June 22, 2018 / 8:50 PM / 24 days ago

WIDER IMAGE-Mujer solitaria cava para buscar familiares perdidos bajo escombros volcánicos en Guatemala

SAN MIGUEL LOS LOTES, Guatemala (Reuters) - Once días después de que el volcán Fuego sepultara la aldea guatemalteca San Miguel Los Lotes, una retroexcavadora arrancó el techo de una de las casas enterradas bajo las cenizas, revelando un cadáver entre el polvo todavía caliente.

Eufemia García Ixpat, quien perdió a 50 familiares a consecuencia de la erupción del volcán Fuego, sostiene una pala mientras busca entre los escombros en San Miguel Los Lotes, Guatemala, jun 15, 2018. REUTERS/Carlos Jasso

“Es mi hermana Lola”, dijo Eufemia García Ixpata, una vendedora de fruta de 48 años que perdió a decenas de miembros de la familia en la erupción.

Los voluntarios mexicanos agarraron sus palas y se apresuraron a recuperar el cuerpo de entre los escombros y el polvo.

García corrió a buscar una hoja de papel y un marcador para preparar una etiqueta con el nombre antes de llevar el cadáver a una escuela primaria que se estaba utilizando como una morgue improvisada.

Además de su familia ella perdió su casa, y ahora duerme en un salón de una escuela con otros sobrevivientes. El fotógrafo de Reuters Carlos Jasso la acompañó durante siete días.

Sus días comenzaban a las 05.00 de la mañana, cuando saltaba de una estrecha cama plegable azul y antes de bañarse lavaba uno de los dos únicos cambios de ropa que le quedaban. Recogía su cabello en una cola y comenzaba a buscar a su familia perdida y enterrada. Fito, su novio desde hace ocho años, era su único compañero.

“Ya ve que el día domingo rescatamos restos de mi mamá y de un niño que rescatamos antier. Entonces sí se está viendo que el resultado”, dijo. En la casa de su madre, ella encontró solo un diente y un par de huesos.

Todos los días, subía por la ladera de la montaña hasta donde solía estar Los Lotes esperando que una de las excavadoras encargadas de limpiar el área llegara.

“Esta era mi casa”, dijo García mientras caminaba por el desierto gris, señalando dónde vivía su madre y dónde habían estado las casas de sus hermanas y suegros. Todo fue enterrado.

Cuando las autoridades encargadas del área sonaban las alarmas, significaba que el tiempo de permanencia en el lugar había terminado, la lluvia y el peligro de nuevos flujos piroclásticos los hacía salir de allí.

Cada vez que eso pasaba se suspendía la búsqueda de más cuerpos. García entonces se iba a la morgue y si le daba tiempo pasaba a preguntar en los hospitales, y al final de la tarde regresaba al salón de clases y concluía su día. Alimentarse durante la jornada no era su prioridad.

Los socorristas de Guatemala buscaron los tres primeros días después de la tragedia. Después, suspendieron temporalmente las labores porque el volcán nunca cesaba su actividad y los vapores calientes que salían del suelo derretían la suela de sus botas.

Cuando eso pasó, García decidió buscar por su cuenta. La mujer no se protegía los ojos y pocas veces se colocaba la mascarilla en el rostro y con unas sencillas sandalias caminaba impaciente entre los escombros. Ella creía que ni el polvo ni la tierra le afectaban porque allí creció y vivió desde pequeña.

“El volcán ya está tranquilo, ya no está molestando porque todo lo que tenía que echar ya lo echó. Entonces ahorita con el permiso de nuestro Señor y el volcán estamos trabajando”, dijo.

Fuego había dormido durante 40 años, pero el domingo 3 de junio expulsó toneladas de tierra, cenizas y piedras colosales que enterraron cientos de hogares y dejaron al menos 112 personas muertas.

En los primeros días después de la erupción, García pensó que había perdido a todos sus hijos. Sin embargo, luego aparecieron en diferentes refugios tres de sus seis hijos, de 31, 22 y 19 años, más una nieta.

Y cuatro de sus nueve hermanos, a quienes también creía muertos, también sobrevivieron. Algunos la llamaron por teléfono al enterarse de que ella los buscaba y a otros los encontró en los hospitales. Pero los cuerpos de tres de sus hijos seguían desaparecidos.

“Terminaré mi búsqueda cuando los encuentre”, dijo secándose las lágrimas.

(Para ver ensayo fotográfico hacer click en reut.rs/2th4Put)

Editado por Michael Oboyle y Ana Isabel Martínez

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