11 de noviembre de 2014 / 19:34 / en 3 años

ENFOQUE-Explosión del crédito en México seguiría siendo sólo una promesa

MÉXICO DF (Reuters) - México busca una explosión del crédito bancario para ayudar a aumentar su ritmo económico, pero todo indica que el estallido no ocurrirá pronto: el sector financiero asegura que tienen más barreras que incentivos para ofrecer dinero.

La sede del Banco de México en Ciudad de México, ago 27 2014. México busca una explosión del crédito bancario para ayudar a aumentar su ritmo económico, pero todo indica que el estallido no ocurrirá pronto: el sector financiero asegura que tienen más barreras que incentivos para ofrecer dinero. REUTERS/Edgard Garrido

Aunque en enero comenzó a regir una reforma financiera impulsada por el Gobierno que apunta a facilitar la oferta de crédito de la banca privada simplificando reglas e incrementando los préstamos de los bancos de desarrollo, el crédito a las empresas se contrajo este año frente al pasado.

Las autoridades acusan al sector financiero de no prestar lo suficiente. Los sólidos pero conservadores bancos dicen que las regulaciones de capitalización en un país que sufrió dos décadas atrás una profunda crisis financiera son muy estrictas y que los procesos judiciales para recuperar su dinero son ineficientes.

El problema es que México necesita el crédito para ayudar a impulsar la actividad en momentos que la demanda externa sigue débil y el consumo interno es la clave para empujar la rueda.

México es la segunda mayor economía de Latinoamérica y una potencia exportadora cuyo grado de inversión le garantiza a sus grandes empresas -como América Móvil de Carlos Slim- acceso fácil y barato al financiamiento internacional.

Pero en casa, sea por la desconfianza o la falta de interés de los mexicanos en los bancos, la restringida oferta crediticia o las altas tasas, varios factores han dejado atrás al país frente a sus vecinos y competidores.

“Claramente estamos muy rezagados”, admitió recientemente en un foro de negocios Alejandro Valenzuela, el director general de Banorte, uno de los mayores bancos del sistema financiero del país de casi 119 millones de habitantes.

Datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran que el año pasado la cartera de crédito de la banca comercial de México representó un 19.5 por ciento del Producto Interno Bruto. No sólo es menos de la mitad que el 44 por ciento de su socio comercial Estados Unidos y del 47 por ciento de su rival regional Brasil, también es menor al de la empobrecida Honduras.

“No me gusta pagar intereses, siento que regalo el dinero”, confesó Bertha Pérez, dueña de una tienda de artículos para mascotas. “Las deudas me estresan, no puedo convivir con ellas”.

Los bancos culpan de la situación también a la elevada informalidad económica que hace menos productivo al país.

El Gobierno ha hecho esfuerzos por fiscalizar a la economía subterránea, donde seis de cada diez mexicanos ocupados trabaja, con impuestos como el de los depósitos en efectivo.

Y también ha intentado atraerla a la formalidad con incentivos que aún no rinden los frutos esperados en un país donde el comercio informal es una arraigada tradición.

¿EL HUEVO O LA GALLINA?

Aunque la banca de desarrollo estatal ha acelerado sus desembolsos, los datos oficiales muestran que la expansión de cartera va a paso lento, sobre todo para la poco atendida pequeña y mediana empresa, la mayor fuente de empleo del país.

La cartera crediticia vigente de los bancos al sector empresarial creció en septiembre a una tasa anual real del 3.0 por ciento, frente a un 4.4 por ciento en el mismo mes del 2013, de acuerdo con el Banco de México (central).

En un círculo vicioso, la banca argumenta que el lento crecimiento económico -que el Gobierno estima en un 2.7 por ciento para este año tras una expansión del 1.4 por ciento en el 2013- complica acelerar el crédito porque no hay mucha demanda.

“Capacidad de préstamo hay”, dijo Alberto Gómez, el presidente ejecutivo de la Asociación de Bancos de México (ABM). “Lo que no hemos visto es la contraparte, es decir, la demanda, los proyectos productivos, el crecimiento económico”.

A pesar de que la reforma no está generando aún todos los efectos esperados, en algunos renglones se pueden ver mejoras.

