December 19, 2017 / 5:44 PM / 7 months ago

ENFOQUE-En la icónica ciudad boliviana de El Alto, crece el descontento hacia Morales

EL ALTO, Bolivia (Reuters) - En El Alto, una barriada inmersa en Los Andes que se transformó en la segunda ciudad más grande de Bolivia, estudiantes y profesores cuyas protestas ayudaron a Evo Morales a llegar al poder hace más de una década se están desencantando con él.

Imagen de archivo. Estudiantes son vistos en la UPEA (Universidad Pública de El Alto) en El Alto, Bolivia 12 de diciembre de 2017. REUTERS / David Mercado

Un asentamiento de casi 1 millón de habitantes construido sobre el seco y encumbrado altiplano boliviano, El Alto es una extensión más populosa y políticamente radicalizada de la capital La Paz, ubicada cientos de metros debajo en un cañón.

Aquí, en el 2003, una revuelta por el uso de los recursos generados por el gas natural de Bolivia, en la que cerca de 60 residentes fueron asesinados, contribuyó a la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien era apoyado por Estados Unidos.

Dirigidas en parte desde la Universidad Pública de El Alto (UPEA), las protestas allanaron el camino para que, tres años más tarde, Morales alcance el poder y jurase como el primer presidente de Bolivia procedente de un pueblo originario.

Hoy los estudiantes y profesores se sienten olvidados.

En las últimas semanas estos realizaron protestas, algunas de ellas violentas, por denuncias de desfinanciamiento, lo que podría llegar a operar como un obstáculo para que Morales logre su objetivo de obtener un cuarto mandato presidencial consecutivo.

“El gobierno tiene una deuda pendiente”, dijo Ramiro Limachi Apaza, director de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la UPEA y residente de El Alto, que protestó junto a Morales en el 2003 durante lo que fue denominada la Guerra del Gas.

Tras asumir la presidencia en el 2006, Morales satisfizo las demandas de las protestas y nacionalizó la industria del gas, prometiendo distribuir los ingresos del recurso entre la población de más de 10 millones del país, históricamente uno de los más pobres de Latinoamérica.

La economía del país andino creció y con ella se produjo una migración de miles de campesinos Aymara a El Alto.

Algunos de ellos se transformaron en exitosos comerciantes, construyendo hogares glamorosos y coloridos llamados “cholets”, y albergando fiestas suntuosas. A su vez, Morales construyó teleféricos que conectan a los bolivianos entre La Paz y El Alto, por encima del tránsito que circula en las laderas.

Sin embargo, Limachi señaló que la universidad pública, que cobra aranceles mínimos, no ha podido pagarle a su cuerpo docente en los últimos tres meses.

La administración de Morales, uno de los pocos gobiernos de centroizquierda en Latinoamérica tras un reciente avance de partidos políticos liberales en la región, dice que aumentó el gasto en educación en un 25 por ciento desde el 2006.

También cuestiona el uso que la UPEA hace de sus fondos y la cantidad de estudiantes inscriptos en la institución.

Debido a su reputación, las recientes protestas en la UPEA atrajeron el interés nacional, en particular porque coincidieron con la decisión, a fines de noviembre, del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) de permitir a Morales presentarse por un cuarto mandato presidencial seguido. [nL1N1NZ06B]

Antes, en febrero, el Gobierno había perdido un referendo para modificar la constitución para autorizar a Morales a presentarse como candidato en las elecciones presidenciales que se realizarán a fines del 2019.

El fallo generó amplias críticas, entre ellas de Estados Unidos, y levantó sospechas en zonas urbanas de Bolivia, donde el apoyo a Morales está decayendo. En tanto, en comunidades mineras, zonas cocaleras y aldeas rurales, el presidente boliviano aún goza de popularidad.

DESCONTENTO CRECIENTE

En El Alto, donde desde el 2015 gobierna un alcalde opositor, el descontento ha estado creciendo hace rato.

“Es muy preocupante que nuestras demandas no son escuchadas”, dijo Celia Quecana, una estudiante de Sociología de la UPEA vestida en una tradicional pollera Aymara, que agregó que la constitución boliviana garantiza el financiamiento de las universidades públicas.

“Hay descontento del pueblo, porque el voto (del referéndum)para democracia del 21 de febrero no se ha respetado”, señaló en la universidad, donde hace días no se recolecta la basura ni se limpian los baños.

En las elecciones judiciales realizadas el 3 de diciembre, cerca del 54 por ciento de los bolivianos emitió votos nulos, como una manera de protestar contra Morales. [nL1N1O40SN]

Junto al crecimiento de El Alto, también se expandió la matrícula de la UPEA, la fuente del conflicto de la universidad con el Gobierno. El instituto dice que actualmente posee 47.000 estudiantes, el doble de los enrolados en el 2011, cuando el monto de los fondos que recibe fue fijado.

Para Diego von Vacano, un politólogo boliviano en la Universidad de Yale, los reclamos de la UPEA son legítimos e iluminan un grave problema para Morales.

“El Gobierno no invirtió en educación”, dijo von Vacano, que agregó que “El Alto es una de las zonas más radicales de Bolivia. Un Gobierno puede caer fácilmente si no consigue el apoyo de El Alto”.

De acuerdo al dato más reciente de las Naciones Unidas, Bolivia gastó alrededor del 7 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en educación en el 2014, una cifra elevada para Latinoamérica, pero que ha permanecido casi estable durante la última década.

El crecimiento explosivo de El Alto coincidió con el fin de un “boom” de materias primas, que en Bolivia se manifestó en una caída de los precios del gas, que han caído en un 50 por ciento desde el 2006.

La producción del hidrocarburo alcanzó un máximo promedio de 59,6 millones de metros cúbicos por día en el 2014, para luego caer en los últimos dos años, de acuerdo al Gobierno boliviano.

“El tema del gas es sumamente importante porque ha llegado a (afectar) todo. Hemos recibido una cantidad de plata (dinero) impresionante, pero ha bajado y ha bajado para todos”, dijo Nelson Vila, profesor de la UPEA que fue hospitalizado tras enfrentamientos con la policía en noviembre.

Traducido al español por Maximilian Heath, Editado por Juliana Castilla

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