21 de julio de 2011 / 20:14 / en 6 años

Prepárense para una nueva crisis mundial, advierte escritor

Por Ed Davies

SIDNEY (Reuters) - Subidas de los precios de la energía y los alimentos, crisis económica, deuda griega. ¿Acontecimientos únicos? No, según el asesor de negocios medioambientales Paul Gilding, que cree que son efectos menores antes de que una importante crisis afecte al mundo.

Gilding, autor de un nuevo libro, “The Great Disruption”, tiene un mensaje sencillo: Hemos dejado para muy tarde evitar un impacto grave del cambio climático y el daño ecológico al intentar llevar el crecimiento económico mundial más allá de la capacidad del sistema y los recursos.

Como consecuencia, nos arriesgamos a un desastre medioambiental, lo que generaría un colapso repentino de la economía, y habrá que estar preparado para responder al “huracán económico y social” resultante, dice.

“Si pensaba que la situación financiera de 2008 ha sido una crisis, y si creía que el cambio climático es un desafío cultural, económico y político, agárrese porque viene lo peor”, escribe Gilding, ex director de Greenpeace International.

“Estamos a punto de presenciar cómo la humanidad tiene que hacer frente a su mayor crisis, algo que nos sacudirá hasta el fondo, el fin del crecimiento económico”, dijo el australiano, de 52 años, un activista arrestado en cinco ocasiones.

Tras la frustración que le provocó ver cómo el principal movimiento medioambiental tenía dificultades para hacerse oír, Gilding fundó su propia consultoría para asesorar en sostenibilidad a empresas como BHP Billiton y DuPont.

Los estudios científicos indican que estamos llegando al límite del crecimiento, argumenta, y el alza de los precios y el petróleo desde 2008, seguido de una crisis económica en parte motivada por un intento desesperado para estimular el crecimiento, son señales de alarma.

Pone los ejemplos de un grupo de científicos -el Global Footprint Network- que mostró que en 2009 estábamos llevando ya a la economía mundial al 140 por ciento de su capacidad, y los planes para acelerarla y reforzarla a medida que la población crece se toparán contra un muro.

La negación colectiva respecto a cómo el cambio climático y la presión sobre los recursos nos afectarán sólo acabará cuando lo sintamos en nuestros bolsillos, añade.

“No responderemos al cambio climático o a la sostenibilidad ni siquiera cuando esté claro que nos arriesgamos a perder el 50 por ciento de la diversidad de la vida en la Tierra. Responderemos cuando esté amenazada nuestra economía o estilo de vida”, añadió.

El autor prevé una serie de conmociones ecológicas, sociales y económicas derivadas del cambio climático, incluido un clima extremo, el derretimiento de las regiones polares y un cambio en la producción agrícola que incrementará los precios.

Los mercados financieros registrarán grandes caídas, mientras que las crisis económicas y políticas resultantes serán masivas en escala y durarán décadas.

“El modelo básico se ha roto. Si queremos que la economía crezca de nuevo a un ritmo significativo en Occidente y en los países en desarrollo, entonces los precios del petróleo se dispararán y si los precios del petróleo crecen y los precios de los alimentos suben, eso minará el crecimiento económico”, dijo Gilding.

“Creo que tendremos otra crisis económica importante en unos años”, añadió, en declaraciones por teléfono desde su casa en la isla de Tasmania, donde ha vuelto tras un gira por el extranjero para promocionar su libro.

“Grecia pudo haber sido el desencadenante, (la gran crisis) no era esta vez, podría ser la siguiente”, añadió. “Quién sabe qué será”, añadió.

Acontecimientos políticos más recientes, como los de la primavera árabe, pueden vincularse también con un alza de los precios de los alimentos, dice.

“Hay una conexión muy clara entre el alza de los precios de los alimentos en Egipto y Túnez y las revueltas políticas que han impulsado el movimiento de la primavera árabe”, añadió.

El mayor incremento de los precios se ha vinculado con las malas cosechas de trigo en Rusia por el mal clima, y Gilding argumenta que si hubiera sido en el medio oeste estadounidense podría haber causado una catástrofe mayor en el mercado de trigo.

¿QUE SE PUEDE HACER?

No descarta espectaculares avances en tecnología, pero cree que es realista al asegurar que es demasiado tarde para frenar una crisis.

¿Y qué se supone que hay que hacer? Gilding dice que el punto de vista sombrío que afirma que es demasiado tarde para evitar una crisis le hizo desesperar al principio, y recuerda cómo rompió a llorar en una presentación en 2007 ante una audiencia empresarial en Nueva York.

Pero pese a las revueltas y a las contiendas geopolíticas que dice que podríamos tener por delante, se muestra optimista y cree que la humanidad responderá con rapidez una vez se de cuenta de la escala de la amenaza. Pone como ejemplo la movilización de buena parte del mundo durante la Segunda Guerra Mundial.

El autor ve un cambio industrial y económico masivo para contener el cambio climático, incluyendo eliminar las emisiones netas de dióxido de carbono en 20 años, con un recorte del 50 por ciento en los primeros cinco años.

Entre algunas de las medidas, prevé el cierre de un millar de plantas de carbón en cinco años y la construcción de grandes complejos solares y eólicos. Sugiere que la mitad de la flota mundial de aviones ha de quedarse en tierra para reducir emisiones.

Subraya además que China, pese al aumento de sus emisiones, se ha convertido ya en un modelo en la lucha contra el cambio climático, invirtiendo en tecnologías verdes.

“Se perdieron la revolución industrial. Se perdieron la revolución tecnológica. No van a perderse la revolución energética”, dijo.

Gilding ve el mundo posterior a la crisis como uno en el que el crudo puede morir, pero en el que habrá grandes oportunidades para las compañías innovadoras, aunque ve que tendremos que abandonar nuestra dependencia de la economía centrada en el crecimiento y el consumo.

Y pese a la dolorosa transición, dice que el cambio será positivo y que existe el potencial para que encabecemos un “tipo de vida más flexible”, que incluya por ejemplo mayor igualdad de ingresos y trabajar menos horas.

Reporte de Ed Davies; Traducido por Redacción de Madrid

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