19 de septiembre de 2013 / 18:27 / hace 4 años

ANALISIS-Brasil y EEUU vuelven a desencontrarse

Por Brian Winter

SAO PAULO (Reuters) - Cada vez que Brasil y Estados Unidos llegan al altar, el techo de la iglesia parece venirse abajo.

En 1982, el presidente estadounidense Ronald Reagan viajó a Brasil para una cena que debía marcar el comienzo de una nueva era en las relaciones entre los dos mayores países de América. Pero cuando Reagan levantó su copa de vino y brindó "por el pueblo de Bolivia", pareció confirmar el peor temor de sus anfitriones: que Estados Unidos veía a Brasil apenas como otro país pobre de su llamado patio trasero.

Y esta semana las esperanzas de un avance se frustraron nuevamente, de forma aún más dramática.

La decisión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff de cancelar una visita de Estado a la Casa Blanca programada para octubre, el único evento de ese tipo planeado en Washington este año, es un vergonzoso tropiezo que probablemente ensombrecerá la cooperación en comercio, asuntos regionales y otros temas en los próximos años.

Rousseff, una pragmática de izquierda, enfureció por las recientes revelaciones de que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por su sigla en inglés) espió sus comunicaciones privadas, además de las de sus principales asesores.

Aunque ambos países mantendrán lazos cordiales, Rousseff piensa tomar algunas represalias, entre ellas elevados nuevos impuestos y normas para las compañías estadounidenses de Internet que operan en Brasil y descartar la compra de aviones de combate de Boeing Co., dijeron funcionarios a Reuters.

La presidenta dijo que el espionaje era "incompatible" con una relación entre aliados y explicó a sus asesores que no tenía sentido seguir adelante con un viaje cuyo principal objetivo era simbolizar un creciente respeto mutuo.

La cancelación de una visita de tan alto perfil pese a dos llamadas personales de último minuto del presidente estadounidense Barack Obama, molestó a funcionarios de ambos países.

También dejó una sensación familiar de decepción entre los observadores que han abogado por mucho tiempo por mejores lazos entre dos gigantescas democracias, con historias similares de mezclas multiculturales.

En otro ejemplo reciente de un momento prometedor arruinado, Obama viajó a Brasil en el 2011 con la promesa de "una cooperación aún mayor en las próximas décadas". Pero llegó tarde al palacio presidencial porque estaba coordinando un ataque con misiles a Libia, algo que muchos funcionarios brasileños interpretaron como una clásica señal de una potencia imperial distraída.

Moisés Naím, del Carnegie Endowment for International Peace en Washington, dice que la visita de Estado pudo haber sido una gran oportunidad para pasar la página de esos desencuentros y superar una larga historia de desconfianza.

"Esa vez estuvimos tan cerca", lamentó.

"No hay otros dos países capaces de generar tantos avances tan rápidamente como Brasil y Estados Unidos", dijo Naím. El analista citó el potencial de acuerdos comerciales bilaterales y regionales, cooperación en relación a sitios sensibles de América Latina como Venezuela y el interés de las empresas estadounidenses por los recientes descubrimientos de yacimientos de petróleo en aguas brasileñas.

"Pero no saben cómo tratarse uno al otro", añadió. "Existen razones por las que esto sigue ocurriendo".

GRANDES EXPECTATIVAS

Ambos países tenían grandes expectativas de la visita del 23 de octubre, que iba a incluir una cena de gala en la Casa Blanca y una ceremonia militar en honor a Rousseff.

Para Brasil, ser homenajeado por Washington ofrecía el reconocimiento a su nueva estatura como potencia global tras el boom económico de los últimos 20 años.

Estados Unidos, por su parte, esperaba que desplegar la alfombra roja para Rousseff le ayudaría a mejorar el acceso de las empresas estadounidenses al enorme mercado brasileño de 200 millones de voraces consumidores.

Los diplomáticos confiaban en que el viaje sirviera al menos para que ambos líderes crearan una relación personal duradera. Pero ese plan tenía un problema, que se remonta a otro histórico obstáculo.

"Son dos países que fundamentalmente no se entienden uno al otro", dijo Dan Restrepo, que hasta el año pasado fue el principal asesor de Obama sobre América Latina.

Restrepo dijo que a excepción quizás de Argentina, no hay otro país de América Latina cuyo presidente haya pasado tan poco tiempo en Estados Unidos.

Funcionarios brasileños tienen quejas similares: sostienen que con muy pocas excepciones, la política latinoamericana de Washington está dominada por veteranos de la Guerra Fría que conocen Cuba o Guatemala, pero ignoran las sutilezas de la nación sudamericana de dimensiones continentales.

Y en ese contexto, las revelaciones sobre la NSA parecieron inflamar las peores sospechas de ambas naciones.

Brasil vio el espionaje, que también incluyó la monitorización por parte de Estados Unidos de la petrolera estatal Petrobras, como otra señal de que Washington es una superpotencia dispuesta a cualquier cosa por prevalecer sobre los demás.

Por su parte, muchos en Washington interpretaron la reacción de Rousseff a las revelaciones -que incluyó una demanda de disculpas y un informe detallado sobre las actividades de la inteligencia estadounidense- como señal de una exagerada auto importancia e ingenuidad sobre lo que representa ser una potencia mundial.

"Todos los fantasmas regresaron", dijo Carlos Eduardo Lins da Silva, el editor de la revista brasileña Política Externa.

Sin embargo, ambos gobiernos intentaron salvar el encuentro hasta el último minuto.

A pesar de tener otras prioridades como Siria, Obama pasó 45 minutos con Rousseff durante una cumbre en Rusia el 5 de septiembre, intentando suavizar sus preocupaciones. También la llamó por teléfono durante 20 minutos el lunes.

Rousseff también intentó encontrar una solución. Pero sintió que necesitaba un gesto público fuerte de arrepentimiento de parte de Obama para que su viaje fuera políticamente viable y evitar las críticas del ala más radical de su Partido de los Trabajadores.

"Los estadounidenses no tienen idea de lo difícil que es ser pro Estados Unidos en Brasil", dijo un funcionario cercano a Rousseff.

Traducido por Nadia López; Editado por Esteban Israel. LEA

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