Miles de invitados acuden a boda real en Mónaco

sábado 2 de julio de 2011 19:59 GYT
 

Por Marina Depetris

MONTE CARLO (Reuters) - Con un guiño y una sonrisa, el gobernante de Mónaco, el príncipe Alberto, se casó con la nadadora sudafricana Charlene Wittstock el sábado en una ceremonia a la que acudieron las mayores celebridades de la realeza europea y la élite internacional.

El príncipe de 53 años se casó con Wittstock, de 33, en el patio del palacio a los pies de una enorme escalera mármol adornada con flores blancas. Unos 3.500 invitados se sentaron fuera para ver el servicio en pantallas de televisión gigantes.

Las hermanas de Alberto, las princesas Carolina y Estefanía, ambas vestidas de rosa, sonreían mientras veían la boda frente a una multitud entre la que se encontraba el presidente francés Nicolas Sarkozy, el diseñador de Chanel Karl Lagerfeld y la cantante de ópera Renee Fleming.

La larga cola del vestido de satén de Wittstock diseñado por Giorgio Armani, con miles de pequeños cristales incrustados, se extendía sobre la alfombra roja. El novio llevaba el uniforme blanco de la guardia real de Carabinieri de Mónaco.

"Fue muy elegante, muy conmovedor", dijo a la televisión la supermodelo Naomi Campbell, que llevaba un vestido verde pálido con un hombro al descubierto.

Tras intercambiar los votos, Alberto le guiñó un ojo a su esposa, quien sonrió tímidamente. Sentados en los escalones rojos aterciopelados, se dieron la mano mientras un cantante sudafricano cantó Click Song, famosa por la difunta Miriam Makeba.

LA MALDICION DE LOS GRIMALDI

La boda es la primera de un príncipe gobernante de Mónaco desde que su padre, el príncipe Rainiero III, se casó con la estrella de Hollywood Grace Kelly en 1956. Rainiero transformó Mónaco de un marchito centro de apuestas a un paraíso para millonarios, utilizando su matrimonio con Kelly para infundirle el glamour de las estrellas de cine al pequeño principado   Continuación...

 
<p>El pr&iacute;ncipe Alberto II y la princesa Charlene salen del palacio hacia la Iglesia de la Santa Devota tras la ceremonia en M&oacute;naco REUTERS/Sylvain Lefevre</p>