February 9, 2018 / 11:09 AM / 8 days ago

ENFOQUE-Destellos de esperanza para las familias de los desaparecidos de Colombia

Por Julia Symmes Cobb

SOGAMOSO, Colombia (Reuters) - Margarita Lucia Fonnegra no se inmutó cuando la aguja pinchó su dedo. Otros necesitaron palabras tranquilizadoras del técnico forense, pero la abuela colombiana de 71 años estaba lista.

¿Qué importa un poco de sangre, si después de 13 años de espera finalmente obtuvo respuestas?

    El hijo de Margarita, Carlos Germán Daza, era un mecánico de 33 años cuando desapareció el 12 de agosto de 2004 de la ciudad de Puerto Boyacá, en el centro de Colombia.

    Carlos Germán salió de su casa después de recibir una llamada telefónica y nunca regresó, uno de al menos 52.000 colombianos que han desaparecido y probablemente fueron asesinados durante cinco décadas de conflicto armado.

    “Es como la marea. A veces como que se hace uno esa ilusión, que tal que se hayan equivocado y que de pronto aparezca, pero (...) uno conociéndolo como era él, sabe uno que no”, dijo Fonnegra tras presionar su dedo sangrante sobre el papel, una muestra con gotas brillantes con todo lo necesario para comparar su ADN con un registro de cuerpos no identificados.

Fonnegra y su nieto Juan Guillermo Daza, de 24 años, llegaron a la ciudad industrial andina de Sogamoso para encontrar a la generación ausente en la familia.

El rumor en Puerto Boyacá, una ciudad portuaria a la vera del río Magdalena muy golpeada por el conflicto interno, fue que Carlos Germán informó a las autoridades sobre un laboratorio de cocaína cercano y que en represalia fue asesinado y desaparecido por un escuadrón de paramilitares de derecha, dijo su hijo.

Los grupos paramilitares fueron formados por terratenientes para protegerse de los ataques de los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero pronto se convirtieron en narcotraficantes y asesinos brutales. Daza aún no tenía 10 años cuando su padre desapareció.

“A mí me faltó mucho por descubrir de él. Ella me ha dejado todo los elementos para conocer a mi papá, desde las cartas, desde las fotos, de las historias”, dijo al recordar la afinidad con su padre por las estrellas y las celebraciones navideñas. “La idea es que hacemos el duelo.”

    La familia, a diferencia de muchos que temían represalias, denunció su desaparición, pero el caso nunca avanzó a pesar del testimonio de un paramilitar desmovilizado sobre la ubicación del cuerpo.

Ahora esperan que una base de datos de ADN, donada por el FBI de Estados Unidos y capaz de comparar muestras de familias con cuerpos no identificados exhumados de tumbas clandestinas, ayudará a localizar sus restos.

“Tengo alegría de ver que si de pronto me lo encuentran y me van a entregar los huesitos, es un alegría bien grande”, dijo Fonnegra, cansada después de un viaje en autobús de 15 horas. “Pero también habrá tristeza porque a uno le duele mucho lo que hagan a sus hijos.”

NUEVA TECNOLOGÍA

Colombia ha estado usando ADN para identificar cuerpos durante 15 años, gracias al software CODIS.

El programa es el mismo que se menciona en innumerables series de televisión y también se puede usar para vincular delincuentes con escenas de crímenes.

    Pero la versión más nueva, diseñada para restos no identificados, permite a la familia extendida agregar muestras, lo que aumenta las posibilidades de una coincidencia.

Los padres y los niños ofrecen la mayor cantidad de coincidencias de marcadores genéticos, pero el software también construye árboles genealógicos con muestras de otros parientes. Incluir a la familia extendida es vital porque la larga duración del conflicto significa que los padres de los desaparecidos están empezando a morir.

El sistema CODIS de Colombia hasta el momento ha encontrado sólo 156 coincidencias. Hay 3.658 cuerpos no identificados registrados y más de 35.000 muestras de familias.

