30 de junio de 2009 / 15:07 / en 8 años

Fiebre del reggaeton sacude a la cultura cubana

<p>Imagen de archivo en que mujeres bailan en un concurso de raggaet&oacute;n durante un evento organizado por la Uni&oacute;n de J&oacute;venes Comunistas de Cuba y el Instituto Nacional de Deportes, en La Habana, 23 jul 2006. Sin mucho apoyo oficial ni espacio en las radios estatales, la m&uacute;sica que los reggaetoneros cubanos graban en estudios improvisados como este se transmite luego como una epidemia mediante discos caseros y memorias flash. Y as&iacute; la fiebre tropical del reggaeton abrasa Cuba, haciendo delirar a los j&oacute;venes y levantando ronchas a un "establishment" cultural alarmado por sus letras a menudo vulgares como "Coge mi tubo" o "M&eacute;tela". REUTERS/Claudia Daut/Archivo</p>

Por Esteban Israel

LA HABANA (Reuters) - Para grabar su próximo éxito, El Micha, una estrella ascendente del reggaeton cubano, sólo tiene que golpear la puerta del vecino.

Un micrófono enchufado a una vieja computadora al final del pasillo insonorizado con cartones de huevos en un apartamento del Reparto Eléctrico, un suburbio obrero de La Habana, es el estudio donde el músico graba algunos de los reggaetones más populares de Cuba.

“El reggaeton es incontrolable porque se graba en las casas. Es totalmente independiente”, dice Michael “El Micha” Sierra, un ex jugador de baloncesto de 27 años, con una enorme sonrisa de dientes de oro.

Sin mucho apoyo oficial ni espacio en las radios estatales, la música que los reggaetoneros cubanos graban en estudios improvisados como este se transmite luego como una epidemia mediante discos caseros y memorias flash.

Y así la fiebre tropical del reggaeton abrasa Cuba, haciendo delirar a los jóvenes y levantando ronchas a un “establishment” cultural alarmado por sus letras a menudo vulgares como “Coge mi tubo” o “Métela”.

“El público cubano sabe de música y si eligió el reggaeton hay que respetarlo. El pueblo manda”, opina El Micha.

El reggaeton suena por la mañana en los autobuses, retumba en los vidrios del barrio y llena las discotecas noche tras noche. Sus golpes de pelvis están estremeciendo la cultura cubana.

¿Porqué gusta tanto? Porque habla de la calle, porque es pegajoso y porque a los cubanos les encanta bailar, dicen en la isla.

PECAR DE INGENUOS

“No deben pecar de ingenuas en este asunto ni la escuela ni la familia”, advirtió hace poco la televisión estatal, mostrando a niños de seis años que imitaban a la estrella puertorriqueña del reggaeton Daddy Yankee.

Fue la última señal de alarma sobre lo que las autoridades consideran una banalización de la cultura cubana. El diario oficial Juventud Rebelde dijo que el reggaeton era un reflejo del “pensamiento neoliberal” y el ministro de Cultura, Abel Prieto, propuso “empujarlo”.

“En el mundo de la cultura hay una preocupación por el exceso de avance del reggaeton”, dijo a Reuters el presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, Julián González.

Pero en una discoteca de Guanabo, un balneario al este de La Habana donde El Micha tocó un domingo reciente, Selene, una maestra de guardería de 28 años, revolea frenéticamente la cintura.

“Es cierto, a veces el reggaeton tiene letras vulgares, pero a mi me gusta. Lo disfruto, lo bailo, perreo”, dijo. “¿Qué esperan? ¿Qué la juventud baile danzón?”.

Sí. Algunos funcionarios cubanos han sugerido promover el danzón, son, casino y otros ritmos tradicionales para contener el avance del reggaeton.

“Yo creo que declararle la guerra sería un error. No son tiempos de ese tipo de soluciones”, dijo González, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Y tiene razón, dijo la investigadora portorriqueña Raquel Z. Rivera, editora del libro “Reggaeton” publicado recientemente por Duke University Press. Los intentos por censurarlo en su país sólo aumentaron la popularidad.

“Las autoridades cubanas están molestas por las mismas razones que las autoridades en otros países: el reggaeton tiende a ser híper sexual y a glorificar el consumismo y la moda”, dijo la socióloga del Center for Puerto Rican Studies, en el Hunter College en Nueva York.

MUSICA INDEPENDIENTE

Los reggaetoneros cubanos dicen que los prejuicios mantienen cerradas las puertas de las disqueras y casi inaccesibles la radio y televisión. Su música no está en las tiendas. Aquí los fanáticos queman sus propios discos.

“En Cuba el reggaeton camina a golpe de piratería”, dice El Micha.

Un principiante graba por 2 dólares la hora de estudio, copia los discos en casa y los reparte en las discotecas. Algunos hasta se hicieron famosos distribuyendo gratuitamente su música entre los taxistas.

Unos pocos arañaron la fama como Gente De Zona, Baby Lores o Kola Loca. Pero la mayoría se mueve debajo del radar, asomando los fines de semana para conciertos en discos estatales.

“El reggaeton se mueve por la delgada línea que separa el mundo oficial y el independiente”, dijo Geoff Baker, un académico del Royal Holloway College de la Univeristy of London que investigó el tema en Cuba.

Incluso artistas de géneros tradicionales como la timba están coqueteando ahora con el reggaeton.

“PA’ GOZAR”

El reggaeton cubano, dicen los músicos, tiene un “flow” diferente al de su pariente puertorriqueño e incorpora sonidos locales. Es además menos violento que el importado.

“Mis letras hablan de lo que vive la juventud, sin meterme en la política ni en nada, porque eso no tiene nada que ver conmigo. El reggaeton es una música pa’ que la gente goce”, dice El Micha antes de subir al escenario.

Los trabajadores sociales del Centro Cultural de Guanabacoa, un suburbio en el sudeste de La Habana, descubrieron por ejemplo que el reggaeton ayuda a levantar la autoestima de jóvenes que a menudo caminan por el filo de la legalidad.

En un tarde reciente, un trío todavía desconocido fuera de Guanabacoa ensayaba sus canciones en el sopor del gimnasio del Centro Cultural, donde a menudo el barrio entero se entrega al reggaeton.

“Yo no tengo la culpa de que la gente nos quiera”, dice el estribillo de “Gerente”, uno de los hits de El Micha.

Reporte de Esteban Israel. Editado por Magdalena Morales

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