24 de agosto de 2009 / 13:35 / hace 8 años

ENFOQUE-Amantes del surf y el sol tienen su paraíso en Perú

<p>Una mujer sobre una tabla de surf mientras toma clases del deporte en la playa Barranquito en Lima, 18 ago 2009. Para muchos de sus habitantes, Lima no es una de las ciudades m&aacute;s acogedoras de Per&uacute; por la gran contaminaci&oacute;n y congestionado tr&aacute;fico, pero en su orilla alberga un para&iacute;so para los surfistas: Waikiki. Miraflores, un distrito acomodado en el sur de Lima, posee su propia Waikiki, bautizada as&iacute; por el rico heredero azucarero Carlos Dogny, quien en 1941 regres&oacute; de Hawa&iacute; con una tabla bajo su brazo regalo de la leyenda del surf Duke Kahanamoku. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil</p>

Por Madelyn Fairbanks

LIMA (Reuters) - Para muchos de sus habitantes, Lima no es una de las ciudades más acogedoras de Perú por la gran contaminación y congestionado tráfico, pero en su orilla alberga un paraíso para los surfistas: Waikiki.

Miraflores, un distrito acomodado en el sur de Lima, posee su propia Waikiki, bautizada así por el rico heredero azucarero Carlos Dogny, quien en 1941 regresó de Hawaí con una tabla bajo su brazo regalo de la leyenda del surf Duke Kahanamoku.

Dogny fundó el Club Waikiki, con el que ayudó a crear una cultura del surf en Perú, que celebró su primer campeonato nacional en 1955 y el primero a nivel internacional el año siguiente pese a que las raíces del surf en el país se remontan miles de años atrás.

En esta época del año, los surfistas locales corren olas hasta que cae la noche bajo la persistente neblina que arropa el cielo limeño durante el invierno.

Luis Gálvez, un peruano que surfea desde los cinco años, dice que no puede imaginar su vida sin ir al mar a perseguir olas siempre que se le apetezca.

“Mi vida sería completamente diferente”, afirmó sacudiéndose el agua de su cabeza tras surfear en pleno mediodía en Punta Roquitas.

Gálvez, que ahora tiene 20 años, lo hace todos los días junto a decenas de surfistas.

Pero los surfistas extranjeros suelen pasar por alto las playas de Perú y van a otros lugares en busca de buenas olas.

Si bien la práctica del surf en el país andino viene desde las civilizaciones preincaicas, el deporte estuvo por años restringido a la clase pudiente debido a los altos costos del equipo importado y su popularidad aún sigue creciendo.

SURFEANDO POR LA HISTORIA PERUANA

Para algunos, Perú es la cuna del surf, que hace miles de años comenzó como un deporte llamado Chan Chan en el pueblo de Huanchaco, en la costa norte de Perú.

Hace unos 3.000 a.C, los pescadores preincaicos solían pararse en sus “caballitos de totora” y llegar hasta la orilla en lo que habría sido la primera tabla de surf del planeta.

Pero no fue hasta que Dogny fundó el Club Waikiki que el surfing despuntó en Perú.

Ya en el 2003, Perú apenas tenía 10 tiendas de surf y unos 10.000 surfistas, de acuerdo a la Enciclopedia del Surf.

Esto a pesar de que las muchas localidades como Huanchaco que hay a lo largo de los 2.214 kilómetros de la costa peruana -casi el doble de la costa de California- ofrecen a los surfistas oportunidades inimaginables para correr una ola.

Perú es también el hogar de Pico Alto, considerado uno de los mejores lugares de América para atrapar olas que pueden alcanzar hasta ocho metros.

Los surfistas peruanos están más que agradecidos de tener olas de clase mundial en su casa, y sin playas atestadas.

“Olvidas todos tus problemas cuando estás ahí”, dijo David Serba, de 23 años, con su tabla antes de entrar al mar en Lima.

Reporte de Madelyn Fairbanks. Escrito en español por Patricia Vélez, editado por Marion Giraldo

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