28 de agosto de 2012 / 17:38 / hace 5 años

ANALISIS-Ayuda puede acabar asfixiando a industria autos Brasil

11 MIN. DE LECTURA

Por Brad Haynes

SAO JOSE DOS PINHAIS, Brasil (Reuters) - Honda Motor Co lanzó su modelo semi compacto City en México a un precio inicial de 16.000 dólares. ¿El precio en Brasil? Más de 30.000 dólares.

Y aunque aún así los brasileños compraron tres veces más Hondas el año pasado, los consumidores están cansándose de comprar un auto por el precio de dos.

Los elevados costos están eclipsando el boom de ventas de la última década en el cuarto mayor mercado de autos del mundo y poniendo de relieve la necesidad de una reforma que devuelva competitividad a la industria.

Sin embargo, lo que los fabricantes están recibiendo del Gobierno son medidas que podrían asfixiarlos en los próximos años.

Cuando la industria comenzó a trastabillar el año pasado, la presidenta Dilma Rousseff salió al rescate, poniendo cuotas a las importaciones de México y aumentando los aranceles sobre los autos importados, una medida que seguramente será extendida por nuevas regulaciones de impuestos previstas para esta semana.

Sus políticas representan la actitud más proteccionista del mercado automotor de Brasil desde que se abrió a las importaciones hace dos décadas y están redefiniendo la industria con resultados mixtos.

Exenciones de impuestos dirigidas levantaron las ventas de algunos fabricantes, mientras que otros congelaron planes de abrir nuevas fábricas.

La presión política evitó despidos pese a una caída de la productividad. Y los analistas dicen que las políticas no resolverán el principal problema: es cada vez más difícil fabrican un auto brasileño que los brasileños puedan pagar.

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Gráfico industria autos Brasil link.reuters.com/fer32t

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Los Costos Mas Altos Del Mundo

¿Qué tan mal van las cosas? Pregúntele a la estrella del reciente boom.

En los últimos cinco años, el fabricante francés Renault triplicó sus ventas en Brasil, acercándose al cuarto lugar. Pero cuando Olivier Murguet asumió el control de las operaciones brasileñas el año pasado, se alarmó al ver que los costos eran superiores a los de Francia.

"Las operaciones serán pronto más costosas en Brasil que en cualquier otra parte del mundo (...) Nuestra compañía no puede soportar aumentos de costos de esa magnitud", dijo el mes pasado durante la inauguración de una planta en el sureño estado de Paraná.

"Si no hubiéramos hecho ya estas inversiones, no sé si estaríamos siendo tan osados ahora", añadió.

Murguet está lidiando con el "Costo Brasil", una mezcla de impuestos, burocracia y persistente inflación que eleva los precios de todo, desde el acero a los volantes de los autos.

Rígidas leyes laborales y un ajustado mercado laboral elevaron los sueldos más rápido que la inflación en los últimos siete años. Sólo en el 2011 los sindicatos metalúrgicos negociaron un aumento salarial nominal del 10 por ciento.

Falta de inversiones en carreteras hacen que entregar un auto a los distribuidores sea un 80 por ciento más caro que en Europa y un 70 por ciento más lento, se lamentó Murguet.

Una vez en los distribuidores, los impuestos representan más de un 30 por ciento de lo que los brasileños pagan por un auto, casi dos veces más que en Italia, el segundo mercado con mayor carga tributaria donde opera Renault.

Y los fabricantes no pueden transferir todos esos costos a los consumidores, dijo el ejecutivo.

"Cada año estamos perdiendo entre 3 y 4 puntos porcentuales de competitividad aquí. Uno no puede resistir eso durante mucho tiempo o tus márgenes terminan siendo cero", argumentó.

Estimulos Con Condiciones

Rousseff está intentando solucionar varios de los problemas estructurales de Brasil, recortando las tasas de interés y los costos de la energía y estimulando las inversiones privadas en infraestructura.

Pero cuando los empleos industriales están amenazados, la presidenta enfrenta una fuerte presión de la base de su Partido de los Trabajadores para mantener las líneas de montaje funcionando y los autos importados fuera.

Al hundirse el año pasado la competitividad de la industria automotriz brasileña, Rousseff tomó cartas en el asunto.

Las ventas de autos importados subieron un 30 por ciento hasta el punto de que casi uno de cada cuatro automóviles venía de fuera, mientras las ventas de vehículos hechos en Brasil se estancaron. Como resultado, la producción local podría contraerse este año por primera vez en una década.

Temiendo una ola de despidos, el Gobierno respondió con un aumento de 30 puntos porcentuales en los impuestos a los autos importados. Y cuando eso no fue suficiente, redujo en mayo a la mitad los impuestos para los vehículos fabricados en Brasil.

