23 de abril de 2011 / 12:25 / hace 6 años

Arqueólogos deben enterrar en vez excavar tesoros Gaza

7 MIN. DE LECTURA

Por Nidal al-Mughrabi

KHAN YOUNIS, Gaza (Reuters) - Cinco mil años de fascinante historia yacen bajo las arenas de la Franja de Gaza, desde el héroe bíblico Sansón al general británico Edmund Allenby.

Las llanas y arenosas tierras de la costa sudeste del Mediterráneo han sido gobernadas por egipcios, filisteos, romanos, bizantinos y cruzados.

Alejandro Magno sitió la ciudad. El emperador Adriano la visitó. Los mongoles arrasaron Gaza, y hace 1.400 años el lugar fue invadido por ejércitos islámicos.

Gaza ha sido parte del Imperio Otomano, un campamento para Napoleón y un campo de batalla en la Primera Guerra Mundial.

Pero la arqueología no florece aquí.

"La única forma de preservar lo que descubrimos es enterrarlo hasta que las herramientas adecuadas estén disponibles", dijo Hassan Abu Halabyea, del Ministerio de Turismo y Arqueología de Gaza.

"La falta de capacidad, de apoyo y de materiales necesarios adecuados para mantener este sitio histórico o aquél. Los enterramos para preservarlos de la destrucción", destacó Abu Halabyea.

Museo Individual

Waleed Al-Aqqad es un arqueólogo aficionado que ha convertido su casa en un museo de objetos antiguos, llenando sus habitaciones con viejas armas y una colección de jarras de arcilla de siglos de antigüedad.

"Esta es una herramienta de iluminación a aceite hecha en arcilla que data de la era griega del año 93 después de Cristo. Esta es otra que fue hecha en tiempos romanos, en el año 293 de nuestra era", dijo Al-Aqqad.

"Esta es una lanza de tiempos otomanos", cuenta sonriente.

Placas de mármol, espadas y monedas decoran las paredes y el jardín de su casa en Khan Younis, adornada con el cartel que reza: "Bienvenidos al museo cultural de Aqqad".

Este palestino de 54 años ha pasado tres décadas buscando y excavando, a veces en áreas riesgosas cerca de la fortificada frontera israelí. El Estado judío terminó sus 38 años de ocupación en Gaza y se retiró en 2005, pero todavía ejerce un bloqueo sobre el hostil enclave.

Sus antigüedades exhiben símbolos de civilizaciones cristianas y musulmanas que han dejado su marca en el territorio en más de 2.000 años, recuperados del sitio ocupado por antiguas iglesias y cementerios.

"Comencé a realizar este trabajo para preservar la historia palestina. Quise impedir que se desperdiciaran o que fueran falsificados. Traté de salvar lo que podía ser salvado", explica Aqqad, exhibiendo un oxidado cañón que, según dice, se lo ocultó a las tropas israelíes.

San Hilarion

Pero el entusiasmo de un hombre no puede hacer justicia por lo que todavía yace enterrado en la densamente poblada Gaza, donde 1,5 millones de palestinos tienen muchas más cosas en sus mentes que la historia antigua.

En el pueblo de Zawayda, a 15 kilómetros de la ciudad de Gaza, el ministerio de Abu Halabyea lucha por preservar el emplazamiento del monasterio San Hilarión, luchando contra la falta de conocimiento y de herramientas.

Ubicado cerca del campamento de refugiados Nusseirat en el centro de la Franja de Gaza, data del año 329 después de Cristo, cuando Hilarion regresó a Gaza desde Egipto después de estudiar bajo las órdenes de San Antonio.

El monasterio tiene varias estructuras rodeadas por un muro circundante, que incluye dos iglesias, un cementerio, una sala de bautismos y salones comedores.

Descubierto por primera vez en 1992, las obras de excavación han transcurrido lentamente. En los varios momentos en los que las obras se detuvieron, el sitio tuvo que ser cubierto de arena como medida de protección.

Las obras han contado con la supervisión de expertos franceses que realizan viajes periódicos para explorar y supervisar la excavación, pero ellos se llevan las herramientas cuando se van a su país, explicó Abu Halabeya.

Fadel Al-A'utul, a cargo de las obras francesas, dijo que dos arqueólogos de su país empezaron a visitar Gaza en la década de 1990, pero destacó que que ahora habían puesto su atención en otros países árabes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Ecole Biblique et Archaeologique con sede en Jerusalén están ayudando en la creación de un museo adecuado en Gaza financiado por Suiza, aunque no se ha definido una fecha de apertura, dijo Al-A'utul.

Mientras tanto, los estudiantes en Gaza hacen lo que pueden para mantener la labor arqueológica en marcha. Pero la realidad muchas veces se interpone en el camino.

Desde que Hamas tomó el control del territorio en 2007, Gaza ha pagado un alto precio por la hostilidad que el grupo exhibe hacia Israel, al que el movimiento islámico se niega a reconocer.

Irónicamente, hoy puede parecer que Gaza está más cerca de alguna forma de independencia que en cualquier otro momento de su historia de invasión y ocupación.

Pero para la ONU, el estricto control de Israel de los accesos por tierra, aire y mar significa que todavía es en efecto un territorio ocupado, una definición que el Estado judío niega rotundamente.

Las agresiones islamistas con cohetes y morteros contra territorios y ciudades israelíes son respondidas con ataques aéreos y tanques de guerra, en una interminable guerra de nervios que desbordó en un conflicto armado en el invierno boreal 2008-2009 y recrudeció nuevamente días atrás.

Este no es un clima atractivo para los arqueólogos excepto, tal vez, para el mítico Indiana Jones. Y no sería Gaza si no se dieran las acaloradas disputas en cuanto al rol israelí.

Abu Halabeya acusa al Estado judío de apropiarse de antigüedades descubiertas durante la ocupación de Gaza y que, según dice, están alojadas en dos museos en su territorio.

Una de estas instituciones es el Museo Arqueológico Rockefeller en Jerusalén, que cuenta con hallazgos que van desde la edad de piedra hasta el siglo XVIII.

"Funcionarios del ministerio se han reunido con varias instituciones internacionales y las instaron a que los ayuden a recuperar las antigüedades y objetos arqueológicos que fueron sacados de la Franja de Gaza", dijo Halabeya.

Editado en español por Javier Leira

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