January 10, 2015 / 8:43 PM / 4 years ago

ENFOQUE-Haití se resigna a vivir desastre tras desastre

PUERTO PRÍNCIPE (Thomson Reuters Foundation) - Claude Enrico sobrevivió al terremoto que devastó Haití hace cinco años y ayudó a rescatar a las personas de los escombros en la destruida capital Puerto Príncipe.

Una mujer haitiana, una de las miles de personas que quedaron sin hogar tras el sismo del 2010, se apoya contra una pared construida por los dueños del terreno donde reside en el campamento 3 para refugiados. Archivo. REUTERS/Marie Arago

Ahora se dedica a salvar más vidas en el país caribeño propenso a los desastres.

Ubicado sobre dos fallas geológicas y en la trayectoria de huracanes, Haití está entre los países con mayor riesgo de enfrentar desastres naturales en el mundo, incluyendo inundaciones, tsunamis y sequías.

El terremoto de magnitud 7 que sacudió el país el 12 de enero del 2010, dejando más de 220.000 muertos, fue una llamada de advertencia para el Gobierno y las agencias de ayuda internacional sobre la imperiosa necesidad de proteger a los haitianos de los desastres y generar una resistencia entre las comunidades para tolerar los impactos.

“Tenemos que aprender a vivir con los fenómenos naturales”, dijo Enrico, de 37 años, un funcionario de protección civil del Ministerio del Interior de Haití.

“Es inevitable que se produzcan año tras año. Por lo que debemos entrenar a las personas sobre lo que deben hacer en una emergencia y asegurarse de que las familias tengan un plan de evacuación”, agregó.

RED DE VOLUNTARIOS

Enrico pertenece a una red de 3.000 voluntarios recién entrenados y personal a sueldo, creada a raíz del terremoto, que trabaja en las 10 provincias de Haití.

Capacitados en primeros auxilios y respuestas a emergencias, están al frente de los esfuerzos del Gobierno para garantizar que Haití esté mejor preparado para enfrentar los desastres y pueda salvar más vidas.

“Todavía nos faltan equipos, bomberos y más personas necesitan ser entrenadas. Pero las comunidades están más conscientes sobre cómo mantenerse seguras. Uno de nuestros mensajes claros es decirle a la gente que no cruce los ríos durante una inundación porque es así como a menudo las personas mueren”, dijo Enrico en el Centro Nacional de Operaciones de Emergencia (COUN) en el centro de Puerto Príncipe.

Construido en el 2010 luego del terremoto, el centro es el lugar dónde se reúnen los ministerios del Gobierno y las agencias de ayuda para coordinar la respuesta a los desastres. El centro, que incluye un depósito que contiene agua, colchones, kits de higiene y alimentos, ha sido puesto a prueba.

Una epidemia de cólera en octubre del 2010, que causó la muerte de más de 9.000 personas, fue seguida de varias tormentas tropicales, incluido el huracán Sandy, que mató a 54 personas y obligó a 100.000 haitianos a evacuar sus hogares en el 2012.

“En Haití, es la acumulación y combinación de desastres lo que ejerce presión en el Gobierno y la gente”, dijo Thomas Pitaud, asesor técnico principal del Gobierno en sistemas nacionales de gestión del riesgo de desastres.

Cada año en partes de Haití, casas y animales son arrastrados, los campos inundados, las cosechas de alimentos y las tierras de pastoreo destruidas por tormentas e inundaciones, lo que eleva el precio de los alimentos.

Con un 60 por ciento de la población de 10 millones de haitianos viviendo con menos de 2 dólares diarios, incluso una pequeña alza en el precio de los alimentos puede significar que las familias no logren llevar suficiente comida a la mesa.

PREPARACIÓN PARA DESASTRES

Cinco años después del terremoto, las agencias de ayuda sostienen que se han logrado progresos en instruir a las comunidades sobre lo que tienen que hacer cuando se presenta un desastre, incluyendo sistemas de advertencia temprana, ejercicios de simulación e identificación de albergues.

Otros proyectos incluyen la construcción de muros de contención y canales de drenaje, junto con planes de protección de cuencas y diques para conservar los suministros de agua y reducir el impacto de las inundaciones y los deslaves de tierra.

Pero esos esquemas, junto con los esfuerzos de haitianos como Enrico, tienen sus limitaciones para reducir la alta exposición a los desastres que enfrenta Haití.

En primer lugar, se han logrado muchos menos progresos de lo esperado en la reducción de riesgos de desastres, y en hacer más seguras todas las nuevas viviendas, hospitales y escuelas que se construyen para resistir un terremoto.

“Tienes un ambiente que está muy degradado”, dijo Pitaud, quien también trabaja para el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) en Haití.

“Estamos respondiendo constantemente una catástrofe tras otra, de modo que es difícil enfocarse en reducir los riesgos en el largo plazo y obtener financiamiento”, aseveró.

BARRIADAS

La falta de planificación urbana y los elevados niveles de urbanización han generado que más de un 60 por ciento de los haitianos vivan en barrios pobres densamente poblados en Puerto Príncipe, lo que el exacerba los riesgos de daños y el número de muertes que puede provocar un desastre.

Angelique Hilaire vive con sus tres hijos en una casa de ladrillos grises situada peligrosamente en una ladera.

Hilaire es consciente de que se encuentra expuesta a deslaves e inundaciones, pero dice que no tiene más alternativa que afrontar en estas condiciones la temporada anual de huracanes.

“No puedo pagar un alquiler en ninguna otra parte”, dijo. “Cada vez que llueve ruego a Dios para que la detenga. ¿Pero qué puedo hacer?”, preguntó.

Incluso una precipitación leve puede dejar a la capital inundada porque las pilas de basura en las calles y los escombros en los canales bloquean los drenajes, exacerbando las condiciones para el anegamiento.

Los desastres naturales vinculados al cambio climático se harán más frecuentes y extremos en el futuro, pronostican expertos.

Décadas de deforestación han dejado a Haití mucho más expuesto a los desastres naturales: menos del 3 por ciento de su selva nativa todavía está intacta, de acuerdo al PNUD. Esto provoca una erosión del suelo y reduce la capacidad del terreno para absorber el agua, dejando al país más vulnerable a deslizamientos de tierra e inundaciones.

Cuando la lluvia cae con fuerza, hay pocos árboles que detengan el correr del agua sobre las montañas desnudas.

Aunque el PNUD ha plantado 5,5 millones de árboles jóvenes en Haití desde el 2010, no se ha hecho lo suficiente para evitar que la gente tale los árboles.

La venta de carbón vegetal, un combustible para cocina que se hace a partir de la quema de madera, es una fuente clave de ingresos para muchos haitianos de las áreas rurales del país.

“Nuestro desafío es brindar las oportunidades económicas para que los campesinos no tengan que talar árboles”, dijo Pitaud.

Reporte de Anastasia Moloney; Editado en español por María Cecilia Mora y Marion Giraldo

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