11 de marzo de 2009 / 12:22 / hace 9 años

Pistola oro y Virgen conviven en "narcomuseo" mexicano

Por Anahí Rama

MEXICO DF (Reuters) - Dentro de los cuarteles generales del Ejército en México, la imagen de la Virgen de Guadalupe convive con una pistola de oro con esmeraldas y un perro disecado, todas piezas de un museo que muestra el violento mundo del narcotráfico.

El bautizado “Museo de Enervantes” pertenece a la Secretaría de la Defensa y no está abierto al público: sirve para capacitar a los soldados sobre el estilo de vida narco y las formas de traficar hacia Estados Unidos, según las autoridades.

Al avanzar por el museo sorprenden un celular de oro y diamantes, una camiseta blindada del capo Osiel Cárdenas, fusiles de asalto, rifles de alto poder, laboratorios clandestinos de metanfetaminas y hasta fotos del caso de una mujer que buscaba traficar heroína dentro de sus glúteos.

México vive una ola de sangrientas ejecuciones relacionadas con el narcotráfico que cobró la vida de 6,300 personas sólo el año pasado, en medio de una encarnizada lucha de los distintos cárteles y bandas por sus territorios.

El problema se ha convertido en una pesadilla para el Gobierno, que ha enviado miles de soldados a distintos estados pero no logra frenar la violencia.

El poderío de los cárteles de la droga locales ha crecido tanto que el museo empezó con una sola sala en 1985, cuando los colombianos reinaban en el negocio, y ahora ya cuenta con 10.

La agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) tiene en sus instalaciones un museo de la droga abierto al público y Colombia abrió años atrás uno en la casa del fallecido capo del narcotráfico Pablo Escobar.

En el museo mexicano, una de las salas aborda la “narcocultura” y contiene uno de los principales símbolos de poder de los narcos: armas bañadas de oro, junto a poderosos fusiles de asalto que a diario siembran el terror en varias ciudades del norte.

ORO Y ESMERALDAS

Una de las piezas más llamativas es una pistola Colt calibre 38 con oro y 22 esmeraldas que luce grabadas las iniciales del fallecido narcotraficante Amado Carrillo Fuentes y que estaba en manos del capo Joaquín Guzmán cuando fue detenido en 1993.

Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa, escapó en el 2001 de una cárcel de alta seguridad escondido en un carrito de ropa sucia y hoy es el hombre más buscado por los gobiernos mexicano y estadounidense, que lo acusan de ser uno de los responsables de la actual ola de violencia.

“Son objetos y armas reales asegurados a narcotraficantes que ya están en la cárcel o que perdieron la vida en enfrentamientos y se encuentran aquí como una muestra de cómo viven ellos”, dijo a Reuters el capitán Claudio Montané, guía del museo, durante un recorrido.

“En ningún caso esto es ostentación de nada, lo vemos como un fenómeno, simplemente”, agregó para aclarar que el museo no busca ser una apología del narcotráfico.

Entre los diversos objetos en exhibición se encuentra un cuadro de la Virgen de Guadalupe, patrona de los mexicanos, en donde llegaron a esconder paquetes de cocaína, entre otros objetos usados para traficar droga.

En un pasillo aparece disecado Zuyaqui, uno de los perros pastor alemán que más drogas detectó en México.

En una pared, una serie de fotos dan cuenta del drama de una mujer colombiana detenida en el aeropuerto de la Ciudad de México que murió por complicaciones de salud. La mujer traía en sus glúteos, bajo la piel, unos 4 kilos de heroína.

Hasta una puerta de caoba puede verse en el museo, con un campesino rifle en mano tallado sobre un fondo de plantas de marihuana, que en sus mejores tiempos era la entrada a una lujosa casa de un jefe narco con pavos reales y caballos.

Los campesinos que cultivan marihuana y amapola también aparecen en el museo. Fotos muestran plantaciones de ese tipo de matas usadas como drogas y también aparecen mensajes -suplicantes o amenazantes- que dejan los agricultores para que los soldados no destruyan sus cultivos.

“Atención, les pido de favor que no me tumben la planta porque no respondo de lo que pase”, dice uno de los mensajes expuestos en el lugar. “No me miran (ven) pero estoy muy cerca, están rodeados. No estoy dispuesto a perder trabajo”, remata.

Montané dijo que muchas veces soldados encuentran en plantaciones el mensaje junto a un fajo con miles de dólares o walkie talkies para comunicarse con el campesino que intenta sobornarlos y “negociar”.

Editado por Pablo Garibian y Silene Ramírez

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