5 de marzo de 2011 / 14:29 / en 7 años

ENFOQUE-Tiempos difíciles para vendedores de libros en Teherán

Por Ramin Mostafavi

TEHERAN (Reuters) - Mientras Pejman Soltani acomodaba libros de literatura persa en su librería de Teherán, albergaba pocas esperanzas de que volaran de los estantes con rapidez.

Los difíciles momentos económicos han llevado a que iraníes se ajusten los cinturones y consideren los libros cada vez más como un lujo. Combinados con controles gubernamentales sobre la industria editorial, a libreros como Soltani les preocupa el futuro.

“Los clientes con frecuencia preguntan si no hay descuentos sobre los precios de los libros. Yo le pregunto, ¿acaso usted recibe un descuento en un sándwich?”, dijo Soltani en una entrevista con Reuters en la elegante librería de dos pisos Vistar en el centro de Teherán.

El gerente de Sales, otra librería que, al igual que Vistar, también es una editorial, llegó a las noticias hace poco cuando dijo que estaba considerando cerrar su famoso comercio.

Mohammad Ali Jafarieh le dijo en enero a la agencia de noticias semi-oficial ILNA que ya habían cerrado más de 40 librerías en Teherán.

Los iraníes están sintiendo el efecto de los radicales recortes a los subsidios, una medida que el presidente Mahmoud Ahmadinejad ha denominado “el mayor plan económico de los últimos 50 años”.

Los recortes a los subsidios a productos esenciales como combustible y alimentos no afectan directamente a los libros, pero la reducción a unos 100.000 millones de dólares en subsidios anuales que han mantenido los precios artificialmente bajos durante décadas está repercutiendo sobre la demanda de libros, según propietarios de librerías y clientes.

Lo que resulta crucial es que mientras los recortes a los subsidios están haciendo subir los precios de la gasolina, los alimentos y los servicios públicos, el costo de los libros no puede aumentar con la inflación al menos hasta la próxima tirada.

“Cuando llegue el momento de los sustanciales aumentos de precios pienso que la gente omitirá los libros de sus compras”, dijo Soltani

EXPECTATIVAS

Revisando con entusiasmo los estantes de literatura de Vistar, Babak Rahimi, un estudiante de filosofía de 23 años dijo que tenía “pasión por los libros”.

“Pero considerando el dinero del que dispongo, que me tiene que alcanzar para mis otros gastos (...) tengo que ser cauteloso en cuanto a lo que dedico a los libros”, comentó.

Además de los recortes a los subsidios, Irán además lidia con sanciones internacionales, apuntadas a restringir su economía para forzar al Gobierno a terminar con un programa nuclear que Estados Unidos y sus aliados dicen que podría estar destinado a fabricar bombas atómicas.

Irán, el quinto mayor exportador de crudo del mundo, niega la acusación y dice que necesita energía nuclear para poder exportar más de sus abundantes combustibles fósiles.

Las sanciones han disuadido a muchas compañías internacionales de invertir en muy necesarias renovaciones en el sector energético e hicieron que a Irán le fuese más difícil acceder a créditos internacionales.

El Gobierno de Irán niega que las sanciones hayan impactado mucho en la economía y el ministro de cultura Mohammad Hosseini también rechaza las quejas de la industria editorial de que las dificultades económicas y las duras restricciones están afectando al negocio.

“Los trabajos culturales no son como otros negocios de los que uno puede esperar un gran ingreso”, dijo el ministro citado por la agencia de noticias ISNA el 15 de enero.

Los libros ocupan un lugar especial en Irán, cuyas librerías varían de cuchitriles familiares a relucientes cadenas modernas que no lucirían fuera de contexto en Nueva York o Londres.

Algunos editores y escritores dicen que la supervisión ha sido más estricta desde que Ahmadinejad llegó al poder en el 2005, pero el ministerio rechaza las críticas y afirma que sus propias cifras muestran que la producción de libros ha aumentado y no declinado.

“Es posible que un libro quede atascado en el ministerio porque tiene algunos problemas y necesita correcciones, pero este razonamiento que un libro afecta a toda una librería (haciendo que esta cierre) no tiene fundamentos,” afirmó Hosseini citado por INSA.

Escritores y casas editoriales deben entregar los libros al Ministerio de Cultura y Orientación Islámica que se asegura que los libros, películas y programas de televisión cumplan con las normas morales de la sociedad.

Pese a los desafíos de sacar adelante una librería, Soltani dijo que se mantendrá en el negocio por ahora, aunque está tentado de venderlo y vivir de los intereses que asegura son mayores a los ingresos que tiene ahora.

“La venta (de libros) aquí es el resultado de años de trabajo y perseverancia. Es también el resultado de nuestra pasión por la cultura, aunque esta pasión a veces raya en la estupidez”, comentó.

Editado en español por Patricia Avila

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