Eso ayudó a frenar las importaciones y estimular las ventas de autos brasileños. A cambio, nadie fue despedido.

General Motors Co preveía cerrar una planta de montaje de viejos modelos en São José dos Campos y transferir la producción a otras instalaciones más eficientes.

El fabricante estadounidense iba a eliminar más de 1.800 empleos en la línea de montaje más vieja, pero los sindicatos denunciaron los planes y bloquearon la autopista más importante de Brasil con cubiertas de auto quemadas para exigir la intervención de Rousseff.

"Ofrecemos incentivos fiscales y queremos algo a cambio: estabilidad de empleo", dijo Rousseff la semana pasada en una conferencia de prensa.

GM dio marcha atrás. En un "sacrificio por la comunidad", la compañía aceptó mantener funcionando la línea de montaje.

Y General Motors no es la única empresa que está sacrificando la eficiencia en pos del empleo pleno. La producción por trabajador en el sector automotriz brasileño cayó el año pasado por la primera vez desde 1999, según la asociación de fabricantes Anfavea.

La productividad se hundió un 12 por ciento en la primera mitad de este año hasta su nivel más bajo en ocho años.

Es previsible que el Gobierno extienda por al menos dos meses más las exenciones tributarias de emergencia que vencen esta semana. Aun así, los analistas dicen que esa política sólo retrasará los inevitables despidos.

"Las exenciones fiscales son temporales. Ese es el problema", dijo el vicepresidente de GM en Brasil, Marcos Munhoz, en una entrevista. "Lo que queremos no es una solución de tres o seis meses. Lo que queremos es un cambio estructural", insistió.

Unos Ganan, Otros Pierden

Las ventajas tributarias podrán ser temporales, pero las barreras comerciales no.

Fuentes del Gobierno y la industria dicen que cuando Rousseff presente esta semana un nuevo paquete de regulaciones para la industria, favorecerá la producción local.

Las nuevas reglas extenderán y afinarán un decreto del año pasado, según las fuentes.

Los impuestos aumentan severamente si menos de dos tercios de los componentes de un auto son fabricados en Brasil o dentro de las fronteras de la unión aduanera Mercosur, que incluye a Argentina. La nueva ley gravará a partir del 2013 el contenido extranjero según el porcentaje de piezas.

Para los fabricantes que tienen ya plantas en Brasil, eso significa que podría resultar más conveniente producir en el país, optando por pagar el "Costo Brasil" en lugar de las tasas de importación.

Toyota Motor Corp., por ejemplo, abrió este mes una fábrica en Brasil y ya planea agregar una planta de motores.

Fabricantes más establecidos como el italiano Fiat SpA, el principal en ventas en Brasil, no deberían tener problemas con la nueva ley gracias a sus cadenas de producción locales.

Pero para otros competidores que están evaluando las ventajas de instalarse en Brasil, las cuotas de producción local están complicando la planificación.

El fabricante chino JAC Motors, el alemán BMW y la división Jaguar Land Rover de Tata Motors suspendieron planes de montar fábricas en Brasil hasta ver la letra chica de la nueva regulación.

Si no hay excepciones para los fabricantes recién llegados, dicen, no ven por qué invertir en líneas de montaje locales.

"No vamos a ir a Brasil para tener pérdidas", dijo el jefe de producción de BMW, Frank-Peter Arndt, a periodistas más temprano este año.

BMW estaría ahora considerando montar una fábrica en México, donde los impuestos y costos laborales son significativamente más bajos.

Para los consumidores brasileños, el resultado es obvio: menos competencia y partes locales más caras para sus ya costosos vehículos.

Cerrando Puertas

Un frenazo en la confianza de los consumidores y un crédito más restringido también llevaron a grandes fabricantes en Brasil a postergar inversiones en nueva capacidad, incluyendo una planta de transmisiones de GM y una fábrica de camiones de la unidad local MAN, de Volkswagen AG.

Durante años, un acuerdo de libre comercio de autos con México permitía colocar la producción brasileña fuera si el mercado se contraía.

Pero cuando las importaciones de autos dispararon el déficit comercial con México el año pasado, el Gobierno de Rousseff amenazó con romper el trato a menos que ese país aceptara cuotas de exportación.

Brasil se salió con la suya, pero después las relaciones comerciales con Argentina también se agriaron. Como resultado, los exportadores brasileños se quedaron con menos opciones, justo en momentos en que se enfriaba la demanda doméstica.

"Brasil empezó a meterse con México y Argentina y las cosas se pusieron feas", dijo Tereza Fernández, una analista de la consultora MB Associados en Sao Paulo. "Cuando cambie la marea, Brasil va a ser el perjudicado", añadió.

Reporte adicional de Alberto Alerigi en Sao Paulo e Irene Preisinger en Múnich; editado en español por Esteban Israel

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