29 de abril de 2014 / 15:58 / hace 3 años

TURISMO-Metrópolis brasileña es un paraíso gastronómico sin playas

8 MIN. DE LECTURA

Si su idea de Brasil son playas y biquinis, olvídese de Sao Paulo. Para eso está Río de Janeiro. Pero si usted es un viajero experimentado que prefiere las aventuras urbanas poco trilladas al turismo tradicional, ponga a Sao Paulo, la mayor ciudad de Brasil en su lista. Sao Paulo, 15 abril de 2014.Paulo Whitaker

Por Todd Benson

SAO PAULO (Reuters) - Si su idea de Brasil son playas y biquinis, olvídese de Sao Paulo. Para eso está Río de Janeiro.

Pero si usted es un viajero experimentado que prefiere las aventuras urbanas poco trilladas al turismo tradicional, ponga la mayor ciudad de Brasil en su lista.

Con una extendida área metropolitana de casi 20 millones de habitantes, Sao Paulo es a menudo descrita como la Nueva York de Sudamérica. Y aunque la comparación sea tal vez algo exagerada, la capital financiera de Brasil tiene una rica vida cultural y una escena de bares y restaurantes que no tiene nada que envidiar a la de las principales ciudades del mundo.

Es además la ciudad más global de Brasil, con comunidades procedentes de Portugal, España, Italia, Japón y Oriente Medio. Más recientemente ha atraído inmigrantes de Africa Occidental, China, Haití y países hispano hablantes como Bolivia y Perú, adquiriendo un toque internacional poco común en América Latina.

Antonio Carlos Jobim, el fallecido cantante y compositor padre de la bossa nova, dijo una vez que "Brasil no es para principiantes". Y eso es particularmente cierto en el caso de Sao Paulo, cuyo tamaño, desorden urbano y embotellamientos de proporciones bíblicas pueden poner a prueba al trotamundos más experimentado.

Pero ese caos es también el atractivo de Sao Paulo. Mientras la belleza natural de Río de Janeiro desborda los sentidos, Sao Paulo demora mucho más en seducir al viajero. Hace falta tiempo y tenacidad para descubrir sus muchos encantos, pero una vez que eso ocurre, uno siente como si hubiera entrado a un selecto club de viajeros que consiguieron descifrar una de las ciudades más difíciles del mundo.

Y los hinchas de fútbol tendrán la oportunidad de hacerlo en junio y julio, cuando Sao Paulo será escenario de seis partidos del Mundial en un nuevo estadio en la zona este de la ciudad. Además del partido inaugural del torneo entre Brasil y Croacia, el estadio recibirá a Uruguay-Inglaterra, Holanda-Chile, Corea del Sur-Bélgica además de un partido de octavos de final y una de las semifinales.

A continuación algunas sugerencias de Reuters para sacar el mayor jugo posible a un viaje a Sao Paulo:

Ciudad De Restaurantes

Lo que Sao Paulo no tiene en playas y belleza es compensado por su comida. Desde alta cocina de nivel mundial hasta comidas simples pero satisfactorias en bufetes en donde uno paga por el peso de la comida que se sirve, hay opciones para todo tipo de paladares y todo tamaño de billeteras.

Fiel a sus raíces de inmigrantes, Sao Paulo es conocida por sus cantinas italianas, bares de sushi japonés y comida libanesa auténtica. Hasta hace poco lo que faltaba en la ciudad era, por raro que parezca, comida brasileña.

Pero eso cambió en la última década, gracias a un grupo de chefs cuya pasión por los ingredientes autóctonos provocó una revolución en la cocina brasileña que puso Sao Paulo en el mapa global de la alta cocina.

A la vanguardia de ese movimiento está Alex Atala, un chef celebridad cubierto de tatuajes cuyo restaurante D.O.M. en el exclusivo distrito de Jardins fue sexto en el 2013 en la lista de 50 Mejores Restaurantes del Mundo de la revista británica Restaurant.

Si uno tiene una gruesa billetera y suficiente suerte para lograr hacer una reserva, el menú de D.O.M. llevará su paladar en un viaje de ocho platos por la Amazonia. (www.domrestaurante.com.br)

Para una experiencia más sencilla con la comida brasileña pruebe Tordesilhas, a seis cuadras de allí. Este lugar sirve platos regionales y caipirinhas, el cóctel nacional hecho con cachaza y las frutas que usted quiera. Si está en grupo pruebe el barreado, un suculento plato de carne que es cocinado en un pote de barro sellado durante 14 horas. (www.tordesilhas.com)

Otros altares a la comida brasileña en Sao Paulo son Brasil a Gosto (www.brasilagosto.com.br) y Mocotó (www.mocoto.com.br), donde el chef Rodrigo Oliveira transformó el sencillo local de su padre en un suburbio del norte en una meca de la gastronomía local. El viaje de más de 30 minutos en taxi desde el centro de la ciudad vale la pena.