Las nuevas reglas que facilitan el traslado de créditos hipotecarios de un banco a otro para estimular la competencia, por ejemplo, ya comienzan a reducir lentamente las tasas de esos préstamos, que bajaron de un promedio del 13.74 por ciento a un 13.32 en el año a septiembre. Y ayudaron a aumentar la cartera de ese rubro un 3.7 por ciento a tasa anual ese mes.

Sin embargo, las tasas siguen siendo muy altas en un país con una inflación promedio del cuatro por ciento anual en la última década y un tipo de referencia que hoy es del tres por ciento.

“Si vemos las tasas de la banca comercial, éstas no se han ajustado a la baja en la misma magnitud ni para el consumo ni para las empresas, haciendo que el crédito continúe estando caro”, dijo Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics para América Latina.

Para el Gobierno, los frutos de la iniciativa financiera y otras reformas estructurales que se lanzaron el año pasado tomarán tiempo en llegar.

“Reformar no es hacer magia”, dijo el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

La reforma financiera para ser más efectiva debe combinarse con ajustes al sistema judicial que aún no se concretan, de acuerdo con especialistas. Y el Gobierno ha dejado claro que tampoco quiere dar pasos atrás en el blindaje a la banca.

Algunos más optimistas, como el analista Carlos González del Grupo Financiero Monex, creen que el próximo año podría verse un mayor dinamismo en el sector como consecuencia de la reforma.

Pero hay otros problemas que pueden estar afectando el despegue del crédito.

“La incertidumbre en el empleo, los bajos ingresos, y la poca cultura financiera continúan siendo un lastre para el crédito”, dijo Coutiño.

Y también el sistema judicial, al menos según los bancos.

Valenzuela, el director general de Banorte, asegura que lo lento de los procesos no permiten ejecutar a la velocidad necesaria las garantías asociadas a los préstamos. Una empresa en quiebra, además, primero tiene que cumplir con el fisco y sus trabajadores antes de pagar lo que debe al banco.

“Para que nosotros podamos recuperar una hipoteca (...) si bien nos va, nos lleva de tres a cinco años”, dijo.

MÁS PAPISTA QUE BASILEA

Los jugadores del sector financiero admiten que su penetración deja mucho que desear, pero dicen que las estrictas regulaciones tras la devastadora crisis financiera de 1994 y 1995 hacen que la banca privilegie la solidez sobre el riesgo.

Por ejemplo, gigantes como BBVA, Santander y Citigroup que dominan el sector, tienen niveles de capitalización cercanos al 16 por ciento, muy por encima del estándar internacional de 10.5 por ciento de Basilea III, y una morosidad del 3.35 por ciento.

“Están traumatizados de la crisis de hace 20 años y la regulación bancaria en México probablemente es mucho más astringente que Basilea III”, dijo Manuel Molano, analista del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Para el especialista, la escasez de financiamiento no es igual en todos los campos y asegura que el crédito al consumo, por ejemplo, tiene mucha penetración. Pero la poco desarrollada pequeña y mediana empresa “es un sector con un riesgo alto y lo acabas financiando en tasas que se parecen mucho a las tasas de consumo”, comentó Molano.

BBVA Bancomer, Banamex y Santander controlan más del 50 por ciento de la cartera de crédito del país.

Valenzuela también cree que la banca sigue “pagando las secuelas de la crisis”, que arrastró a la quiebra a buena parte del sistema financiero mexicano.

Los pesados requisitos “sobrerregula a los bancos y destruye su capacidad para innovar y mejorar su desempeño”, dijo Molano.

Como consecuencia, hoy una de las mayores entidades del país pide a las Pymes comprobar al menos un año de actividad para otorgarle un crédito a tasas promedio del 10 por ciento anual. Si tiene menos tiempo operando, el cliente solo puede pedir un crédito personal con tasas promedio hasta tres veces más altas.

Este tipo de requerimientos y otros pedidos burocráticos llevan a muchos potenciales solicitantes a bajar los brazos.

“Tienes que presentar muchos requisitos, (...) un crédito bancario sería la última opción”, dijo Selene Nolasco, quien opera una pequeña tienda de decoración en Ciudad de México.

Reporte adicional de Ana Isabel Martínez. Editado por Pablo Garibian

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