15 de febrero de 2009 / 13:14 / en 9 años

Patentes de firmas ponen a prueba tratado en Antártida

Por Alister Doyle, corresponsal ambiental

BASE ROTHERA, Antártida (Reuters) - A 50 años de un tratado que exige que todos los hallazgos científicos de la Antártida sean compartidos libremente, los gobiernos intentan terminar con una disputa por un repentino aumento en las patentes corporativas sobre la vida en el continente.

Un número cada vez mayor de firmas que desarrolla nuevos productos mediante descubrimientos biológicos o la “bioprospección”, intenta patentar organismos o moléculas antárticas para artículos que van desde cosméticos a medicamentos, ejerciendo una nueva presión sobre el tratado.

“La biología está atravesando una revolución (...) es una situación delicada”, dijo José Retamales, líder del Instituto Chileno Antártico, sobre la ausencia de reglas claras para la prospección de animales y plantas del continente.

Las partes del Tratado Antártico de 1959 planean debatir temas, incluyendo la bioprospección, en un encuentro anual que conmemora “50 años de paz y ciencia” en la ciudad estadounidense de Baltimore entre el 6 y el 17 de abril.

Se acordó presentar sugerencias antes del 20 de febrero.

“Debemos determinar si es un problema y en tal caso, de qué problema se trata”, dijo Johannes Huber, director de la Secretaría del Tratado Antártico en Buenos Aires. Los gobiernos “no han encontrado un consenso”, agregó.

El tratado originalmente fue pensado para evitar conflictos mayores por reclamos territoriales durante la Guerra Fría, explicó Retamales.

“El mundo ha cambiado. Ahora estamos hablando de cosas diferentes -cosas que no se ven”, sostuvo. El tratado prohíbe la minería pero permite otros usos comerciales de la Antártida. La bioprospección está permitida, a menos que tenga objetivos militares.

Retamales y varios otros expertos dijeron que a menudo resultaba difícil cuadrar el deseo corporativo de las patentes -que les garantizaría los derechos comerciales exclusivos- con los objetivos de apertura y ciencia compartida trazados en el tratado de 47 naciones.

El tratado dice: “Las observaciones y resultados científicos de la Antártida deben ser intercambiados y puestos a libre disposición”. Todos los planes de programas científicos deben ser intercambiados con antelación para asegurar la eficiencia y economía, agrega el texto.

Entre los productos derivados de la Antártida hay suplementos dietéticos, proteínas anti-congelantes, medicamentos contra el cáncer, enzimas y cremas cosméticas. Los avances en las tecnologías genéticas facilitan la “bioprospección” antártica.

CREMAS COSMETICAS

“El uso de recursos genéticos muy a menudo significa que se está realizando una actividad económica para una compañía”, dijo Yves Frenot, subdirector del Instituto Polar Francés. “Eso es difícil de reconciliar con el Tratado Antártico”, aseveró.

“Hay más y más compañías que están considerando la Antártida”, dijo Sam Johnston, alto miembro investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Naciones Unidas.

“Esperamos que esta tendencia se acelere”, señaló.

Los organismos antárticos cuentan con atractivas características para la industria, como la conservación de la energía y la supervivencia en un entorno congelado.

Decenas de compañías incluyendo a grupos de productos de consumo como Procter & Gamble y Unilever, la firma de cosméticos Clarins y la farmacéutica danesa Novo Nordisk están en una base de datos de la UNU de casi 200 entidades “bioprospectoras”.

Clarins, por ejemplo, usa un alga antártica en una crema facial, según indica la base de datos. Unilever ha patentado una proteína anticongelante en una bacteria hallada en un lago antártico que podría ayudar a mantener la suavidad de los helados.

Johnston dijo que, pese a la incertidumbre sobre los derechos fuera de aguas nacionales, existían tendencias similares de más estudios realizados sobre organismos hallados en alta mar y en lo profundo del lecho marino. En la Antártida, todos los reclamos territoriales están en suspenso por el tratado.

Las regiones costeras de la Antártida, como aquella en torno a la estación de estudios de la Rothera sobre la Península Antártica, rebozan de vida, desde pingüinos y ballenas hasta líquenes y microbios.

“Nuestra opinión es que no podemos patentar a los mismos organismos pero sí podemos patentar procesos descubiertos en organismos antárticos”, dijo Pete Convey, un biólogo de la estación Rothera.

Frenot sostuvo que las dudas sobre el acuerdo no deberían obstaculizar un tratamiento para el cáncer, por ejemplo, gracias al posible hallazgo en una criatura o planta antártica, patentado después de una costosa investigación.

“Sería una lástima no usar tales recursos, pero no hay reglas. Tenemos que inventarlas”, dijo Convey.

Editado en español por Marion Giraldo

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