10 de abril de 2011 / 13:42 / hace 6 años

Vuelve a latir calle de librerías en Bagdad

Por Peter Graff

BAGDAD (Reuters) - “Tenemos un dicho: El Cairo escribe. Beirut imprime. Bagdad lee”, comenta Abdul-Wahab Mizher al-Radi, propietario de la Casa de Libros Científicos, una de las innumerables librerías apiñadas a lo largo de la calle Mutanabi en la capital iraquí.

Leer, comprar y hablar sobre libros son los placeres que definen a un intelectual de Bagdad y durante generaciones la vida literaria ha girado en torno a esta calle, el mercado de las librerías de la capital iraquí.

Hace cuatro años, un coche bomba mató a 26 personas en el lugar, propinándole un profundo golpe a la intelectualidad de Irak. Ahora, la calle está nuevamente abierta, vigilada y aparentemente a salvo, y repleta cada viernes de estudiantes, profesores y profesionales.

La calle comienza, frente al Tigris, en una estatua de Mutanabi, un poeta del siglo X y una de las más destacadas figuras de la literatura árabe. Se extiende hasta más allá de edificios gubernamentales de la era otomana llegando hasta el corazón de la ciudad antigua de Bagdad.

“La calle Mutanabi es el punto de catarsis cultural para los iraquíes. Mutanabi es un lugar adonde vienen los intelectuales de Irak no sólo para comprar libros sino para ver el nuevo lugar, para ver la estatua de Mutanabi, para encontrarse con amigos un viernes”, dijo al-Radi.

La industria del libro, que se redujo hasta quedar en la nada durante el punto álgido de la violencia sectaria de Irak en 2006-2007, está ahora mejor que nunca, dijo el librero.

“Hubo un salto en la demanda de libros, de parte de estudiantes, intelectuales y jóvenes. La juventud está buscando libros juveniles. Los intelectuales están comprando libros culturales. Profesionales y estudiantes están adquiriendo libros de referencia”, añadió al-Radi.

CINTAS NEGRAS

Bagdad sigue sin ser una ciudad normal: todos los días explota una bomba en algún lugar, usualmente al amanecer. Pero los militantes de hace tres o cuatro años con máscaras negras ya no controlan los barrios y las caravanas de vehículos blindados estadounidenses ya no están en las calles.

Ahora las familias pasean por sus parques junto al río. Las multitudes se congregan para la noche de bingo en el club social. Pero tal vez no hay mejor señal del ansia de la ciudad por regresar a lo que alguna vez fue, que la reconstrucción de la calle Mutanabi.

En el Café Shabandar, un famoso lugar al final de la calle, ancianos fuman de pipas de agua, beben té espeso y hojean periódicos bajo retratos de la antigua ciudad real de Irak. Periquitos pían lánguidamente en jaulas de madera que cuelgan desde el cielorraso.

Cintas negras sobre retratos en la pared conmemoran a las personas muertas en la explosión, pero más allá de eso, dice Hussein Ali Ismail, es igual a como la recuerda de su juventud, antes de que el dictador Saddam Hussein y las guerras de Irak minaran la vida intelectual.

“Este no es un lugar donde uno se encuentra con personas. Aquí, es el lugar el que te encuentra a ti”, explica Ismail en un inglés con un tenue acento texano adquirido después de trabajar años como ingeniero petrolero.

“A uno le da felicidad ver a un reportero del periódico. Te gusta su columna. Y a uno lo pone feliz hablar con él, intercambiar ideas. Cualquier cosa que se te cruce por la cabeza. Ver a tus amigos. Ver el último libro editado”, cuenta Ismail.

Hassan Abbas, de 61 años, quien trabajó en el café durante tres décadas recogiendo té y ocupándose del carbón en las pipas de agua de los clientes, había salido a realizar una diligencia cuando los atacantes perpetraron el atentado. Volvió corriendo y halló a los hijos del dueño del café muertos en la calle.

“Fue un ataque criminal contra la humanidad, contra la cultura, contra el patrimonio”, dijo Abbas. Hoy, el café está nuevamente tan atareado como antes, aunque cierra a las 15.00 horas en vez de a las 22.00 como en los viejos tiempos.

Muchas de las librerías de la calle Mutanabi también funcionan como editoriales, imprimiendo copias de lo que sea que piensen que pueda vender. Al-Radi señala las pilas de libros producidos por su editorial en lo que va del 2011, ahora a la venta en su negocio.

“Economía, árabe, energía y seguridad, historia, política, psicología. Los autores son iraquíes y los libros se imprimen aquí”, dijo el propietario.

En los primeros días tras la caída de Saddam Hussein hubo un aumento repentino en el interés por los libros religiosos, y las ediciones más extravagantes en la calle Mutanabi son tratados religiosos en múltiples volúmenes.

Pero en la librería al-Qairawan, el propietario Abu Ahmed dijo que la guerra sectaria había debilitado la demanda de libros sobre religión.

El interés recientemente se concentró en temas seculares, como recursos humanos, desarrollo, política, historia y lingüística. Ultimamente ha percibido un repentino aumento en clientes interesados en marxismo.

La mayoría de los libros todavía son escritos por autores de otros lugares en la región, pero los iraquíes están empezando a escribir también, especialmente exiliados, dijo Ahmed.

En el Café Shabandar, el doctor Nabeel al-Qaisi, un cardiólogo que ahora vive en Australia pero está de visita en Irak por un mes, regresó para empaparse de la vida que recuerda de joven, en medio de imágenes de la antigua familia real colgadas en la pared.

“Siento que estoy en la antigua Bagdad, como antes, cuando había paz (...) Tengo muchos amigos. Muchos de ellos murieron. Me entristece pensar que algún día vendré aquí y estaré solo”, dijo al-Quaisi.

Reporte adicional de Khalid al-Ansary, editado en español por Patricia Avila

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