13 de febrero de 2013 / 20:09 / en 5 años

ENFOQUE-Floricultores colombianos apuestan a San Valentín pese a peso fuerte

Por Nelson Bocanegra

FACATATIVA, Colombia (Reuters) - Este año parece que los rezos de los floricultores de Colombia fueron escuchados y la fiesta de los enamorados apunta a ser una de las mejores de los últimos años, pero un peso fuerte, que eleva sus costos de producción, sigue siendo una espina para el negocio.

Hasta el clima ayudó y no se presentaron las tradicionales heladas en las principales zonas de producción de este país andino, el segundo exportador mundial de flores después de Holanda.

Al panorama se sumó la situación de los estadounidenses, a donde se dirige un 80 por ciento de la producción de flores colombianas, que están en mejores condiciones económicas que el año anterior, y otro factor clave, la fiesta de San Valentín este año cae un jueves.

"Junto con el miércoles son los mejores días que existen para las ventas de San Valentín porque los enamorados mandan el regalo, en cambio cuando cae en fin de semana la historia dice que la gente tiene alternativa de ir a comer, salir de paseo o de pasar al centro comercial a comprar otras cosas", dijo a Reuters Alvaro Camacho, gerente de logística de Elite Flowers.

Esta finca de 450 hectáreas en la sabana de Bogotá y que emplea a 7.000 personas permanentemente y a otras 4.000 más para esta temporada, produjo 87 millones de los 500 millones de flores que llegarán a las manos de los enamorados en Estados Unidos.

"En la parte de producción las cosas salieron bien, este año afortunadamente no tuvimos heladas, la producción fluyó, los temas logísticos se pudieron manejar y esperamos que los consumidores, especialmente de Estados Unidos, prefieran las flores colombianas", dijo Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Flores, Asocolflores.

PESO, MAL ETERNO

Colombia exporta principalmente rosas, astromelias, claveles, gérberas, pompones y últimamente se ha especializado en enviar bouquets, que son la combinación de varias flores organizadas en ramos listos que se venden tanto en las floristerías como en supermercados, ofreciendo un agregado que eleva su valor.

Pero la dicha de los floricultores no es completa a causa de la constante apreciación del peso, que drena sus ganancias debido a que reciben dólares por sus ventas cuando sus costos de producción se generan en moneda local.

La situación ya completa cinco años consecutivos, periodo en el que se ha perdido casi una quinta parte de los empleos del sector y ha provocado el cierre de fincas productoras.

"Con unas 20 fincas que se han cerrado en los últimos cuatro o cinco años podemos hablar que se han perdido unos 30.000 empleos y existen algunas empresas que están en una situación vulnerable", afirmó Solano.

El alza del peso, que en el 2012 alcanzó un 9 por ciento, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las autoridades económicas locales, que se han visto obligadas a adoptar medidas como la constante compra de dólares y apretar el freno al ingreso de divisas estatales desde el exterior.

Pero no han logrado modificar la tendencia en esta llamada guerra cambiaria.

"El efecto ha sido muy grande, las flores no han subido de precio y con una revaluación del peso y una inflación, eso significa que nosotros estamos recibiendo cada vez menos ingresos para nuestras operaciones", explicó Camacho.

El fenómeno cambiario se ha convertido en una realidad que ha afectado a otros sectores agrícolas que en el pasado gozaban de una bonanza de precios, como el cafetalero, el azucarero y el de aceite de palma.

Así, el único camino para contrarrestar la pérdida de valor por el alza del peso ha sido el aumento de la productividad, para evitar recortar los empleos.

Los floricultores han optado por extender el área de sus siembras, hacer sus propios fertilizantes y tener una cadena de producción más eficiente.

"Nosotros como empresa no hemos tenido que despedir gente, una de las grandes estrategias ha sido el crecimiento de la compañía aumentando la productividad", dijo Camacho.

Reporte de Nelson Bocanegra. Editado por Mónica Vargas

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