14 de enero de 2012 / 14:47 / hace 6 años

Academia afgana busca calmar dolor de guerra con música

Por Sayed Hassib y Amie Ferris-Rotman

KABUL (Reuters) - Sonidos musicales que van desde instrumentos de cuerda asiáticos a una delicada cadencia de piano clásico salen de un edificio de dos pisos en el centro de Kabul.

Aquí, en la única academia de música de Afganistán, se les enseña música a los estudiantes con la esperanza de que los instrumentos les den consuelo en tiempos de guerra y pobreza. Los chelos y los violines vuelven a la escena para revivir un rico legado musical alterado por décadas de violencia y represión.

“Estamos comprometidos con reconstruir vidas arruinadas a través de la música, debido a su poder sanador”, dijo a Reuters Ahmad Sarmast, líder del Instituto Nacional de Música de Afganistán.

El trompetista se volvió musicólogo y estableció la escuela hace dos años en el edificio del Departamento de Música de la Escuela de Bellas Artes, que se vio obligada a cerrar a principios de 1990 durante la guerra civil y tras una década de ocupación soviética.

Los talibanes, que tomaron el poder en 1996, prohibieron completamente la música, algo impensado en el Afganistán actual, donde los cafés y autos derrochan canciones de amor indias y piezas del cantante afgano Ahmad Zahir de la década de 1970.

Pero mientras el instituto tiene 140 alumnos a tiempo completo que tienen pocos recuerdos de aquella época, todavía enfrentan dificultades en su desarrollo musical.

La mitad de los estudiantes son huérfanos o niños que viven en la calle, mientras el resto fue elegido después de un examen de música.

Todos son apasionados por la música, dijo la profesora de voz y flauta Mashal Arman, hija del famosos músico afgano Hossein, cuyas fotos en blanco y negro adornan el salón de la escuela.

“Están tan sedientos de música y arte que es fabuloso ver al país cambiando finalmente”, dijo Armna, cuyo acento da indicios de su conexión con Suiza, país al que ella escapó con su familia hace más de 20 años.

Sarmast dijo que se estableció una cuota para que un tercio de las estudiantes sean niñas -un gesto hacia el drama de las mujeres afganas, que siguen luchando por derechos básicos tales como educación después de 30 años de guerra y un duro Gobierno talibán-.

Todos los estudiantes reciben becas completas para asistir a la escuela, que funciona bajo el Ministerio de Educación con un significativo financiamiento extranjero, especialmente de Gran Bretaña, Alemania y Dinamarca. Ellos otorgan diplomas de música reconocidos internacionalmente.

“El retorno de la música es uno de los cambios más positivos en el Afganistán post talibán”, dijo Sarmast, quien estudió en Moscú y Australia antes de volver a Afganistán en el 2008 con la misión de establecer la academia.

SIN INSTRUMENTOS

En una de las salas de ensayo alfombradas de la escuela, con un nuevo aislamiento para el sonido con madera afgana, Fátima, una huérfana de 14 años toca una cítara, evocando sonidos familiares a los niños afganos, que adoran las películas de Bollywood y su música.

“Me animaron a venir aquí y estoy feliz por ello”, dijo Fátima, ajustando la capa rosada que cubre su cabello y que usa en lugar de un pañuelo.

Su profesor indio Irfan Khan, uno de los 16 instructores extranjeros de la escuela, la mira con aprobación pero lamenta la pobreza que impide a los estudiantes tener sus propios instrumentos, lo que obstaculiza su progreso.

“Estamos reviviendo la música para aquellos que han sido privados de ella”, explicó. “Sin embargo, muchos de los estudiantes no vienen de familias adineradas y solamente pueden practicar aquí”, agregó.

Un saxofón nuevo cuesta 600 dólares, 100 dólares más que el sueldo promedio anual de un trabajador, según estimaciones del Ministerio de Finanzas.

Para el estudiante estrella de piano clásico Sayed Elham, un jovial niño de 13 años apasionado por Chopin, la posibilidad de conseguir los 3.000 dólares necesarios para cambiar el teclado Casio de su familia por un piano es un sueño inalcanzable.

“Quiero que nuestro Gobierno mejore el estado de la música afgana”, dijo después de tocar el Nocturno de Chopin para algunos de sus amigos estudiantes, que se reunieron para escucharlo ensayar.

Pese al éxito de la escuela -que acepta alrededor de 80 estudiantes adicionales para su academia de invierno de dos meses y está construyendo un auditorio con capacidad para 300 personas y un edificio separado para los ensayos- el futuro de los músicos en Afganistán es sombrío.

Aquello que se da por sentado para los músicos en Occidente, como los derechos de autor y regalías, no existen, y la mayoría de los costos de inscripción y difusión deben ser pagados del bolsillo del músico.

Además, hay escasas perspectivas de empleo.

“Tenemos un largo camino por recorrer para asegurar que nuestros graduados reciban una remuneración justa y que sus derechos sean protegidos”, dijo Sarmast.

Pero él espera que sus graduados formen la primera orquesta sinfónica de Afganistán, algo en lo que ya está trabajando.

Escrito por Amie Ferris-Rotman y Sayed Hassib, Editado en español por Javier Leira

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