La fe y los teléfonos más modernos se unen en comunión

martes 3 de agosto de 2010 11:36 GYT
 

Por Tom Heneghan

CEDARBURG, EEUU (Reuters) - El padre Tom Eichenberger comenzó un reciente sermón poniendo un tono de llamada del iPhone que imita campanas de iglesia al micrófono y explicando que rezar se parece a usar el popular dispositivo.

"Se aplican las mismas normas", dijo en la misa del domingo en la iglesia católica de St. Francis Borgia, en Cedarburg, un pequeño pueblo al norte de Milwaukee.

"No sólo usas tu iPhone para recibir llamadas de teléfono, hay que usar también las aplicaciones", destacó en referencia a los programas que permiten que el popular teléfono cumpla con distintas funciones.

Eichenberger, de 60 años, destacó que no sólo se reza para pedir cosas y tratar a Dios como Santa Claus, recordando a su congregación que las oraciones sirven también para dar gracias o escuchar al Espíritu Santo.

Los nuevos teléfonos pueden hacer de todo: desde encontrar lugares para comer hasta identificar estrellas en el cielo. Por eso, los fabricantes quisieron hacer programas que puedan incorporar las antiguas prácticas religiosas al mundo digital.

Muchos tienen aplicaciones que contienen textos enteros de escrituras religiosas como la Biblia o la Torá. Los musulmanes, por ejemplo, pueden calcular las horas para las cinco oraciones diarias y los hindúes pueden presentar incienso virtual y ofrendas de coco a Ganesh, la diosa de cabeza de elefante.

Si bien no todos los líderes religiosos son tan entusiastas como Eichenberger, muchos de ellos reconocen que los jóvenes usan nuevos medios de comunicación como los teléfonos de alta tecnología o Facebook para poder definirse, socializar y buscar las respuestas a sus preguntas más profundas.

"La tecnología es una forma de proyectar hacia afuera el sentido de uno mismo", dijo Rachel Wagner, profesora de religión del Ithaca College, en Nueva York. "La religión es una parte importante de la búsqueda interior. El dispositivo que usa una persona habla de quién es", reflexionó.

(Reporte de Tom Heneghan; Traducido por la Redacción de Madrid; editado por Javier Leira)