14 de marzo de 2009 / 23:29 / en 9 años

Granjeros afganos cambian las drogas por la acuicultura

Por Hamid Shalizi

SARACHA, Afganistán (Reuters) - Haji Anzurullah cultivaba opio en la provincia de Nangarhar al este de Afganistán, pero bajo la presión de las autoridades abandonó la producción ilegal y encontró una alternativa rentable: la cría de peces.

“Compro miles de peces muy pequeños en Pakistán y los crío aquí. Una vez que están lo suficientemente grandes, se los vendo a los pescadores”, dijo Anzurullah, quien fue capacitado en el negocio acuícola por una organización internacional que ayuda a los residentes a hallar fuentes de ingreso alternativas, en lugar de cultivar amapolas.

Pese a una caída del 19 por ciento el año pasado, Afganistán todavía produce más del 90 por ciento del opio del mundo, el ingrediente en crudo de la heroína.

Se cree que el comercio de estupefacientes de Afganistán inyecta en la economía afgana unos 3.000 millones de dólares al año y que las ganancias ayudan a financiar a los insurgentes talibanes.

El año pasado, Nangarhar pasó de ser la segunda mayor provincia del país en quedar casi libre de producción de amapola.

Esto se debe en parte al poderoso gobernador de Nangarhar, Gul Agha Sherzai, quien ha insinuado que se postulará para las elecciones presidenciales del 20 de agosto.

Sherzai ofrece incentivos financieros a los granjeros de su provincia y asistencia para elegir formas de sustento alternativas y legales, como el cultivo de trigo o la acuicultura.

Si los granjeros se resisten, sus cultivos de amapola son destruidos.

Después de que el Gobierno arrasara con su cosecha, Anzurullah, líder de la aldea Saracha en las afueras de la capital provincial Jalalabad, convirtió sus dos campos de amapolas en estanques donde ahora cría más de 6.000 peces.

Paga sólo 1.000 afganis (20 dólares) por miles de peces en Peshawar, al otro lado de la frontera con Pakistán. Luego los cría durante unos 10 meses y los vende por una abultada ganancia.

Los expertos antinarcóticos dicen que la clave para reducir el cultivo de opio es un Gobierno firme capaz de llevar a cabo trabas que superen las considerables ganancias del cultivo de amapola.

Los granjeros también deben ser persuadidos de que otras actividades pueden acercarse a proporcionar un ingreso comparable al del opio.

“La asistencia económica y en materia de desarrollo no alcanza para vencer al comercio de narcóticos en Afganistán”, decía un informe del Gobierno estadounidense emitido en febrero.

“Las oportunidades para el desarrollo alternativo pueden generar y en efecto generan ingresos razonables, pero además deben estar respaldados por medidas para incrementar el riesgo para los que cultiven amapola, trafiquen narcóticos y apoyen el tráfico”, agregó el texto.

DROGAS AYUDAN A INSURGENTES

A pesar de los exhaustivos esfuerzos antinarcóticos en Afganistán, el cultivo total de opio ha crecido dramáticamente desde que las fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocaron a los talibanes en el 2001.

Esto es especialmente cierto en el sur, donde los talibanes han lanzado una intensa insurgencia contra las tropas del Gobierno y de la OTAN encabezadas por Estados Unidos, financiados con las ganancias del opio, incluyendo las cosechas récord del 2006 y el 2007.

“Casi todo el cultivo significativo ahora es llevado a cabo en zonas inseguras con focos insurgentes activos”, decía el informe estadounidense.

Naciones Unidas estima que los talibanes y otras fuerzas que se oponen al Gobierno en el 2008 ganaron entre 200 y 400 millones de dólares con el procesamiento y tráfico de drogas, y de 50 a 70 millones de dólares con el pago de “impuestos” por parte de los productores de opio y aquellos involucrados en el comercio de estupefacientes.

La producción de opio cayó levemente el año pasado, pero los expertos dicen que eso probablemente se debió más al clima que a cualquier otro factor.

Este año se espera que la cosecha de la droga caiga nuevamente, pero factores como los altos precios del trigo y el exceso de oferta de opio tienen una mayor influencia sobre los granjeros que los esfuerzos internacionales por convencerlos para que abandonen esta rentable planta.

“Si el Gobierno ayuda a desarrollar en Jalalabad la cría de peces y otros medios legales de ingreso, 50 por ciento de las personas desocupadas encontrarán empleo, lo que además podría ayudar a la seguridad”, dijo Hussain Safai, director del Departamento de Agricultura de la provincia.

La acuicultura es una buena opción en un país sin salida al mar donde muchas personas, especialmente las que viven en zonas más remotas, rara vez pueden disfrutar del pescado o los mariscos.

Durante los 30 años de guerra en Afganistán, en los ríos a veces se usaban granadas para atrapar pescados, pero los explosivos también destruyeron los huevos, de modo que en estos días hay pocos peces en su hábitat natural. Muchos ríos también se han secado.

Durante los fines de semana, las familias realizan el viaje de tres horas desde Kabul hasta un lugar de picnic fuera de Jalalabad para comer en las decenas de puestos que venden pescado frito.

“Vine aquí con mi familia para almorzar pescado fresco. El pescado es una comida predilecta para muchos afganos”, aseguró Jawed Sultani, un doctor de Kabul.

En sus estanques, Anzurullah dice que está satisfecho con el éxito de su nueva empresa.

“Es un buen negocio y muy rentable, pero nada puede compararse con las ganancias que dejaban las amapolas”, dijo el hombre entre risas.

(Editado en español por Marion Giraldo)

(Redacción Kabul +93 799 390 693; Mesa de edición en español +562 4374447))

REUTERS NL MG/

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