Animos se exaltan debido a que muchos en noreste de EEUU siguen sin energía

sábado 10 de noviembre de 2012 17:23 GYT
 

Por Edward Krudy

(Reuters) - La frustración por la continua falta de energía, el caos en el tráfico y las largas filas para comprar gasolina aumentó el sábado, mientras los residentes de Long Island en Nueva York, duramente golpeados por la supertormenta Sandy, protestaron afuera de las oficinas de la compañía eléctrica local.

Los residentes salieron a las calles por segundo día, a protestar frente a la Long Island Power Authority (LIPA) en Hicksville. Aún hay más de un cuarto de millón de clientes sin electricidad, casi dos semanas después de la tormenta. Hasta el viernes, más de 170.000 de ellos residen en Long Island.

Miles se encontraban en refugios temporales, y en Nueva Jersey un grupo de tiendas de campaña al borde de la pista de carreras Monmouth Park albergaba a cientos más. Las autoridades en la región dijeron que no tenían acceso a suficientes alojamientos temporales o habitaciones de hotel para todos los que habían sido desplazados.

Los neoyorquinos también enfrentaron su segundo día de racionamiento de gasolina bajo un sistema, aplicado en Nueva Jersey la semana pasada, en el que los vehículos con placas con números pares e impares pueden llenar su estanque en días alternativos.

Las compañías de electricidad han recibido duras críticas por su lentitud a la hora de restaurar la energía en la región, para muchos, la falta de electricidad significa que no hay calefacción, agua ni comida caliente.

"Ha sido terrible", dijo Diane Uhlfelder, una ex agente de policía de la ciudad de Nueva York en la protesta en Hicksville, donde un agente de la policía local estimó que unas 300 personas se reunieron afuera de las oficinas centrales de LIPA.

"Los niños han estado fuera del colegio por más de una semana, toda la comida se ha arruinado, es caro comer afuera todos los días, así que la mayor parte del tiempo es en McDonald's, pero el frío es lo peor, ha sido un infierno", agregó.

Sandy tocó la Costa Este de Estados Unidos el 29 de octubre, matando al menos a 120 personas y provocando un total estimado en 50.000 millones de dólares en daños o pérdidas económicas. Destruyó casas a lo largo de la costa de Nueva Jersey y en torno a Nueva York, cortó la electricidad de millones de personas e interrumpió gran parte del sistema de transporte público.   Continuación...