24 de junio de 2015 / 17:13 / hace 2 años

ANÁLISIS-Haya o no acuerdo con Grecia, el euro ya ha mudado de piel

Una bandera de la UE y una bandera griega ondean con el antiguo Partenón, en Atenas, 1 de junio de 2015. Al invocar una salida del euro por parte de Grecia como posible resultado de un eventual fracaso de las negociaciones de rescate, los gobiernos europeos han reescrito eficazmente un principio clave de la moneda común e incluso hasta para bien. REUTERS/Alkis Konstantinidis

LONDRES (Reuters) - Al invocar una salida del euro por parte de Grecia como posible resultado de un eventual fracaso de las negociaciones de rescate, los gobiernos europeos han reescrito eficazmente un principio clave de la moneda común e incluso hasta para bien.

Haya o no un acuerdo para evitar una cesación de pagos griega o “Grexit”, los gobiernos del euro han hablado abiertamente por primera de vez de cómo Grecia podría precipitarse sin control fuera del bloque si no logra acordar los términos de un rescate y cumplir con los pagos de la deuda.

Por supuesto, todos insistieron en que el “Plan A” seguía siendo mantener a Grecia en el bloque.

Pero hubo una señal clara para quienes quisieran escuchar: el fracaso en alcanzar un acuerdo podría convertir a los “irrevocables tipos de cambio” de los Tratados de la Unión Europea en algo revocable después de todo.

El mensaje fue claro para los depositantes griegos, que este año han retirado de sus cuentas miles de millones de euros de los bancos y más de 4.000 millones de euros sólo en la última semana.

Aunque la canciller alemana, Angela Merkel, ha evitado hablar de una salida griega del euro, su duro ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, dejó claro en varias ocasiones que este resultado, aunque no deseable, podría ser posible.

“No podemos descartarlo”, dijo en marzo cuando se le preguntó si Grecia podría caerse accidentalmente del euro.

Más próximo al centro de operaciones de la Unión Europea (UE), el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, uno de los padres fundadores del euro, dijo que no estaba sobre la mesa una “Grexit” aunque él no podría “sacar un conejo de un sombrero” para evitarlo.

Los países más pequeños del euro rescatados como Grecia hace cinco años también hablaron. El ministro de Finanzas irlandés, Michael Noonan, dijo que los líderes del euro ya habían hecho lo posible para evitar la salida de Grecia. “La opción ahora es prepararse para el Plan B”.

Aunque el tema de una salida accidental de Grecia puede haber sido un farol que nunca fue tomado seriamente por los líderes de la Unión Europea, otros afirman que hay voces poderosas que argumentan que el euro sin Grecia podría estar mejor y que el resto del bloque sobreviviría al divorcio.

De cualquier manera, el mensaje de las capitales europeas distaba mucho del desafiante discurso del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, en 2012 sobre hacer “todo lo que fuese necesario” para salvaguardar el euro.

Y el cambio de tono es importante y va mucho más allá de la política de riesgos calculados de los griegos.

¿REVERSIBLE?

Si ahora es concebible que Grecia abandone el bloque cuando llegue la hora de la verdad, entonces tiene que ser posible al menos teóricamente que un miembro del euro se vaya por más bajas que sean las probabilidades e improbables las circunstancias.

Y esto es importante por la forma en que los inversores se comportaron en la década previa a 2008, cuando se sembraron las semillas de la crisis con la enorme acumulación de deudas en la banca, los hogares, las empresas y los estados en toda la zona euro, cuando los tipos de endeudamiento de referencia se derrumbaron hasta los de la Alemania libre de riesgo.

En efecto, los acreedores privados no vieron ninguna diferencia en el riesgo entre créditos soberanos y prestaron a todos los países a tasas de interés ridículamente bajas independientemente de las cuentas públicas, de las posibilidades de incumplimiento y de los riesgos políticos o de redenominación.

Cuando la crisis de Lehman golpeó y después de que Grecia destapase el agujero en sus cuentas públicas en 2010, los inversores salieron corriendo hacia el otro extremo, disparándose las primas de riesgo, forzando rescates en cadena y amenazando con el colapso de todo el bloque.

Las intervenciones del BCE desde el 2012, sus barreras, inyecciones de liquidez y el programa de flexibilización cuantitativa de este año han ayudado una vez más a cerrar los diferenciales de los bonos en los últimos años.

Sin embargo, pocos creen que un regreso de los diferenciales a niveles anteriores a 2008 tenga más sentido de lo que lo tenía entonces.

“Hay un montón de idiotas en los mercados financieros: Yo no creo en mercados racionales. La idea de que la gente prestase dinero a esa escala a Grecia a tipos de interés alemanes era para hacérselo mirar”, dijo el ex ministro de Finanzas del Reino Unido y conservador europeísta, Ken Clarke, a la BBC el lunes.

Los inversores argumentan que simplemente tenían en cuenta la irreversibilidad de la pertenencia al euro que apalabraban los que lo diseñaron y asumieron que -como se comprobó en parte entre 2010 y 2013- que los rescates evitarían una suspensión de pagos dentro del bloque.

El profesor de la Universidad de Dublín Karl Whelan sostiene que nunca hubo una cláusula estricta de “no rescate” en los tratados del euro de la cual partir y, a pesar de toda la retórica política, los rescates financieros fueron siempre posibles in extremis.

Los mercados optaron por creer a los políticos en que “no hay salida” y asumieron que la voluntad política tras el euro estaría por encima de todo. Dadas las desastrosas consecuencias, el mensaje político necesita reescribirse.

Y si las negociaciones con Grecia han dado paso a un nuevo mundo en el que la salida y la suspensión de pagos ya no son impensables, los inversores en bonos simplemente tendrán que trabajar más en la evaluación de riesgos.

Que esto suponga un costo soportable por la economía del euro es una cuestión más existencial para la moneda única. Pero situarnos en algún lugar entre los extremos de los bonos en 2006 y 2012, hasta donde quizá estemos ahora con la ayuda del BCE, sería lo sensato y tolerable.

Y el resultado es que el euro podría haber mudado ya de piel.

Gráfico de Vincent Flasseur, Traducción de Jose Elías Rodríguez; Editado en español por Silene Ramírez

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