que la sala por ahora había sido capaz de evitar despidos.

"Ahora, sin embargo, debemos tomar todo en cuenta para ordenar nuestros costos y asegurar nuestra máxima estabilidad fiscal. Y eso es lo que hemos hecho", agregó DiChiera.

Las salas de ópera en Europa, que gozan de más respaldo gubernamental, también están sintiendo la estrechez y se enfrentan a recortes.

"Ninguno de nosotros está a salvo de los duros vientos de cambio que ahora están arrasando con el mundo", dijo Nicholas Payne, director de Opera Europa, que proporciona servicios para las compañías de ópera profesionales.

Poniendo la crisis de Estados Unidos en perspectiva, Scorca dijo que la desaceleración vino a continuación de años de expansión. Casi un 40 por ciento de las compañías de ópera que existen ahora fueron creadas desde 1980. "Ha sido una notable historia de crecimiento", dijo.

Esa tendencia ahora se ha interrumpido.

"Pienso que habrá una reestructuración", dijo Weinstein de la Opera Nacional de Washington.

Sin embargo, dijo tener fe en la fuerza a largo plazo del negocio de la ópera.

Si bien es un arte caro, no está impulsado por el dinero, sino por sus apasionados seguidores, afirmó. Para sobrevivir, las compañías de ópera deben ser flexibles y "adelantarse a los ciclos comerciales".

Dejando en claro esa actitud pragmática, la Opera Nacional de Washington pospuso su producción del ciclo completo de las cuatro piezas del Ring de Wagner previstas para la temporada 2009-2010, un proyecto muy caro que había sido planeado durante siete años.

"Cerramos bien los números el año pasado y estamos cerca de hacerlo nuevamente este año", dijo Weinstein.

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