Los hallazgos ocurren en momentos en que Colombia sale de una guerra que cobró la vida de al menos 220.000 personas, sin incluir a los desaparecidos. Un acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC firmado en 2016 puso fin a 52 años de un violento conflicto armado.

    Proporcionar respuestas sobre los desaparecidos es una parte clave del acuerdo. Pero la implementación ha tenido problemas en medio de conversaciones separadas con el grupo guerrillero más pequeño, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

    Las FARC entregaron miles de armas a las Naciones Unidas el año pasado y se reorganizaron como un partido político. Aunque la mayoría de los combatientes recibirán amnistía, varios jefes enfrentarán juicios por presuntos crímenes de guerra.

Las víctimas esperan que los juicios revelen información, pero la desmovilización paramilitar de hace una década arrojó pocos testimonios útiles. Muchos combatientes terminaron las sentencias de prisión sin dar la ubicación de los desaparecidos.

    Es poco probable que Colombia ponga fin al conflicto hasta que las personas puedan enterrar a sus seres queridos. Pero los expertos han advertido que el país enfrenta un desafío mayor al de Argentina, Chile y Guatemala, donde los desaparecidos fueron víctimas del gobierno, porque la presencia de múltiples grupos armados complica las búsquedas.

    Las Fuerzas Militares de Colombia también fueron culpables de desapariciones, incluso a cambio de dinero, luego de que el gobierno comenzó a pagar bonificaciones y otros beneficios a oficiales por la muertes en combate de presuntos guerrilleros.

Decenas de personas presentadas como rebeldes muertos en combate en realidad resultaron ser campesinos o desempleados reclutados bajo engaños y después uniformados y acribillados a tiros por unidades militares.

El jefe de una nueva unidad de investigación creada bajo el acuerdo de las FARC advirtió recientemente que los desaparecidos no reciben suficiente atención. Los grupos de víctimas también critican la inacción del gobierno.

    Las exhumaciones de tumbas clandestinas a menudo ocurren en terrenos abruptos, guiadas por antiguos combatientes con recuerdos borrosos. En algunas zonas, las bandas de delincuentes continúan desapareciendo entre los civiles.

    Muchos casos no tienen pistas. Los cuerpos aparecen lejos de donde desaparecieron y algunas familias no tienen idea de qué grupo se llevó a su ser querido o por qué.

Cuando se encuentran cuerpos, los técnicos toman muestras de fémures y dientes, dos tipos de hueso que mejor protegen la información genética durante la descomposición. Los fragmentos se muelen y se mezclan con químicos para hacer legible al ADN.

    ¿RESPUESTAS?

    El técnico forense Víctor Hidalgo pasó un arduo día en un auditorio repleto en una escuela de Sogamoso, tomando muestras durante 11 horas para 29 casos.

    Explicó el proceso a cada familia, algunas de las cuales firmaron su informe con una X porque son analfabetos. Las muestras permanecen en la base de datos para siempre, listas para ser combinadas.

Finalmente, cuatro meses después de que esas familias ataran sus esperanzas a una coincidencia, la administradora de bases de datos Fanny Merchan las cruzó contra cuerpos no identificados. Y presionó el botón “Enter”.

    “No hay ninguna coincidencia”, dijo mientras exhalaba.

    Las familias podrían tener que esperar años para obtener resultados, pero Merchan sigue siendo optimista. Esa mañana había hallado un acierto con un padre en busca de dos hijos.

“Coincide en todos los marcadores”, dijo Merchan sobre ese caso, señalando los rasgos genéticos en su pantalla. “La probabilidad es muy alta que la persona de que proviene ese resto óseo sea el hijo”.

Es probable que nunca esté claro a qué hijo pertenecen los huesos. Los restos han estado en el sistema durante cinco años, esperando que alguien venga a buscarlos.

Daza se entristeció al saber que no habían aparecido los restos de su padre. Pero dijo que no se dará por vencido.

“La esperanza siempre está”, dijo por teléfono. “Pero también los restos no van a durar tanto tiempo, se desintegran totalmente, en polvo se convierten”.

Traducido por Luis Jaime Acosta. Editado en español por Pablo Garibian

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