Crisis no apaga los acordes de la guitarra española

sábado 16 de abril de 2011 07:33 GYT
 

Por Carlos Ruano y Carlos Castellanos

ESQUIVIAS, España (Reuters) - ¿Qué tienen en común Jimmy Carter, Evo Morales, Felipe Calderón o un premio Nobel de medicina? Todos poseen una guitarra Manuel Rodríguez & Sons.

Manuel Rodríguez III es dueño del centenario negocio familiar del mismo nombre en la localidad en la que Miguel de Cervantes gestó el afamado Quijote, y es el heredero de una tradición de fabricación artesanal de guitarras que comenzó en 1905, cuando su abuelo abandonó la actividad pesquera para dedicarse de lleno a su pasión por la música.

Más de 100 años después, Manuel Rodríguez & Sons sigue haciendo guitarras a mano y exporta el 90 por ciento de su producción a 120 países, con una facturación anual de unos 3,3 millones de dólares.

A primera vista la crisis económica se deja notar. Una decena de trabajadores montan distintas piezas del instrumento en una fábrica que en los últimos dos años y medio ha pasado de casi 60 a 25 empleados.

"La plantilla hubo de reducirse drásticamente como consecuencia de la crisis", explica el encargado de la fábrica, José Luis Cebillo.

Pero Manuel Rodríguez III, heredero de la saga, ha sabido aplicar criterios empresariales que han permitido no sólo la supervivencia de la empresa sino el crecimiento de una marca que, para el empresario, representa a España.

Las "bellas cajas de forma humana y maderas preciosas", como las definía el fundador, han pasado por manos expertas como las de Paco de Lucía y Eric Clapton. En una hábil campaña, muchas de sus mejores piezas terminaron en manos de músicos famosos, líderes mundiales, representantes de la realeza y ganadores del Nobel.

"La industria de la música es diferente, no es como la del automóvil o el calzado, es algo muy personal, se trata de alma, de pasión", explica Manuel Rodríguez III.   Continuación...

 
<p>En la foto el artesano Jos&eacute; Luis Cebillo, trabaja en el taller de Manuel Rodr&iacute;guez &amp; Sons, ubicado en Esquivias, cerca de Madrid, el 17 de marzo del 2011. REUTERS/Sergio Perez</p>