Propuesta de "impuesto antiobesidad" desata guerra comunicacional en México

lunes 14 de octubre de 2013 11:21 GYT
 

Por Tomas Sarmiento

MEXICO DF (Reuters) - En México, uno de los países con mayores problemas de obesidad de la región, las empresas de refrescos y del negocio de la caña están luchando a capa y espada por bloquear una iniciativa para gravar las bebidas azucaradas.

Aunque en el país un litro de gaseosa es más barato que uno de leche y en muchos casos la sustituye en la dieta básica, las empresas han lanzado una campaña propagandística defendiendo las bondades del azúcar y atacando la propuesta tributaria presentada el mes pasado por el presidente Enrique Peña Nieto.

El debate ha invadido desde espacios publicitarios en medios hasta vallas, autobuses y redes sociales.

"¿La obesidad se combate con impuestos? ¿Sí o no al impuesto a los gorditos?" dice una campaña del Centro para la Libertad del Consumo, una de las organizaciones que se oponen al tributo.

El impuesto equivale a un peso (8 centavos de dólar) por litro. Si se trasladara al consumidor final, representaría un aumento de precio de entre un 15 y 20 por ciento.

"¿Es un castigo a los mexicanos con sobrepeso?", pregunta la organización en su página web www.consumidorlibre.org, que puede verse anunciada en autobuses de la vasta capital del país, uno de los mayores consumidores de refrescos del planeta.

El Gobierno pretende recaudar con ese impuesto 12,455 millones de pesos (950 millones de dólares). Con ese dinero ha dicho que "se busca combatir la obesidad, particularmente entre los menores de edad".

Y no es para menos. Con más de 117 millones de habitantes, México es uno de los países latinoamericanos con mayor incidencia de obesidad, una condición que afecta al 33 por ciento de su población adulta, según datos de Naciones Unidas.   Continuación...

 
Un hombre bebe una gaseosa al interior de una tienda en Ciudad de México, sep 9 2013. En México, uno de los países con mayores problemas de obesidad de la región, las empresas de refrescos y del negocio de la caña están luchando a capa y espada por bloquear una iniciativa para gravar las bebidas azucaradas. REUTERS/Edgard Garrido