28 de mayo de 2010 / 15:10 / hace 7 años

Escritor Puig: de odio al amor en ciudad natal argentina

Por Nicolás Misculin

GENERAL VILLEGAS, Argentina (Reuters) - La relación del escritor argentino Manuel Puig con su pueblo natal siempre se pareció un poco a sus novelas: tuvo rencores, hostilidad e intrigas, pero también amor.

El novelista, que fue mencionado como candidato al premio Nobel y murió en México en 1990, es hoy un símbolo de General Villegas, una pequeña ciudad rural a 500 kilómetros de Buenos Aires donde, paradójicamente, era repudiado hasta hace pocos años por haber revelado intimidades locales.

En sus primeras obras, Puig contó traiciones, maltratos e infidelidades protagonizadas por miembros de algunas familias de Villegas, que la población local no tardó en identificar pese al cambio en sus nombres en la ficción.

"En el 68 y el 69, cuando salieron las novelas, fue un escándalo. Hubo malestar, enojo fuerte con Puig. Decían que había ensuciado a familias del pueblo. Aquí nadie lee sus obras como ficción", relató Patricia Bargero, coordinadora de la Dirección de Cultura de General Villegas.

El autor, que renovó la novela latinoamericana con el empleo de distintos géneros y formas de origen popular, recurrió a los recuerdos de su niñez en Villegas -ciudad que abandonó definitivamente a los 16 años- para escribir "La traición de Rita Hayworth" y "Boquitas pintadas".

"Reveló secretos a voces. Los rumores estaban permitidos, pero no estaba permitido que se escribieran", añadió Bargero.

Entre otras infidencias, en "Boquitas pintadas" el autor narra los amoríos de un joven mujeriego llamado Juan Carlos que muere de tuberculosis, cuyas amantes eran fácilmente reconocibles para los vecinos de Villegas, una ciudad de 20.000 habitantes que fue bautizada como Coronel Vallejos en la ficción.

Para construir a Juan Carlos, Puig sintetiza las características de dos hermanos de General Villegas, uno mujeriego y otro que murió de tuberculosis.

"Muchos rasgos de los Carabera, en los que se basa el personaje Juan Carlos de Boquitas Pintadas, eran tal cual. Cuando se presentó la película (basada en la novela de Puig) acá fue una hecatombe", contó Raquel Piña de Fabregues, una docente jubilada que compartió parte de su infancia con Puig.

La conmoción se prolongó tanto que recién el año pasado, luego de que cediera la fuerte presión de muchos vecinos, pudo estrenarse en General Villegas la película "Boquitas Pintadas", realizada en 1974 por el director Leopoldo Torre Nilsson.

EL ARTISTA

Puig, que nació en el seno de una familia de clase media en 1932, creció en una sociedad de costumbres conservadoras en la que no caían bien muchos de sus hábitos.

"Era una sociedad dura con todo lo que era distinto: el pobre, el afeminado", dijo Piña de Fabregues.

"Y la vida de Coco (apodo de Puig) fue muy dura, porque era un varón sensible, que era escritor desde que nació. Era muy común que los varones de una familia tuvieran que ser machotes, y muchos adolescentes no lo querían ni mirar a Coco porque decían que era afeminado", agregó.

Lejos de la típica vida social de una ciudad rural argentina, Puig se volcó al cine, en el que encontró un entretenimiento, un escape y material para su literatura.

"A él le interesaba el cine, el mundo del espectáculo. A más de 400 kilómetros de Buenos Aires lo que llegaba cotidianamente era poco, sólo llegaban las películas y él iba al cine con mamá todos los días por la tarde, después del colegio", expresó Carlos Puig, el hermano menor del escritor.

Con el material autobiográfico y el de la cultura de masas, Puig desarrolló sus primeras obras, en las que no dudó en recurrir al folletín, la crónica periodística, el radioteatro y la conversación telefónica, entre otros elementos.

Pero el éxito comercial de sus primeras novelas lo convirtieron en el blanco de ataques de la crítica.

"Puig escribía para todo el público, pero al mismo tiempo era uno de los grandes renovadores de la novela. Y en la tradición argentina cada vez que un escritor tiene alta calidad literaria, alto reconocimiento y encima es popular, tiene problemas", explicó el crítico y narrador Ricardo Piglia.

REIVINDICACION

Sólo el tiempo, una vez que Puig había muerto, pudo recomponer la relación del escritor con su ciudad natal y hoy en día familiares de las personas aludidas en sus novelas participan de distintos homenajes al narrador.

"De forma muy lenta, de a poco, se lo empieza a valorizar como escritor", afirmó Griselda Gulminelli, directora de Cultura de General Villegas.

Entre silos de granos, sobre una ruta copada por camiones con soja y vacas, la cara de Puig asoma actualmente en un inmenso cartel que invita a los turistas a entrar a Villegas.

El mismo cine al que asistía hace 70 años fue bautizado con su nombre y el Gobierno local ideó un circuito turístico que recorre lugares donde vivió y otros que se describen en las obras de uno de los escritores argentinos más importantes.

"Siendo el primer escritor de Argentina que vivió de sus libros, nunca perdió la pasión experimental. Esa combinación entre un escritor que tenía un alcance amplísimo y que nunca perdió ese elemento de experimentación, de renovación, lo hacen absolutamente excepcional", señaló Piglia.

Editado por Patricia Avila

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