3 de enero de 2009 / 15:43 / hace 9 años

Proyecto teatral tiene gran efecto sobre cárcel libanesa

6 MIN. DE LECTURA

Por Alistair Lyon

ROUMIYEH, Líbano (Reuters) - El humo de cigarrillo flota en el aire de una sala de la mayor cárcel del Líbano, donde un jurado compuesto sólo por hombres debate si un acusado de asesinato debe ser ahorcado o no.

Los 12 hombres, todos prisioneros, se esfuerzan por llegar a un veredicto unánime. Las personas se enojan, los insultos fluyen, el estallido de la violencia es una amenaza constante.

Entonces, alguien olvida sus líneas. Estallan las carcajadas. Vuelven a comenzar. Ocasionalmente la frustración da lugar a una verdadera discusión, hasta que la firme voz de la directora Zeina Daccache restablece el orden.

Con jeans y un saco negro, ella critica y persuade a sus novatos actores, quienes se enojan, replican y luego interpretan con un entusiasmo renovado, al igual que sus pares en cualquier teatro.

Algunos relatan sus propias historias en monólogos.

Hawilo representa una cómica visita carcelaria con su madre quien, sin darse cuenta, lo condenó por venta de drogas en vez de por posesión. "¡Buenas noticias hijo, le dije al juez que nunca fumaste hachís, solo lo vendes!" la imita Hawilo, antes de hacer de cuenta que se desmaya.

Durante algunas horas por semana, estos hombres olvidados experimentan un mundo más allá de los barrotes de Roumiyeh, una atestada prisión cerca de Beirut que alberga a militantes islámicos y a más de 4.000 criminales comunes.

Desde que lanzó su proyecto de teatro terapéutico en febrero del 2008, Daccache se ha ganado el respeto y el afecto de los convictos, que la llaman "Abu Ali," considerándola tan ruda como cualquier hombre.

Anwar, un iraquí alto y de cabeza rapada que viste pantalones y botas de combate y cumple una sentencia de 15 años por asesinato, dijo que ella era "como una hermana" que les había abierto una puerta.

"Es una suerte de libertad para todos nosotros," dijo el convicto. "Me ha dado coraje para estar con otros. Antes era como si todos estuviéramos usando máscaras, pero he descubierto una nueva persona dentro de mí. Era muy irascible, me sobresaltaba por cualquier error, era impaciente y peligroso, pero ahora me tomo mi tiempo, cuento hasta 10," agregó Anwar.

Anwar, quien no ve a su familia de Bagdad hace 11 años, dijo que el proyecto teatral, en el que el interpreta al presidente del jurado, había canalizado su enojo y lo había salvado de caer en una desesperación fatal.

"Me iba a suicidar en año nuevo (del 2008), pero he cambiado de opinión," dijo Amwar. "Antes me sentía un criminal, como una basura, pero ahora me siento respetado, incluso por parte de los oficiales de la prisión", agregó.

Mision Imposible

El emprendimiento de Daccache, auspiciado por un grupo de derechos humanos local, financiado por la Unión Europea y administrado por el Ministerio Estatal para la Reforma Administrativa, es inusual en el mundo árabe.

"Pensaba: ¿Líbano? No, es una misión imposible", dijo esta actriz y terapeuta teatral de 30 años, que se sintió inspirada al visitar un proyecto similar en una prisión italiana en 2002.

Le tomó un año conseguir el dinero y otro año obtener la aprobación de las autoridades, pero los prisioneros ya están listos para montar su obra ante invitados en febrero y marzo.

Las autoridades de la prisión no apostaron guardias dentro del teatro improvisado donde Daccache ensaya con 45 presos.

"Ella es como una ventana de esperanzas para nosotros," dijo Hussein, un diseñador gráfico que cumple una condena de cinco años y quien toca la guitarra en los intervalos.

"Zeina se convertirá en una leyenda. Ella realmente hizo algo por todos nosotros," agregó Hussein.

Daccache adaptó la obra "12 Angry Men", del autor estadounidense Reginald Rose, por las condiciones locales y sus propios propósitos. Ella tiene dos jurados para dar posibilidad de actuar a más prisioneros.

La pena de muerte, el centro del drama devenido en película en 1957 por el director Sidney Lumet, todavía está en los libros en Líbano. Las ejecuciones son inusuales. Las últimas tres ocurrieron en 2004.

En Roumiyeh, escenario de un motín carcelario en abril, los guardias han percibido un cambio en el grupo que hace teatro.

"Hemos visto más motivación. Los prisioneros sienten que alguien les está prestando atención", dijo el supervisor del ala que alberga el teatro. "Ha reducido la presión en un 70 por ciento," agregó.

Daccache ha convocado a un psicólogo para que realice evaluaciones independientes a los miembros de su elenco y a un grupo de control para los otros prisioneros.

"No hemos terminado el estudio, pero ya vemos una enorme diferencia entre donde estaban y donde están," remarcó.

El proyecto le insume todo su tiempo. Dos ensayos por semana se han convertido en cinco. Entonces ¿por qué sacrificar esas horas extra, y luego más tiempo para discutir con donantes, burócratas y personal carcelario?.

"Cuando estoy en la prisión es cuando más feliz estoy," dice Daccache con una sonrisa.

"Allí lidias con personas auténticas. Si un hombre está enojado, está realmente enojado. Afuera fingimos tantas cosas. Aquí eso no pasa, tal vez porque ellos perdieron todo y están listos a empezar de cero. Nosotros nos tomamos las cosas con tranquilidad, pero ellos no, quieren demostrar algo, hay algo que quieren decir, y eso es lo bello," dijo la directora.

Editado en español por Javier Leira

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