November 4, 2016 / 5:16 PM / 2 years ago

Prosperidad en la Nicaragua de Ortega eclipsa denuncias de autoritarismo

LA LIBERTAD, Nicaragua (Reuters) - Durante casi dos décadas La Libertad se resistió a dar su voto a Daniel Ortega, pese a que en este humilde pueblo minero enclavado en la sierra central de Nicaragua nació el líder sandinista hace 70 años.

El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y la primera dama Rosario Murillo, saludan a partidarios en Managua, Nicaragua 19 de Julio, 2016. Durante casi dos décadas La Libertad se resistió a dar su voto a Daniel Ortega, pese a que en este humilde pueblo minero enclavado en la sierra central de Nicaragua nació el líder sandinista hace 70 años. REUTERS/Oswaldo Rivas

La historia de cómo los liberteños pasaron de mirar con escepticismo la carambola electoral que en el 2007 permitió a su vecino más ilustre volver al poder, a contribuir en el 2011 a su reelección récord, muestra la exitosa reconversión de Ortega de sospechoso ex guerrillero marxista en popular líder conservador.

Según todos los sondeos, el mandatario logrará el domingo con comodidad su tercer mandato consecutivo hasta el 2021 como garante de un bienestar sin precedentes en el segundo país más pobre del continente, eclipsando las denuncias de fraude, autoritarismo y corrupción.

No siempre fue así. Deprimida tras la nacionalización minera del sandinismo en 1979 y castigada luego por la guerra con la “Contra” financiada por Estados Unidos, La Libertad sigue mostrando las enormes carencias del país centroamericano, que van desde falta de agua potable a la ausencia de empleos dignos.

En las presidenciales del 2006 y en las dos previas, el apoyo a Ortega en este poblado de 13.000 habitantes rondó el 30 por ciento, mostrando que el recuerdo de la espiral de inflación y violencia con la que selló su primer gobierno entre 1985-1990 mantenía vivo los recelos sobre el icono de la Guerra Fría.

Cuando la trasnacional que operaba la principal mina de la zona desde la década de 1990 quebró por la crisis global en el 2007, el pueblo, cuyo futuro siempre ha estado a merced del enorme yacimiento de oro a cielo abierto, temió lo peor.

Pero el desenlace fue inesperado. El presidente regresó en el 2010 a La Libertad acompañado del jefe de la minera canadiense B2Gold, que prometió una inversión de 70 millones de dólares y una concesión por 25 años.

Ese mismo día, inauguró una carretera financiada por el Banco Mundial que los residentes esperaron por años, mientras las programas sociales sufragados con la cooperación venezolana daban alimentos, techos, créditos y animales para los pobres.

Gracias a esa combinación de ortodoxia económica con acento social, Ortega disipó los recelos de La Libertad y la mayoría del país, ganando un capital político que aprovechó para aprobar la reelección, promover a su familia y arrinconar al enemigo.

PROSPERIDAD PALPABLE

Ortega y su esposa y candidata a vicepresidenta, Rosario Murillo, apenas han aparecido en público durante una campaña de bajo perfil en la que han liderado los sondeos antes y después de que lo acusaran de utilizar tretas judiciales para sacar a su principal contendor de la carrera presidencial.

Después de casi una década de crecimiento sostenido, déficit e inflación controlados, las denuncias de que los Ortega manejan la justicia, la prensa y las elecciones para instaurar una “dinastía familiar” no están agrietando su buena sintonía con los grandes empresarios y los sectores humildes.

Tampoco parecen afectarles las sospechas de corrupción, la opacidad en la gestión de los fondos venezolanos o la mano dura para controlar los aislados focos de descontento, como los que se oponen al faraónico proyecto de abrir un canal interoceánico de 50.000 millones de dólares con capital chino.

“Progreso”, resumió Carlos Rómer, un soldador de 46 años que fue con su familia a un acto sandinista, al rememorar los constantes apagones del pasado. “Ahora, se preocupan”, agregó, en medio del bullicio en un mitin en Ciudad Sandino, una gigantesca urbe popular vecina a Managua.

Tan solo la crisis política y económica en Venezuela, que está desgastando el caudal de ayuda financiera, y la potencial amenaza de que Estados Unidos impulse la iniciativa Nica Act para frenar la ayuda multilateral al país centroamericano, aparecen como retos a corto plazo para el mandatario.

Mientras, el heterogéneo conglomerado opositor que va desde radicales antisandinistas a desencantados con Ortega se dividió entre los que llaman a la abstención como protesta y los que irán a las urnas pese a la ausencia de observadores electorales.

“Ortega es un tipo inteligente y va a darle diputados a varios partidos para que ‘no haya dictadura’. Lo mismo que hacía Somoza”, dijo Óscar René Vargas, ex aliado y consejero del mandatario. “El mejor alumno de Somoza es Ortega”, concluyó.

Pero el clamor de sus adversarios se ahoga en el fragor de las obras donde surgen nuevas casas, hoteles y oficinas por todo el país, con calles saturadas por una oleada de autos nuevos de importación y bares llenos de clientes con dinero fresco en uno de los países más seguros de Latinoamérica.

La ayuda venezolana, la inversión extranjera y las exportaciones dispararon el consumo y mejoraron las estadísticas de educación, sanidad e inclusión, convenciendo a siete de cada 10 de que el país avanza pese al desespero de la oposición.

“La mayoría piensa que será una elección limpia”, dijo Víctor Borge, de la encuestadora Borge & Asociados. “Y en este caso no importa lo que piensan los analistas, sino los votantes”.

Editado por Pablo Garibián

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