Otra cocina algo subestimada que en los últimos años tomó Sao Paulo por asalto es la portuguesa. Para saborear platos de las costas del Algarve pida sardinas a las brasas y arroz de pulpo en Taberna 474, un animado resto bar con una impresionante carta de vinos en Jardim Paulistano. (www.taberna474.com.br)

La cocina andina también se ha vuelto popular en Sao Paulo. Suri, un bar peruano de ceviches montado por un chef colombiano, atrae a una clientela moderna. Los fines de semana no cabe ni un alfiler. Pídase un pisco sour, el cóctel disputado por Perú y Chile. (www.suri.com.br)

¿Sao Paulo a Pie?

No se equivoque. En Sao Paulo, reina el automóvil. Hay casi 6 millones de automóviles, más de un millón de motocicletas y casi 34.000 taxis que causan embotellamientos de hasta 300 kilómetros en las horas pico.

Por suerte algunas de las atracciones más interesantes de la ciudad pueden ser descubiertas a pie. Sólo preste atención al atravesar la calle, porque los conductores brasileños rara vez paran en los pasos de peatones.

Para un tour de la ciudad a pie, tome el metro cualquier día de semana hasta São Bento, un monasterio histórico visitado por el Papa Benedicto XVI durante un viaje a Brasil en el 2007.

De ahí camine por las calles peatonales de la ciudad para apreciar la elegante arquitectura de la Sao Paulo del pasado, incluyendo el edificio Martinelli, el primer rascacielos de la ciudad. (www.prediomartinelli.com.br)

Otros puntos imperdibles son el Centro Cultural Banco do Brasil (www.bb.com.br/cultura), que además de tener su propia colección de arte organiza eventos culturales gratuitos en un bonito edificio de 1901 y el Teatro Municipal, otra joya de comienzos del siglo XX donde actúa la Orquesta Sinfónica de la ciudad.

Cuando el hambre apriete camine unas cuadras para almorzar en Bar da Dona Onça, otro exponente del movimiento de la comida brasileña. (www.bardadonaonca.com.br) Está situado en uno de los edificios más simbólicos de Sao Paulo, el curvilíneo Edifício Copan diseñado en 1954 por el fallecido Oscar Niemeyer.

Después del almuerzo tome un taxi y vaya hasta el Pacaembú, un estadio de estilo art decó que alberga uno de los museos más amados de la ciudad. Inaugurado en el 2008, el Museo do Futebol es un templo al fútbol con tecnología interactiva que cuenta la historia del pasatiempo nacional de Brasil.(www.museudofutebol.org.br)

Un buen lugar para una caminata es la Avenida Paulista, la postal típica de Sao Paulo. En el pasado un somnoliento bulevar residencial donde los magnates del café construyeron imponentes mansiones, la Paulista es hoy un centro financiero repleto de rascacielos, tiendas y -tratándose de Sao Paulo- restaurantes.

Pase el sábado explorando Vila Madalena, un barrio bohemio de calles en pendiente repleto de bares, galerías de arte y tiendas. Pruebe las frutas tropicales que venden en el mercado callejero de la Rua Mourato Coelho y pruebe la feijoada de Bar Filial en Rua Fidalga. (www.barfilial.com.br)

Si no pudo conseguir entradas para el Mundial, no desespere. Puede ser igual de divertido mirar los partidos en Filial o otro de los decenas de botecos -como son llamados los bares en Brasil- de Vila Madalena. Otro bar entretenido es São Cristóvão, donde las paredes están tapizadas de recuerdos deportivos y los mozos llevan camisas de fútbol. Fue seguramente el lugar más ruidoso de la ciudad cuando Brasil ganó por última vez el Mundial en el 2002.

Y si a esta altura no está en coma gastronómico, cierre su visita en el Skye Bar en la terraza del Hotel Unique, un hotel boutique con forma de barco diseñado por el arquitecto brasileño Ruy Ohtake. Aunque los tragos en el Skye son caros, usted estará pagando por la vista impresionante de la ciudad que parece nunca acabar. (www.hotelunique.com.br)

Reporte de Todd Benson; Editado en español por Esteban Israel

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