16 de octubre de 2010 / 12:07 / hace 7 años

Opresión y desigualdad alientan sátira literaria Egipto

Por Shaimaa Fayed

EL CAIRO (Reuters) - Haciendo bromas con todo, desde el mandato de casi 30 años del presidente hasta el frenético tráfico de la capital, las obras satíricas están ocupando más espacio en las librerías de Egipto y reflejando las frustraciones de la joven generación.

“Debe haber una solución”, con una caricatura de un ciudadano hastiado apoyado sobre un tacho de basura en su portada, y “Egipto no es mi madre, es mi madrastra”, que hace un juego de palabras con la expresión local “Masr Umm Al Donia” (Egipto es la madre del mundo), son algunas de las obras más populares.

Otros títulos dejan ver que el mensaje rebelde a menudo atrae a la juventud, como “Capitán Egipto: un álbum para adolescentes”, que juega con los desafíos a los que se enfrenta la juventud en el país de 78 millones de habitantes.

Los limitados canales para las expresiones políticas, la represión estatal de la disidencia y la creciente desigualdad de ingresos en el Estado más poblado del mundo árabe están avivando la demanda por este tipo de sátira literaria, según dicen críticos literarios.

“Cuanto más totalitario sea el Gobierno que tengas, cuanta más opresión haya, más sátira tendrás. Es una forma de resistencia”, dijo el crítico literario Rabie Moftah.

Hace mucho que la literatura satírica forma parte de la escena cultural de Egipto. Pero ahora es más comercial y accesible al público joven, particularmente gracias al uso del árabe de la calle y a que se ha vuelto más incisiva.

La oposición literaria no suscribe a ningún movimiento lo suficientemente grande como para cambiar el curso de Egipto en las próximas elecciones, cuando no se espera que el partido gobernante de Hosni Mubarak se enfrente a nadie. Pero es un canal más de disidencia.

“Hasta este momento, sólo unas pocas de estas obras están tratando de generar conciencia política y social. No van a tener un fuerte impacto a corto plazo”, dijo Nabil Abdel Fattah, del Centro Ahram de Estudios Estratégicos y Políticos.

Con la excepción de canales como internet, hay pocos espacios para que voces iracundas se expresen en público en Egipto, donde grupos de derechos humanos dicen que una ley de emergencia vigente desde que Mubarak llegó al poder en 1981 ha sido usada para sofocar la disidencia en un país donde las protestas callejeras son rápidamente reprimidas.

BAJO IMPACTO

Para el Estado, este tipo de canales culturales para la crítica presentan un riesgo limitado, cuando un 30 por ciento de la población es analfabeta y la lectura de libros no es popular a nivel masivo. Un quinto de los egipcios gana menos de un dólar al día, según Naciones Unidas.

“El Estado abre la tapa un poco para que no estalle la olla”, dijo Mohamed Khalil, abogado y consultor técnico del Consejo Nacional de Derechos Humanos.

Egipto, ampliamente considerado un polo cultural en el mundo árabe, publicó unos 20.000 títulos en el 2009, según la Biblioteca y Archivo Nacional, mientras que Gran Bretaña publicó alrededor de 130.000 títulos ese mismo año, según Nielsen Book, que dirige la Agencia ISBN para Gran Bretaña e Irlanda.

Críticos literarios y escritores dicen que el entorno político del país proporciona un terreno fértil para el crecimiento de la sátira.

“Es un gran chiste, que se acerca al teatro del absurdo”, dijo Belal Fadl, autor y columnista del diario opositor al-Masry al-Youm, cuando se refirió a la vida política de Egipto y a cómo lo ayuda a inspirarse.

Egipto tiene una historia de autores de sátiras. Entre los nombres más destacados están Ahmed Ragab y Mahmoud El Saadany, ambos reconocidos por sus geniales comentarios sociales y políticos.

“Se trata de una nación donde la poderosa, afilada y a veces mordaz sátira es un estilo de vida”, dijo Fadl.

Pero ahora este estilo ha impregnado la cultura pop -libros, música y películas-, aunque los críticos dicen que con frecuencia ha caído en lo kitsh o en el humor payasesco, atrayendo a un público que busca un simple momento cómico.

“La mayor parte de la escritura satírica no es literatura, sino más bien colecciones de frases cómicas”, dice el periodista Ahmed Naje, de 25 años, quejándose de que los nuevos trabajos critican sin hacer llamados positivos a la acción juvenil, aunque lleve a los jóvenes a leer.

Las amplias disparidades en el ingreso avivan el género en Egipto, donde los ricos se retiran a proyectos de vivienda cerrados con campos de golf y piscinas de natación en los suburbios, dejando afuera a los barrios pobres de la capital.

La liberalización de la economía generó crecimiento, hoy en alrededor de 6 por ciento, pero críticos dicen que los beneficios no han sido distribuidos.

“Este tipo de escritura crece ante la presencia de fuertes contradicciones, lo que implica una gran brecha entre ricos y pobres, entre intelectuales y ciudadanos ordinarios”, dijo Moftah.

En su libro “¡Oh Egipto! Una visión satírica”, el autor Nabil Farouk escribe: “Incluso los niños participan de la Intifada de resistencia interna, al no ceder un asiento en un autobús público, o rayando un auto de lujo en la calle”.

La ideología religiosa también puede polarizar y proporciona un terreno fértil para el comentario.

Moftah dice que a muchos jóvenes les cuesta encontrar una identidad en el país, donde las estrictas versiones salafistas del Islam que surgen de Estados del Golfo como Arabia Saudita compiten con modas occidentales más liberales por televisión e internet.

“No hay homogeneidad. Algunos escuchan el Corán las 24 horas, otros escuchan pop todo el día”, dijo Moftah.

“En mi opinión como crítico, veo que a corto plazo crecerán la literatura satírica y las escrituras satíricas. ¿Por qué? Por que las contradicciones y las brechas están en aumento”, agregó.

Editado en español por Marion Giraldo

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