January 12, 2018 / 7:20 PM / 8 months ago

Extraños en su país, salvadoreños deportados de EEUU podrían encontrar un lugar en call centers

SAN SALVADOR (Reuters) - Alexander Ramos fue deportado hace siete años a El Salvador desde Estados Unidos, dejando atrás sus trabajos como jardinero y en un McDonald’s después de que la policía lo arrestó por manejar sin licencia.

Deportados desde Estados Unidos en un centro de inmigración en San Salvador, ene 11, 2018. REUTERS/Jose Cabezas

De regreso a su país natal, este salvadoreño de 31 años pulió su inglés y consiguió trabajo en uno de los 70 call centers que operan en el país centroamericano.

El sector, cuya fuerza laboral ha crecido casi un 50 por ciento en los últimos dos años, según datos oficiales, podría recibir un nuevo impulso por la decisión del presidente Donald Trump de poner fin a la protección migratoria para 200.000 salvadoreños en Estados Unidos a partir del próximo año.

La decisión ha preocupado a inmigrantes salvadoreños, muchos de los cuales han vivido en Estados Unidos durante años y temen regresar a la empobrecida y violenta nación.

La tasa de desempleo en El Salvador está cerca del 8 por ciento, pero dos de cada tres trabajos son informales y el salario mínimo es menos de 10 dólares diarios. Por lo que call centers, entre los que figuran filiales de la estadounidense Convergys Corp y la francesa Teleperformance, podrán suavizar el retorno de algunos deportados, con mejores salarios como operadores de servicios de atención al cliente.

Ramos, cuya ofensa criminal en Estados Unidos no lo descalifica para trabajar en algunos de estos centros, que atienden a clientes de Apple y AT&T, gana unos 600 dólares al mes, la mitad de lo que percibía en Estados Unidos, pero el doble del salario mínimo salvadoreño.

Además, es un trabajo seguro para un joven que se acostumbró en California a mostrar unos tatuajes que ahora llaman peligrosamente la atención en calles dominadas por pandilleros. “Es un poco mejor la situación económica a como se gana en cualquier otro lugar y también lo seguro del ambiente. Es mejor que trabajar en cualquier otro lugar”, dijo Ramos. ENTRENAMIENTO

Los salvadoreños llegaron en masa a Estados Unidos durante la brutal guerra civil de 1980-1992 y posteriormente algunos lograron el estatus de protección temporal (TPS, por su sigla en inglés) después de los destructivos sismos de 2001, lo que les permitió vivir y trabajar legalmente.

Aún se desconoce cuántos volverán, voluntariamente o no, después de que Trump canceló el TPS para los salvadoreños a partir de septiembre de 2019. Algunos ejecutivos en los call centers esperan la llegada de una gran cantidad de capital humano como resultado.

“Va a haber un impulso bastante grande, que va a haber un crecimiento bastante rápido”, dijo Jorge Orellana, supervisor de Contacto Tu Call Center en San Salvador, que tiene 250 operadores atendiendo firmas de seguros, emergencias y finanzas de Estados Unidos. Los call center, tanto locales como extranjeros, se instalaron hace años en El Salvador atraídos por sus trabajadores bilingües, su proximidad a Estados Unidos y los bajos costos laborales y operativos, agregó.

Los clientes estadounidenses se benefician de un huso horario similar y la cercanía de Centroamérica, a pocas horas de vuelo de Florida, en comparación con India o Filipinas.

El sector también se está desarrollando en Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá y Nicaragua.

“Ahora se va a poner un poquito más interesante con este tema migratorio de los Estados Unidos”, agregó Orellana. Para algunos deportados, la industria del call center, que según la agencia de promoción de exportaciones de El Salvador (PROESA) da trabajo a 25.000 personas, no es una opción porque sus antecedentes policiales en Estados Unidos no dan confianza a los clientes. William Lopez, de 51 años, encontró trabajo vendiendo servicios de internet, teléfono y seguros a clientes estadounidenses desde un call center en San Salvador después de ser deportado de California, donde vivió 40 años hasta que fue arrestado por violencia doméstica. Él niega los cargos. Después de un año, el call center lo despidió y se quedó sin un trabajo que, a pesar de estar lejos de los 6.000 dólares que ganaba en Estados Unidos instalando cristales, le generaba 1.200 dólares al mes.

Sus antecedentes policiales le han impedido encontrar trabajo en otro call center, pero sabe que el sector tiene futuro. Ahora, López, cuyos hijos y familia se quedaron en Estados Unidos, trabaja con una ONG para entrenar a otros deportados para lograr trabajo en los call centers.

“Estamos esperando mucha gente con esto del TPS”, dijo. “Creo que uno de los mejores trabajos que existen acá son los call center. Es trabajo limpio, bastante organizado y el salario no es malo para lo que paga el país”, comentó.

Reporte adicional de Enrique Andrés Pretel, escrito por Daina Solomon, editado por Ana Isabel Martínez

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