ENFOQUE-Insólita técnica asiática coloca a Perú en vanguardia de café gourmet

martes 4 de diciembre de 2012 13:30 GYT
 

Por Mitra Taj

LIMA (Reuters) - José Jorge Durand nunca pensó que podría terminar recolectando excrementos cuando debió abandonar su hogar en medio de una guerra.

Hace tres décadas huyó a las montañas de los Andes peruanos para ponerse a salvo de una violenta insurgencia popular izquierdista que se enraizó en la selva donde su familia cultivaba café.

Tras haber regresado a casa, ahora Durand está haciendo uno de los cafés más caros del mundo recolectando granos de arábico del excremento de un pequeño mamífero de la selva, parecido a un mapache, llamado Coatí.

Su empresa, Chanchamayo Highland Coffee, es la segunda firma peruana en copiar una rara técnica de Indonesia que aprovecha el tracto digestivo del mamífero para quitar el sabor amargo de las proteínas de los granos de café.

Luego que los coatíes comen los granos maduros del café y lo expulsan parcialmente fermentados en sus excrementos, los productores lavan, tuestan y exportan los granos.

Con esto, los peruanos abastecen de café a los consumidores de todo el mundo que están dispuestos a pagar entre 20 y 65 dólares por una taza de café con ese curioso gusto, una señal de que los campesinos en Perú han aprendido a explotar nichos de mercado dejando atrás días de violencia política e intermediarios que limitaron su crecimiento.

Perú, uno de los 10 mayores productores de café del mundo, se ha quedado muy atrás de su vecino Brasil en volumen de ventas promedio, pero el país andino es el mayor productor y exportador de café orgánico del mundo.

Cafés especiales, desde los granos hechos bajo normas religiosas hasta aquellos producidos por mujeres de cooperativas, representan entre el 25 y 30 por ciento de las exportaciones peruanas del grano, de acuerdo a la Cámara Peruana del Café y Cacao.   Continuación...

 
<p>El granjero Jos&eacute; Durand posa junto a una muestra de su caf&eacute; durante la feria "Expo Caf&eacute; Per&uacute;" en Lima, oct 19 2012. Jos&eacute; Jorge Durand nunca pens&oacute; que podr&iacute;a terminar recolectando excrementos cuando debi&oacute; abandonar su hogar en medio de una guerra. REUTERS/Lucero Del Castillo</p>