21 de noviembre de 2016 / 19:37 / en un año

ANÁLISIS-El calzado muestra los límites de política comercial de Trump para aumentar el empleo

(Reuters) - Las empresas estadounidenses, desde los fabricantes de electrodomésticos a los proveedores de autopartes, se han unido para pedir cautela al presidente electo Donald Trump, que estudia poner fin a los acuerdos comerciales del país.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, en una ceremonia en su hotel en Washington, oct 26, 2016. Las empresas estadounidenses, desde los fabricantes de electrodomésticos a los proveedores de autopartes, se han unido para pedir cautela al presidente electo Donald Trump, que estudia poner fin a los acuerdos comerciales del país. REUTERS/Gary Cameron

Su mensaje es que la mayoría de empleos manufactureros perdidos no va a volver, pero los altos costos para los consumidores sí podrían hacerlo.

Un ejemplo es la industria de las zapatillas, que fue una de las primeras en trasladarse a Asia por el costo mucho menor de producción en China y Vietnam.

Dos firmas como Nike Inc y New Balance Shoes Inc están enfrentadas sobre si Estados Unidos debería apoyar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés). No obstante, si Trump y el Congreso controlado por republicanos rechazan el acuerdo, tal y como se espera, ambas firmas y los analistas coinciden en que Asia mantendrá su dominio como centro manufacturero de la industria.

Compañías como Nike han invertido demasiado en esas economías de bajos salarios para estudiar un traslado de sus fábricas, incluso aunque suban los aranceles y los costos para los consumidores estadounidenses, señalan los expertos.

Cualquier nuevo contrato en Estados Unidos tardará en concretarse y dependerá de una mejora de tecnologías de producción como la impresión en 3-D, que podría hacer rentable contratar cantidades relativamente pequeñas de trabajadores estadounidenses.

La misma dinámica se aplica a otras industrias, como la de autopartes, que llevaron su producción a México en las dos últimas décadas, dijeron ejecutivos.

Esto insinúa el problema al que se enfrentará el Gobierno de Trump si intenta adoptar una línea más dura contra los acuerdos comerciales, desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al TPP.

Las compañías de calzado, al igual que otros fabricantes, podrían verse obligadas a pasar sus mayores costos a los consumidores, pero pocos ejecutivos contemplan con seriedad realizar nuevas contrataciones en Estados Unidos aunque haya un cambio en las tarifas a las importaciones.

“La idea de trasladar la fabricación de calzado a países avanzados es una pequeña farsa”, asegura Ed Van Wezel, presidente ejecutivo de Hi-tech International Holdings BV, una firma con sede en Ámsterdam que vende en Estados Unidos cerca del 30 por ciento de sus zapatos.

Estados Unidos importa cerca del 98 por ciento de su calzado: 2.500 millones de pares el año pasado, o casi ocho pares por cada hombre, mujer y niño. La fabricación de zapatos se trasladó hace décadas, sobre todo a China, porque es un proceso muy extenso. Hacer un par de zapatillas deportivas puede requerir hasta 80 pasos productivos.

El trabajador promedio en esta industria en Vietnam gana unos 245 dólares al mes, mientras los impuestos al calzado pueden ir de cero hasta el 48 por ciento, según la Comisión Internacional de Comercio de Estados Unidos. El promedio está apenas por encima del 13 por ciento.

“Los que van a perder son los consumidores, porque si empezamos a eliminar acuerdos comerciales, pagarán mucho más por sus zapatos”, afirma Matt Priest, presidente de Distribuidores y Minoristas del Calzado de Estados Unidos, que representa a la industria en Washington.

En otros sectores se aprecia la misma dinámica. Mark Fields, presidente ejecutivo de Ford Motor Co, dijo la semana pasada que aranceles altos a autos y camiones importados de México dañarían la industria y la economía de Estados Unidos. Y aseguró que seguirá fabricando vehículos pequeños en México porque las ganancias al hacerlo en Estados Unidos son muy bajas.

DOS CARAS DEL COMERCIO

New Balance, con sede en Boston, fabrica en sus cinco factorías de Nueva Inglaterra apenas la cuarta parte de los zapatos que vende en Estados Unidos, con costos entre un 25 y un 35 por ciento superiores a si los hiciera en Asia.

La firma dice que compensa en parte esta desventaja en el costo produciendo zapatillas de más alto nivel y personalizadas en estas plantas estadounidenses. Si la compañía saliera a Bolsa, enfrentaría la presión de los accionistas para trasladar toda su producción al extranjero.

Nike, con sede en Beaverton, Oregón, importa casi todas sus zapatillas y defendió el TPP, un acuerdo que se convirtió en uno de los grandes asuntos de la última campaña presidencial.

Nike dijo el año pasado que crearía 10.000 empleos en manufactura e ingeniería en Estados Unidos si se aprobaba el acuerdo, aunque aclaró que la mayoría sería para crear más fábricas automatizadas y no para realizar una producción al estilo antiguo, que necesitaría a miles de operarios.

New Balance se enfrentó al TPP, argumentando que pondría en peligro a sus fábricas locales al dar a competidores como Nike más ganancias que podrían invertir en el desarrollo de nueva maquinaria, productos y publicidad. Esta oposición demostró ser costosa para la marca.

Tras las elecciones, un portavoz de New Balance acogió con agrado lo que consideró como una probable derrota para el TPP. Muchos críticos calificaron sus comentarios como un apoyo a Trump y algunas personas quemaron sus zapatillas. Hubo un nuevo revés cuando un sitio web neonazi proclamó las New Balance como las “zapatillas oficiales de la gente blanca”.

La empresa precisó que sus comentarios originales solo pretendían reflejar su oposición al TPP, no un apoyo a Trump. “Para nosotros, esto es y ha sido siempre sobre la creación y retención de empleos manufactureros en apoyo a nuestras cinco fábricas de Nueva Inglaterra”, dijo la firma en un comunicado.

Editado en español por Carlos Serrano

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