15 de agosto de 2008 / 0:11 / hace 9 años

JUEGOS-Caminos que llevan a Pekín, cerrados

4 MIN. DE LECTURA

Por Lucy Hornby

EN LA AUTOPISTA 110, China (Reuters) - El recorrido de 180 kilómetros desde el pueblo industrial de Xuanhua hasta Pekín incluye cuatros puntos de identificación, tres barricadas y una exhaustiva revisión de equipaje donde los pasajeros se bajan del bus.

Un nivel de seguridad similar se encuentra en la mayoría de las autopistas fuera de la capital china para prevenir que cualquier persona disgustada arruine los Juegos Olímpicos con protestas o ataques vergonzantes.

Guardias con armas automáticas bloquean el límite entre Pekín, la empobrecida provincia de Hebei y la ciudad portuaria de Tianjin. Los viajeros durante el día deben parar sus autos para una revisión de sus baules .

"El mundo ha aterrizado en Pekín: por razones de seguridad, no se permiten videos en los buses. Por el terrorismo y para prevenir que Falun Gong tome el control de las ondas de radio, debemos dejar los videos," dijo un conductor de autobuses a unos pasajeros decepcionados camino a Pekín.

La secta espiritual ilegal es solo una de las muchas causas que el Gobierno chino cree podrían amenazar la estabilidad o perturbar los Juegos si se les brinda la posibilidad de expresarse.

Mientras que la policía china se ha abalanzado sobre cada extranjero protestando por la liberación del Tíbet u otras causas, ha habido pocos registros chinos de casos de protestas exitosas.

Tres ataques en la región oeste de Xinjiang, dividida por pujas étnicas, han hecho poner nerviosas a las fuerzas de seguridad a pesar de la estricta presencia policial y militar.

Esta semana comenzaron controles policíacos en busca de cuchillos y otras armas en parques de Pekín después de que un estadounidense fuera asesinado y su esposa y un guía turístico chino heridos por un atacante con un arma cortante en la histórica torre Drum.

Además de los bloqueos de caminos y las restricciones del tráfico alrededor de Pekín, oficiales armados custodian las estaciones de trenes.

Hasta Xuanhua, un descuidado pueblo con una fortaleza de la dinastía Qing, está evitando riesgos. Todos los camiones y buses son desviados de una autopista que pasa a cien metros de una planta de electricidad, para evitar que cualquier ataque pueda interrumpir el servicio de energía a Pekín.

Se han cerrado cibercafés y casas de baño donde muchos chinos con una mala plomería en sus hogares van a bañarse en agua caliente.

Todos los pasajeros hacia Pekín necesitan registrar sus tarjetas de identificación, explica un cartel en una carpa decorada con arcos rojos fuera de la estación de buses de Xuanhua.

Un policía llamó a su jefe para asegurarse de que un reportero de Reuters, con tres clases de acreditación, tenía permitido subir al bus.

"Nuestra compañía nos ha dicho no que llevemos mas pasajeros a Pekín," comentó un alegre taxista de apellido Liu.

"Nunca sabes qué clase de gente sea. Posiblemente terroristas," añadió.

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