23 de febrero de 2009 / 18:30 / hace 8 años

Ecuador celebra el carnaval con un lucha de purificación

<p>Un participante de las celebraciones del carnaval de Guaranda posa para una fotograf&iacute;am Ecuador 22 feb 2009. Ataviado con un colorido poncho, pantalones de cuero de borrego y un sombrero t&iacute;pico, Guido Zapata ingresa a una de las ciudades andinas del Ecuador, en medio de una "guerra" de agua, espuma de jab&oacute;n y harina protagonizada por euf&oacute;ricos ind&iacute;genas y mestizos.Guillermo Granja (ECUADOR)</p>

Por Alexandra Valencia

GUARANDA, Ecuador (Reuters) - Ataviado con un colorido poncho, pantalones de cuero de borrego y un sombrero típico, Guido Zapata ingresa a una de las ciudades andinas del Ecuador, en medio de una "guerra" de agua, espuma de jabón y harina protagonizada por eufóricos indígenas y mestizos.

Su arribo a la fría ciudad de Guaranda, enclavada en las faldas del volcán Chimborazo, el más alto del país, marca el inicio del Carnaval, una fiesta para despojarse de las "carnes" y de lo malo, previo al tiempo de reflexión que significa la cuaresma en la tradición católica ecuatoriana.

Al igual que Zapata, ecuatorianos designados por sus méritos encarnan a lo largo de los pueblos andinos de la nación al "Taita Carnaval", un mítico personaje que representa el bienestar y la abundancia y lidera la celebración de purificación.

"El carnaval es una purificación, quitar las carnes, los excesos, los abusos. Es un momento de arrepentimiento, de reflexión", dijo Zapata, un hacendado de 66 años, que por su contribución al rescate de las tradiciones de la ciudad fue designado Taita Carnaval para este año.

El carnaval de Guaranda, una pequeña ciudad agrícola de unos 22.000 habitantes, se ha convertido en el mayor del país por su antigüedad y por la singular manera de celebrar la fiesta. Otras ciudades se han sumado a los festejos con bailes, comparsas y gastronomía.

Para los indígenas, el "Taita Carnaval", que significa el padre de la fiesta, debe ganar una batalla con el "Guambra" o "Yarcay", que representa la hambruna y la miseria, para asegurar mejores cosechas en el siguiente año.

La lucha se traslada a la celebración, pero con otras armas.

Sin importar el intenso frío que caracteriza a Guaranda, a unos 2.650 metros sobre el nivel del mar, la gente se concentran en las calles para librar un combate que termina con cuerpos mojados y llenos de espuma, cabezas blancas por la harina y rostros de colores por la pintura que se lanzan unos contra otros.

"En el carnaval todos son los mismos, no hay clases sociales. Todos se convierten en un participante de la fiesta", dijo Edison Patiño, ex presidente de la Cámara de Turismo de Guaranda, conocida como "la ciudad de los eternos carnavales".

RECUPERAR LA ESENCIA

Decenas de máscaras con narices largas, cuernos y llamativos colores recorren en la oscuridad de la noche las calles de Guaranda, en medio de la música tradicional y sorbos de "pájaro azul", una mezcla de aguardiente con frutas y especias, para combatir el frío.

El diablo con diferentes expresiones, el sol y la luna y dioses indígenas cubren los rostros de familias enteras mestizas, que buscan dejar a un lado el agua y la harina y "culturizar" la fiesta.

La intención de las autoridades es buscar alternativas para rescatar la tradición del carnaval en la zona y volverla a sus inicios, cuando llegó con los españoles y se caracterizaba por la música y los trajes multicolores.

Los indígenas añadieron a la celebración el canto, baile, licor, agua y comida, según historiadores.

En Guaranda convive una gran población indígena pobre con hacendados mestizos, marcando una diferencia social entre ambos grupos como se evidencia en la mayoría de las poblaciones andinas del país.

"La idea es cambiar la percepción del carnaval, porque se está haciendo monótono. Lo autóctono era la banda de pueblo, el baile, la danza, pero hay que mantener la fusión como un hecho folclórico", dijo Alonso Larrea, uno de los organizadores del festival de las máscaras.

En otros puntos del país, el juego del carnaval con agua y harina se ha convertido en una comparsa que fusiona bailes, carros adornados con flores y frutas y música tocada con instrumentos andinos.

Sin embargo, la tradición del agua persiste a lo largo de la nación, tradicionalmente católica.

"En Guaranda se pasa muy bien. El carnaval es lo máximo y cada año vengo a esta ciudad", dijo Estaban García, un joven que viajó durante cinco horas por vía terrestre desde la costa del país para participar en la conocida celebración.

Reporte Alexandra Valencia. Editado por Silene Ramírez

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